ALREDEDOR DEL CRIMEN DEL HIJO DE LOS CONDES DE VILLAMAR. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO, CÉSAR JORDÁ MOLTÓ Y JAVIER JORDÁ SÁNCHEZ.

 

 El 25 de febrero de 1917 cayó asesinado en el vestíbulo del teatro Apolo de Valencia el hijo del conde de Villamar. Le disparó dos tiros el artista decorador Tadeo Villalba, que así pretendió vengar una bofetada dada a la salida de la plaza de toros de Valencia por amoríos con la cantante Rosita Rodrigo. El asesinato y el juicio tuvieron un amplio eco en la prensa de la época, de la que ofrecemos una muy interesante muestra (al reflejar el ambiente coetáneo), así como del destino del inculpado y de la cantante que despertó tan terribles pasiones.

    1.      Transcripción del texto publicado en el periódico El Pueblo libre a 3 de marzo de 1917.

 “Impresionados profundamente por la desgracia inmensa que lloran amigos queridísimos, a quienes estamos unidos por una amistad tan leal como grande, tenemos que coger la pluma para relatar la tragedia, para detallar el horrendo asesinato cometido el domingo en Valencia, del que resultó víctima D. Fernando Hernández de la Figuera y Ferrer de Plegamans, hijo de los condes de Villamar.

  Bien quisiéramos quedar relevados de esta obligación, `porque quisiéramos apartar nuestro pensamiento de hechos criminosos tan horrendos, dejando sólo que nuestro pecho diera paso a otra clase de sentimientos de piedad.

  Pero, ni los personajes que han sido actores en el crimen del teatro Apolo, ni la forma en que los hechos se desarrollaron, son lo más a propósito para despertar aquellos; sino por el contrario para extrañarse de que en la vida real existan la mala hembra y el joven que, entregado a sus voluptuosidades, mata por la espalda, asesina y queda satisfecho con su hazaña, porque su temperamento y sus instintos, como la vanidad y mala entraña de una mujer, así lo han querido.

  Fueron actores, personajes del sangriento crimen, la tristemente célebre Rosita Rodrigo, el pintor Villalba y el hijo del conde Villamar.

  Los hechos escuetos fueron: a la salida de la plaza de Toros, iba el pintor Villalba, acompañando a la Rodrigo cuando se cruzó con ellos el joven Fernando.

  Algunas palabras debió pronunciar el pintor, por cuanto el hijo del conde de Villamar, dio dos bofetadas al primero.

  Intervinieron algunos de los presentes y la cuestión pasó, sin que en aquel momento se hubiese repetido la agresión en forma adecuada y racional al ataque.

  Ello no obstante, Villalba esperó, y cuando, a las siete de la noche, dos horas después, el joven Fernando se encontraba en el umbral del teatro Apolo, hablando con el cochero del Gobernador, le descerrajaba dos tiros por la espalda.

  Una de las balas le perforó el parietal, la otra, penetrando por la boca, quedó alojada en la masa encefálica.

  El asesinato estaba consumado; el infeliz Fernando; el infeliz Fernando quedaba tendido en la acera, mientras su matador, cruzando el teatro, salía por el escenario a la calle.

  Dos horas más tarde, se presentaba el Gobernador, que lo ponía a disposición del juzgado, y éste, después de procesarle y recibirle la oportuna declaración, le dejaba encerrado en la Cárcel Modelo, a las resultas de un delito de asesinato, sobre el cual ha de entender el Jurado, esa institución de padres de familia, que llorarían, como hoy lloran los condes de Villamar, la muerte de un hijo único, al que, cual flor de estufa, dedicaron todos sus cuidados, y después les fue arrebatado matándole por la espalda y sobre seguro.

  No queremos penetrar más en la entraña de este proceso, constitutivo de un delito de asesinato, porque no somos de temperamento propicio para lanzar acusaciones, y por ello dejamos íntegra la responsabilidad a los jueces, a quienes está confiada la defensa social.

  Pero execremos a la mujer veleidosa y coqueta que correrá el mundo llevando tras sí una estela de sangre y el recuerdo de la tragedia del domingo, que le abrumará más, cuanto más tiempo transcurra; dejemos entregado a su propia conciencia al autor del asesinato, y volviendo los ojos al hogar de nuestros infortunados y respetables amigos los señores de Villamar, lloremos con ellos la pérdida del ser querido, que para ellos constituía su alma, su vida.

Cómo supo la noticia el Conde de Villamar.

  El conde de Villamar, en unión del señor García Pardo, y otros amigos, entre ellos el alcalde de Ayora, Sr. Martínez Lodroño, habían salido el domingo a las diez de la mañana, en automóvil en dirección a Requena, con objeto de pasar a Ayora.

 Era el preludio, este viaje, de la campaña electoral, ya que el conde de Villamar forma parte de la candidatura de las izquierdas para el distrito de Requena-Ayora.

  El viaje de Valencia fue muy penoso por el estado de las carreteras.

  Llegados los viajeros a Requena, conferenciaron con varios amigos y salieron después en el automóvil para Ayora, donde pernoctaron, y donde se hallaban cuando en Valencia acababa de desarrollarse el suceso en el que de forma tan trágica caía, atravesado el cráneo por dos balazos, el hijo del conde de Villamar.

  La familia, los amigos y el Gobernador dirigieron despachos a Requena, Utiel, Ayora, Albacete, Etc., con objeto de ver si de alguna forma podía enterarse a los Sres. De García Pardo y Villamar de lo que ocurría.

  A las once de la noche salieron de Valencia, en dos automóviles los señores Izquierdo y Pla y varios amigos en dirección a Requena y Ayora.

  A esta población llegaron a las siete de la mañana del lunes, y ahí participaron al conde de Villamar que su hijo se hallaba gravísimo.

  Inmediatamente emprendieron el viaje de regreso, llegando a las once a Requena y a Valencia a las tres de la tarde.

  Cerca de la ciudad se participó al conde la desgracia.

  En su domicilio, y al reunirse a su respetable señora, se desarrolló una escena en extremo emocionante. Para ambos, desgracia tan inmensa produjo una crisis enorme y un estallido de dolor que puso en peligro la vida de la desgraciada madre.

  La familia y los íntimos no se apartaron ni un momento de la casa de los Villamar.

  Conducción del cadáver a nuestra ciudad.

  A las siete de la mañana del miércoles fue sacado el cadáver de la capilla del Cementerio para ser conducido a la estación del Norte.

  El infortunado joven fue amortajado con el hábito de la orden Carmelitana.

   El féretro era de terciopelo blanco, y sobre él se colocaron varias coronas de individuos de su familia y de amigos íntimos.

   Por expresa disposición de la familia sólo acompañamos al cadáver los señores de Daya Nueva, vizconde de San Germán, D. José Maestre y marqués de Caro, tíos del finado, y sus amigos D. Juan Martínez Vallejo y duque de Gaeta, García Pardo, Pardo (D. Juan, José y Landelino) y otros.

  El cadáver fue colocado en el furgón de cola, acompañado de la servidumbre de la casa de los condes de Villamar, saliendo a las 8.45 para esta ciudad.

  El entierro en Requena.

  En el correo ascendente de Valencia, que llega a esta ciudad a las 11.45 de la mañana llegaron el miércoles último los restos mortales del que en vida se llamó D. Fernando Hernández Ferrer de Plegamans.

  Un gentío inmenso invadía por completo los andenes y avenidas de la estación, como igualmente las calles que conducen a la de Dato, donde existe la casa solariega de Villamar y Plegamans.

  La comitiva se puso en marcha, siendo imposible contener a la muchedumbre que pugnaba por acercarse al féretro, por lo que la fuerza pública tuvo que rodearlo y abrir paso, y así fue conducido hasta el domicilio de los señores condes de Villamar, y en el oratorio de la casa, convertido en capilla ardiente, fue depositado el cadáver, que iba encerrado en lujosa caja de terciopelo blanco.

  De Valencia vinieron acompañando al cadáver parientes y amigos del finado, cuyos nombres omitimos ante la imposibilidad de darlos todos.

  A las tres de la tarde, se organizó nuevamente la comitiva para conducir al cementerio y al panteón de familia, los restos del infortunado D. Fernando.

  Abrían marcha los colonos, arrendatarios y servidores de la casa, conduciendo blandones y hachas encendidas, seguía el Clero de todas las parroquias con cruz alzada, después varias lujosas y monumentales coronas de flores naturales, recuerdo de la familia, amigos de la Peña y servidumbre de la casa; después, el cadáver, que como antes decimos, iba encerado en doble capa de cinc y terciopelo blanco, y era conducido por amigos del finado, entre los que recordamos los Sres. Vega, Montes, Ruiz, Lorente y Gil; inmensa multitud que se asoció al duelo, en la que formaban todas las clases sociales de esta ciudad, predominando el elemento popular. También vimos muchas comisiones de amigos de las aldeas de este término y de los pueblos del distrito, y finalmente el duelo, primero el que podíamos llamar oficial, y en el que figuraban D. José García Pardo, diputado a Cortes; D. Francisco Monterde, juez de instrucción;  D. Nicolás Pérez alcalde de esta ciudad; D. Nicanor López alcalde de Utiel; D. Manuel Cobo, ex diputado provincial, y D, Antonio Francisco Penén, teniente de alcalde de este ayuntamiento, y después el de la familia, formado por D. Andrés Moltó, director espiritual de la misma; señor conde de Daya Nueva, D. José Maestre y señor de Fuente el Sol, tíos del finado; D. Juan José Pardo, D Gabriel Ruiz y D. Virgilio Sáez, íntimos de la familia.

  El comercio y muchos talleres cerraron para asociarse al duelo y como protesta al brutal hecho que ocasionó la muerte al hijo del conde de Villamar.

  El cadáver fue depositado en el panteón de la familia Plegamans.

  En el tren correo de la tarde regresaron a Valencia los amigos y parientes que habían venido al entierro, y al llegar a dicha ciudad pasaron a casa de los condes de Villamar para notificarles el cumplimiento de su triste misión.

  EL PUEBLO LIBRE ha nacido y vive en Requena, y los que en él escribimos nos honramos con la sincera amistad de los condes de Villamar, con ellos, apenados por la intensidad de su dolor, sufrimos y lloramos la pérdida infortunada del joven Fernando, cuyos restos reposan aquí, donde pasara los mejores años de su vida, y donde jamás hubiera sido víctima de tan horrible tragedia.”

2.      El inculpado y la polémica sentencia.

 En los registros de Las Provincias de 1918 podemos leer:

 “La Audiencia ha absuelto en diciembre a los acusados de dos crímenes muy sonados. Así, se ha declarado inocente al artista Tadeo Villalba, acusado de asesinar por celos a Fernando Hernández, hijo de los condes de Villamar. También se ha absuelto al procesado por la muerte del jefe de la estación del Norte, Mariano Ordax. El fiscal ha pedido revisar ambos casos. Ha destacado la presión ejercida sobre el jurado en el crimen del joven noble, perpetrado a la puerta del Apolo.

 Como defensor de Villalba ha actuado el abogado Juan Barral, y como acusador el catedrático de la Universidad de Barcelona, Vicente Dualde. Los periódicos han censurado el fallo y han criticado la impunidad de muchos crímenes. Esta se debe a las presiones y amenazas que sufren los miembros del jurado.”

 En las hojas volanderas de la época se presentó el caso como el enfrentamiento de un hombre del pueblo contra un libidinoso aristócrata, enemigo del pueblo, lo que explicaría la inclinación del jurado a la absolución del incriminado.

                    

 La apreciada vedette Rosita Rodrigo (1891-1959), objeto de deseo del aristócrata y del artista, conoció el veredicto en Montevideo. Su belleza le deparó una notable fama y éxitos en la España de los veinte. Se le atribuyó ser la amante del dictador Primo de Rivera y del mismo Alfonso XIII. Tuvo amistad con Federico García Lorca.

                                     

 Tadeo Villalba Monasterio, nacido en Valencia en 1886, fue un pintor decorador y cabeza de una conocida familia vinculada al mundo del cine.

                    

 Su hijo fue Tadeo Villalba Ruiz, nacido en 1910. Realizó en los años treinta distintas fallas. Decorador cinematográfico en CIFESA, fue productor de varias películas, algunas galardonadas con premios nacionales. Miembro del Sindicato Nacional del Espectáculo, falleció el 1 de marzo de 1969. Su nieto Tadeo Tedy Villalba, nacido en 1935, ha sido considerado un incansable productor, colaborando con figuras como Samuel Bronston, David Lean o Pedro Almodóvar. Tuvo el gusto de decorar y proyectar las casas de sus amistades. Falleció en el 2009. Su hijo Tadeo Villalba Carmona también es productor ejecutivo, vinculándose a entidades como Antena 3.

 Sin lugar a dudas, la historia referida bien daría pie a una verdadera novela negra, muy susceptible de ser adaptada al cine.

Autores:

Víctor Manuel Galán Tendero, César Jordá Moltó y Javier Jordá Sánchez.