ALTABELLA GISBERT, ENRIQUE. POR MARCIAL GARCÍA BALLESTEROS.

ALTABELLA GISBERT, Enrique

Materia:      LITERATURA

 

 

Época:

Siete Aguas, 15/07/1890  -  Valencia, 01/12/1977

Referencias:                 

POESÍA, TEATRO, LITERATURA, CIENCIA

Algunas obras:

Angelina (Teatro, Drama, antes de 1920)

Crimen Social (Novela cosmopolita de asuntos sociales, h. 1931)

La Nobleza de Aragón (Teatro, Poema dramático en tres actos, 1930)

Problemas Utópicos (Ensayos científicos, 1931)

Un Canto a Valencia (obra teatral inédita, 1934)

Poemas y letras para canciones, inéditos.

Bibliografía:

GARCÍA BALLESTEROS, Marcial

-      Mariano Pérez Sánchez 80 Años de Música Requenense, Requena, Ayuntamiento, Centro de Estudios Requenenses, 1996.

-      “Catálogo de las Obras Musicales de Mariano Pérez Sánchez”, Oleana, nº 25, Requena, Centro de Estudios Requenenses, 2010, pp. 161-207.

BERNABEU LÓPEZ, Rafael y YEVES DESCALZO, Feliciano Antonio, Requena y sus Poetas, antología de poetas requenenses y requenistas, Requena, Biblioteca Pública Municipal y Ayuntamiento de Requena, 1991, p. 20-21.

MUÑOZ GARCÍA, Rafael, Requena Teatral, Valencia, Bernia Ed., 2007, p. 91.

Otros Datos:

Archivo Marcial García Ballesteros.

Notas Biográficas:

Enrique Altabella Gisbert es uno de esos personajes de la cultura requenense que de no ser porque en su trayectoria vital estuvieron unidos en algún momento a requenenses de cierta relevancia artística, quizás no les hubiéramos conocido, por falta de información o, tal vez, por falta de difusión de sus obras que, aunque breves en número, son interesantes y variadas.

Aunque nacido en Siete Aguas, la familia, que ya tenía una hija, debió trasladarse pronto a Requena, dado que la hermana menor ya es requenense de nacimiento (1898) y hemos localizado también a familiares de su madre empadronados en nuestra ciudad por los mismos años. De hecho, a efectos burocráticos, casi siempre le vemos anotado como requenense.

En Requena, el joven poeta, metido en los círculos literarios, musicales y teatrales, estrenaría un drama de juventud, Angelina, y conocería a Mariano Pérez Sánchez, para quien escribió las letras de, al menos, dos canciones de Mayos, en 1916 y 1917.

Hijo de Salvador Altabella Adsuara (guardia civil conocido por “Bigotezorra), natural de Torres Torres y Josefa Gisbert Sánchez, de Chera, tuvo una hermana mayor, Matilde, que falleció joven, en 1913 (con 27 años) y otra menor, Carmen, que le sobrevivió. De su niñez nada ha quedado en la memoria familiar.

Entrado en quintas en 1911, sabemos que con veintiún años es un joven sano y no muy alto, 1,66 m. No hace el servicio militar ya que su padre está impedido por enfermedad (muere un año después) y Enrique es el único varón que trabaja en la familia.

Por entonces le vemos como alumno de las primeras hornadas de la Escuela de Artes e Industrias de Requena. En el periódico El Látigo (18/VI/1911), se dan las notas finales del curso 1910-1911, indicándose, entre otras, que Enrique Altabella ha obtenido sobresaliente en Aritmética y Geometría. En el mismo periódico (12/XI/1911), durante el acto de apertura del siguiente curso, se entregan los premios a los mejores alumnos, recibiendo Altabella un estuche de dibujo. En dicha Escuela aprende el oficio de carpintero, profesión que ejercerá a lo largo de su vida, aunque su vocación será literaria, sobre todo poesía y teatro.

Durante estos años de juventud la familia reside en la Villa, vecinos de la calle de la Purísima, pasando más tarde a la Plaza de Albornoz.

El 30 de abril de 1916 se cantan los Mayos por las calles de Requena. En El Pueblo Libre (7/V/1916) vemos la siguiente reseña:

“El domingo por la noche y según costumbre inmemorial, rondaron por las calles de la ciudad varios jóvenes, que al pie de las ventanas de sus Dulcineas, cual amantes trovadores, cantaban las cuitas de su amor. Uno de los grupos, dirigido por el maestro Cervera, con instrumentos de cuerda, llevaba letra del señor Fons; otro, compuesto por la charanga de la música que dirige don Mariano Pérez, cantaba unos versos compuestos por el señor Altabella...”.

Como se ha citado, en 1917 también los Mayos de Pérez Sánchez llevarían letra de Enrique.

El 24 de noviembre de 1919, en San Nicolás, contrae matrimonio con Manuela Pardo Pallardó y poco tiempo después, la pareja se traslada a Valencia, instalándose en la calle de Navarra; allí residirá y trabajará como carpintero y allí nacerán sus dos hijas, Pepita (1923) y Concha (1927). Enrique no pierde en ningún momento el contacto con Requena, a la que vuelve con frecuencia a visitar a sus padres y hermana. Sin embargo, pronto la felicidad familiar se verá truncada por serios problemas de salud mental de Manuela.

En 1928 fallece su esposa de forma repentina, siendo sus hijas muy jóvenes. Del hecho luctuoso, por sus circunstancias, dan cuenta los corresponsales requenenses en la prensa valenciana. De Las Provincias (26/06/1928) transcribimos dicha noticia:

 

“Manuela Pardo y Pallardó, de 30 años, natural de esta ciudad y esposa del conocido requenense Enrique Altabella, apasionado cultivador de las letras, ha puesto fin a sus días en circunstancias verdaderamente trágicas.

El matrimonio Altabella se trasladó a Valencia, hace algunos años, si no en busca del vellocino de oro, en pos seguramente de una vida más fácil y próspera que la percanzada en los horizontes siempre pequeños de la población rural; pero la fortuna, desgraciadamente, no fue la amable compañera del hogar honrado de los Altabella.

Enrique, obrero inteligente, trabajador y pundonoroso, ha luchado a brazo partido contra la adversidad, sin haber logrado dominarla y vencerla en la medida adecuada a sus esfuerzos denodados y a sus merecimientos positivos.

Enfermó la esposa, y añorando las dulzuras inolvidables del terruño nativo, volvió a Requena en busca de la salud perdida; y así las cosas, quizás desesperanzada en sus ilusiones de enferma, levantose una mañana sigilosamente al romper el día, practicó su aseo cotidiano, y ataviada con las mejores ropas, acarició a su nena que dormía plácidamente en la blanca camita, le dio un beso entrañable y salió de casa furtivamente con rumbo a la vía férrea. Llegó el tren descendente de pasajeros y se arrojó al paso del convoy.

Enrique Altabella, autor del drama “Angelina”, estrenado hace tiempo en el teatro Circo de esta ciudad, y de muchas composiciones poéticas tan sentidas como inspiradas, está anonadado ante la tragedia imprevista que acaba de entenebrecer su vida.

Le hemos estrechado la mano, temblorosa de emoción, y en sus ojos tristes y apenados ha brillado una ráfaga alentadora al consolar su espíritu rebosante de tribulación y alentarle para proseguir la lucha por la existencia, haciéndole vislumbrar el remanso de un éxito tan largamente esperado si la fe y la constancia son los nuevos cauces de la vida que se propone emprender con verdadero ahínco”.

 

Esta muerte a destiempo y trágica le provoca un gran impacto emocional,  reflejado en el poema que deja grabado en la piedra lapidaria de su tumba, en el cementerio de Requena, titulado así, “Esposa”, y que todavía puede leerse en la desgastada losa, cerca del nicho de Serrano Clavero.

                

 

 

¡ESPOSA!

Del alma en los encantos ideales

nació triunfal del amor y lozana

la flor de la divina poesía

que bañan cristalinos manantiales.

Sus perfumes, sus glorias inmortales

en pos de la ilusión mi alma te envía

con besos de la eterna fantasía

y aromas de poéticos rosales.

Así como de amor y dulce anhelo

creó el poeta las amadas flores

del jardín ideal de su consuelo,

crearán mis recuerdos los fulgores

que disipen las sombras de ese cielo

en que aún brillan con fe nuestros amores.

Enrique Altabella

 

 

 

En este poema, según aprecia su biznieta Gloria, aparecen temas propios del Modernismo, como los valores sensoriales, el escapismo (evasión de la realidad del tiempo y del espacio) y cierta idealización del amor y de la mujer; también aparece la subjetividad propia de la Generación del 98, plasmada en temas propios de la poesía de Antonio Machado, como el amor, recuerdos, ensueños, sentimiento del paso del tiempo y la supremacía de lo espiritual sobre lo material.           Aunque contemporáneo por su edad a los escritores de la Generación del 27,  sus obras no se corresponden con esta corriente literaria, sino con la anterior, en la cual se inspira y de la cual recibe influencias.

Sobre el drama Angelina, que cita el artículo, nada hemos podido localizar en la prensa local consultada, pero no es aventurado pensar que habiendo escrito letras para el maestro Pérez Sánchez, la obra hubiera sido estrenada por la Sociedad Dramática, sección teatral de la Sociedad Artístico-Musical Requenense.

En ausencia de la madre para la crianza de sus hijas, éstas pasan a vivir con Carmen, su hermana, casada con el comerciante y agricultor requenense Rafael Gorbe Chapa, quienes se hacen cargo de ellas en Requena, junto a la anciana madre, Josefa y su propio hijo Rafael. Enrique regresa a Valencia, donde retoma su profesión de carpintero y continúa escribiendo. A pesar de ello siempre mantendrá sus lazos familiares y de amistad con Requena, a donde regresará a menudo para ver a sus hijas.

Hacia 1934 contrae segundo matrimonio con Vicenta Puchades Iguala en Valencia, con quien tiene un hijo, Enrique Vicente (1935). A partir de ese momento, su vida transcurre en la capital, volviendo a Requena en los veranos con la nueva familia que ha formado. En una de sus últimas estancias estivales (1970), escribe el poema “A mis hijos y a mis nietos”, dedicado a su familia, muy similar en estilo a “Esposa”, en donde vuelven a aparecer los valores sensoriales,  como la alusión a flores, en especial a las rosas. 

Sabemos poco del Altabella literato y la familia desconocía varias de sus obras. Es de lamentar que no hayamos podido encontrar documentación al respecto. La única y brevísima nota biográfica está en el libro “Requena y sus poetas” (Bernabeu, Yeves, 1991, p. 20-21):

 “En nuestra ciudad, donde residió gran parte de su existencia, dio a conocer en sus años mozos, extrañas y discutidas teorías nada menos que acerca de la cuadratura del círculo y del movimiento perpetuo. En Valencia publicó varios poemas, algunas piezas teatrales y la novela titulada Crimen Social”.

Trece años mayor que Bernabeu, está claro que el cronista debió conocerlo  y tratarlo. En otro libro, Requena Teatral, se añade a estos datos un nuevo párrafo (Muñoz, 2007, p. 91):

“Puso letra a varias canciones del maestro Pérez Sánchez. De su producción teatral solo he localizado el poema dramático “La Nobleza de Aragón”, en tres actos, publicado en 1930”.

Así es, en 1930 publica esta obra teatral, en tres actos y cuatro cuadros, de género costumbrista, haciendo una notoria aclaración en portada:

“La presente obrita es la primera producción de este autor; y ha sido así publicada, en vez de estrenada, por suponerla más poética que teatral”.

“La Nobleza de Aragón” está muy influida por la comedia benaventina costumbrista, pues toma como fundamento la vida; realismo, naturalidad y verosimilitud son los tres supuestos de que parte, sin excluir en muchos momentos cierto hálito de poesía. Contamos con un ejemplar original, muy difícil de encontrar a no ser entre libreros de lance y coleccionistas. No así del siguiente título que publica, “Problemas Utópicos”, del que tan solo conocemos un ejemplar en la Biblioteca de la Universidad de Valencia, accesible por Internet.

Problemas Utópicos es un libro por completo diferente al anterior. Editado en 1931, contiene tres ensayos de carácter científico pero de planteamiento muy simple, titulados Cuadratura del Círculo, Movimiento Continuo y La Esencia Única. Vienen a ser la plasmación escrita de aquellas “extrañas y discutidas teorías” citadas por Yeves y Bernabeu. Merece la pena transcribir aquí su Proemio, por cuanto se trata de un ejercicio de sinceridad creativa del autor:

“La palabra utopía, más que nada, ridiculiza al diccionario. La utopía no existe: puesto que todo aquello que pueda concebir el pensamiento humano es posible, como posible es también lo que no puede así concebirse.

Esto demuestra la exigua pequeñez de nuestra mentalidad.

He sacrificado lo más selecto de mi juventud en aras de un ideal utópico; pues tiene para mi la utopía, una sugestión, un misticismo tan halagüeño, que me seduce. Me atrae lo imposible sin que pueda explicarme la causa.

No faltará quien diga que esto es una de las distintas fases en que entra la locura; pero también hay quien dice, como el culto escritor D. Jacinto Benavente, que “el que sueña lo imposible, es porque siente la voz de algo que le llama desde muy lejos pidiendo existencia”.

Quizá lo que a mi me llame sea la vanidad recreada en una deficiente cultura; más es lo cierto que no soy dueño de mí, no me pertenezco; un más allá me induce a la rebelión, a romper las ligaduras de la técnica secular.

Pido perdón por esto a mis lectores y les ruego que si después de haber leído este folleto, entienden que estoy en un lamentable error, me concedan su indulgencia, ya que mi humilde preparación elemental, unida a mi defecto soñador, me ha inducido a escribir tantos desmanes”.

Su espíritu inconformista, arriesgado e innovador le lleva a recopilar sus conclusiones sobre geometría, física y cosmosofía en este librito, que califica como sencillo folleto, donde defiende sus teorías acerca de estos temas. Recordemos, además, sus buenas notas en Aritmética y Geometría. Aparte de la consulta en Internet, el original está en la Biblioteca de la Nau Gran de la Universitat de Valencia.

En la contraportada del título se hace referencia a otras obras de Altabella: La Nobleza de Aragón, como publicada, y la novela Crimen Social, como próxima a editarse. El autor la denomina “novela cosmopolita de asuntos sociales”. Ningún ejemplar hemos podido conseguir, por lo que es posible que no llegara a salir de la imprenta.

En el diario Heraldo de Madrid (17/XII/1934), se ofrece la noticia de un concurso literario, de índole teatral, organizado por la sociedad Autores Reunidos del Teatro Español (A.R.T.E.). La noticia da cuenta de que el Comité de Lectura ha admitido diversas obras a concurso y entre ellas la titulada Un Canto a Valencia, de D. Enrique Altabella, desde Valencia. Ignoramos si la citada obra obtuvo algún galardón, aunque la falta de noticias nos lleva a pensar que no fue así.

Enrique Altabella no es solamente carpintero y poeta. Tiene una vena inventiva notable. En mayo de 1960 solicita y le es concedida la patente de una Máquina para la Producción de Energía. Este dato se puede consultar en la web patentados.com, donde aparecen los inventos registrados en España en los últimos ochenta años.

El 4 de febrero de 1976 Enrique pierde a su segunda esposa, Vicenta, de 78 años, junto a la que está enterrado en Valencia.

Tras larga vida, muere en Valencia el 1 de diciembre de 1977, con 87 años.

Sirvan estas líneas de homenaje a un gran requenense de adopción convertido en requenense de corazón.

 

Marcial García Ballesteros

(Agradezco la inestimable ayuda prestada por la

biznieta de Enrique Altabella,  Gloria Ayala Arroyo)

 

 

MAYOS 1917

Rondalla para solistas, coro y música

 

Letra:

ENRIQUE ALTABELLA GISBERT

Música:

MARIANO PÉREZ SÁNCHEZ

 

TENOR Y BARÍTONO

En tu puerta, niña hermosa,

con la voz clara y gentil,

te han llamado reina y rosa

todas las flores de Abril.

 

CORO

Y saludamos, en tanto,

a la flor de tu ilusión,

que es la vida del encanto

en alas del corazón.

 

BARÍTONO

Despierta, niña, que tus albores

el sueño arrulla con frenesí;

el canto suave de mis amores

en esta noche vive por ti.

De Mayo quiere llegar triunfante

aquella aurora que brilla más,

pero es el alba de luz radiante

esas miradas que tú nos das.

 

CORO

Llega ya la luz del día

y estampa en tu puerta un beso

mientras duermes, prenda mía,

el sueño de tu embeleso.

Sin notar dicha y ventura

de este beso embriagador,

sigues durmiendo tan pura

como el ángel soñador.

Llega ya la luz del día

y estampa en tu puerta un beso

mientras duermes, prenda mía,

el sueño de tu embeleso.

 

TENOR

Es el conjunto de tus encantos

de primavera la realidad,

porque ni en Mayo, con goces tantos

puede encontrarse tanta bondad.

Las rosas nacen en la pradera

vertiendo aroma de juventud,

y por corona, en tu cabellera,

brotan las flores de la virtud.

 

CORO

Dispensa paloma,

perdona adorada,

que el alba se acerca

 con la aurora en pos.

Y las dulces notas

de nuestra alborada,

de ti se despiden

con el triste adiós.

Adiós, adiós.