BERNABÉU Y LA CUESTIÓN VALENCIANISTA.

 

                BERNABÉU Y LA CUESTIÓN VALENCIANISTA.

                ACERCA DE REQUENA Y EL VALENCIANISMO.

                Por Crónicas históricas de Requena.

                La cuestión nacional de España.

                El debate sobre si España es una entidad con personalidad propia, una nación, o un agregado de personalidades nacionales en términos contemporáneos data del siglo XIX, cuando se puso en pie con alternativas el Estado liberal y se planteó la España regional. La organización provincial supuso la división administrativa de regiones como Cataluña o Valencia, que en el pasado se habían articulado internamente de otra manera. En los territorios de la antigua Corona de Castilla, la tradición provincial se remontaba a tiempos de los Austrias a efectos fiscales. Localidades como las de Requena y su comarca pasaron de la provincia de Cuenca a la de Valencia en 1851 por razones de expectativa tributaria tras la dura experiencia de la guerra carlista.

                Entonces el cambio no se planteó en términos de identidad, como una renuncia de una personalidad propia para subsumirse en otra. La recepción del pensamiento idealista alemán todavía estaba en sus comienzos y en los territorios de la antigua Corona de Aragón, muy reivindicada por el político progresista Víctor Balaguer, se hizo a veces alarde de anticastellanismo, pero no de antiespañolismo. Fue el tiempo de lo que Josep Maria Fradera ha venido en llamar el doble patriotismo, el de reivindicación del territorio de origen como forma de amar a España, a la que se le deseaban todos los éxitos internacionales en un tiempo de imperios y colonias. Políticos como el general Prim y otras personalidades del Sexenio Democrático lo profesaron sin grandes dificultades.

                Aparición y fortalecimiento de los nacionalismos periféricos.

                El impulso cultural y económico de la Cataluña del último tercio del siglo XIX y los problemas de España en Ultramar hicieron tambalear el delicado equilibrio del doble patriotismo, que bien podía servir para integrar mejor la realidad española o para ir disolviéndola. El regionalismo presente en publicaciones como Las provincias, llamadas así por su reivindicación de la voz provincial y valenciana frente al centralismo poco comprensivo, pasó a veces a planteamientos claramente nacionalistas, como los de Sabino Arana en Vizcaya. El catalanismo ya consideró Cataluña su nación dentro del Estado español, con el que no se quiso romper entonces por considerarlo necesario para llevar a cabo sus aspiraciones económicas dentro de una Europa dividida. A veces iberista, el catalanismo conservador se miró hacia 1900 en el espejo del imperio austro-húngaro, en el que desde 1867 Hungría tenía un papel directivo junto con Austria sobre los variopintos pueblos del mismo, con no escasa polémica. Contando con los antecedentes de la Renaixença decimonónica, Prat de la Riba defendió la idea de la Catalunya Gran dentro de España, el precedente de la idea de los Països Catalans.

                En la ciudad de Valencia la Renaixença había tenido una importante aceptación entre sus hombres de letras, que se sumaron gustosos a iniciativas como las justas poéticas de los Jocs Florals. Con el paso del tiempo, sus seguidores se dividieron entre los del guant blanc y los de l´espardenya. Los primeros se complacieron en escribir poemas cultos en lenguaje arcaizante al modo del literato provenzal Mistral, y los segundos se decantaron por acercarse al valenciano más popular, el hablado entonces, como Constantí Llombart. Su joven amigo Vicente Blasco Ibáñez comenzó escribiendo relatos en valenciano, antes de escribir sus célebres novelas en castellano sobre Valencia y sus gentes al modo naturalista. Republicano federalista, admirador de Pi y Margall, fustigó con dureza a los poetas de Lo Rat Penat, a los que consideraba complacientes con el sistema de la Restauración. Los blasquistas se ganaron una posición de fuerza en Valencia y en sus alrededores, y en su oposición al régimen no vieron con buenos ojos el catalanismo conservador de la Lliga de Francesc Cambó.

                Los acercamientos puntuales entre la Lliga y algunos sectores de los partidos dinásticos de la Restauración, entonces con problemas de cohesión interna, favorecieron la reforma de la administración territorial española de las mancomunidades, agrupación en un organismo superior de las diputaciones provinciales de una antigua región. Para los catalanistas era una primera forma de unión nacional y de poder propio, y para algunos políticos españoles una manera de reformar el Estado español, acomodándolo a los nuevos tiempos, un malentendido llamado a pervivir. Dentro del catalanismo cobraron fuerza en los años veinte los grupos de contestación izquierdista que desembocarían en ERC, algunos ya abiertamente independentistas. Admiraron a los revolucionarios irlandeses, denunciaron la cooperación de los conservadores con Primo de Rivera y captaron el descontento de muchos ante la Dictadura. Cuando se proclamó la II República demostraron su protagonismo en la escena catalana e incluso española.

                El valencianismo en la cuestión española de los nacionalismos.

                El valencianismo surgió en el siglo XIX. De fuerte componente cultural, reivindicó el empleo literario del valenciano, considerado el elemento imprescindible de la personalidad valenciana al modo del romanticismo. Según estos planteamientos, la personalidad valenciana brilló a gran altura en el siglo XV, cuando sobresalieron grandes literatos en el reino de Valencia. A partir del XVI, declinó por la preponderancia castellana y el autoritarismo real. La abolición de los Fueros en 1707 marcaría su momento más dramático. Sin embargo, la personalidad valenciana pervivió entre las gentes del pueblo, que conservaron su idioma. Los liberales progresistas denunciaron los excesos del poder central y los cultivadores de la Renaixença insistieron en la recuperación idiomática y cultural.

                En virtud de todo ello, el valencianismo podía ser considerado un nacionalismo cultural, el primer paso de cualquier movimiento nacionalista para muchos tratadistas. El siguiente paso sería exigir un Estado propio, al que podía llegarse a través de la autonomía. Los valencianistas fueron reconocidos en la vida cultural de varias comarcas, pero carecieron de la fuerza política correspondiente. Ilustres valencianistas se integraron activamente en el sistema de la Restauración. Las aspiraciones del movimiento, con frecuencia fragmentado en grupos y opiniones distintas, no fueron más allá de la reivindicación del valenciano y de la petición de cierta autonomía, una petición que muchos valencianos consideraron un modo de acrecentar el protagonismo de la ciudad de Valencia, especialmente en las tierras próximas a la ciudad de Alicante.

                Las actitudes adoptadas frente a Castilla y Cataluña, presentadas con frecuencia de forma estereotipada, marcaron las distintas opciones del valencianismo, que a veces se enfrentaron duramente entre sí. Castilla era apreciada por el idioma de Cervantes y aborrecida por ser sede de la imposición centralista, y Cataluña era vista como un ejemplo a seguir y como una aspirante al dominio de las tierras valencianas. En estas dudas se debatió el valencianismo.

                Requena y el valencianismo.

                Con tales planteamientos, puede entenderse que apareciera la cuestión de las áreas castellano-hablantes de Valencia. La de Requena y Utiel añadía además que no formó parte del antiguo reino de Valencia.

                Las controversias nacionalistas estuvieron ausentes en el momento del paso de la provincia de Cuenca a la de Valencia. Los prohombres vinculados a la comarca se integraron en la vida política provincial valenciana.

                La relación con las tierras valencianas databa de antiguo. Los enfrentamientos entre las Coronas de Castilla y Aragón durante la Baja Edad Media no impidieron unas activas relaciones mercantiles entre Requena y la ciudad de Valencia, que se hicieron más intensas en los tiempos de los Austrias al calor del comercio de los cereales, de la seda, de las especias y del ganado. La obediencia al mismo rey no disolvió las naturalezas legales de castellanos y valencianos, y la guerra de Sucesión llevó a acentuar tales discrepancias tras el triunfo de la dinastía borbónica. Los requenenses tuvieron a bien destacar su fidelidad a los Borbones frente a los rebeldes valencianos, sin matices. Durante la guerra contra Napoleón hubo roces con la Junta Provincial de Valencia por cuestiones de abastecimiento. Paralelamente, las relaciones comerciales y humanas prosiguieron con vigor. La pertenencia a otra provincia en el siglo XIX no las hubiera menguado en absoluto.

                Sin embargo, las discrepancias con Valencia no se borraron con la integración provincial. En 1890 Enrique Herrero y Moral, de ideas conservadoras, daría a la estampa su Historia, en la que consignó un duro alegato contra la administración valenciana, pese a haber residido en la capital levantina y haber evitado el pago de los consumos en Requena durante la tercera guerra carlista. Según él, Requena pagaba demasiados impuestos a Valencia y recibía muy poco a cambio. De haber sido importante en Cuenca se había descendido a la insignificancia en Valencia. La Requena esplendorosa de otros tiempos yacía en la decadencia.

                En su argumentación, Herrero y Moral cargaba las responsabilidades del, a su parecer, declive de Requena al cambio provincial, lo que demuestra la existencia de una forma de relatar la Historia local, de un canon patriótico-historiográfico, propio y distinto del valencianista. Aquí no se deploró la figura de Felipe V, que dio nombre a la actual plaza de España, ni se lamentó la amputación de antiguas leyes. La carta puebla alfonsí todavía fue abrazada por los progresistas requenenses como un activo frente a los excesos de la desamortización y la obediencia al rey como una garantía ante el feudalismo. El segundo centenario de la abolición de los Fueros, promovido con no escasa polémica por la sociedad València Nova, careció en Requena de la proyección y el carácter que tuvo en la ciudad de Valencia.

                Discrepancias aparte, los viticultores requenenses estuvieron muy atentos a la exportación por el Grao de Valencia. En la grave crisis de 1917 sumaron fuerzas con otros productores de la provincia para exigir medidas al gobierno español. Esta cooperación llevó a los valencianistas conservadores de los años veinte, algunos muy preocupados por las cuestiones económicas, a proponer una división comarcal del territorio valenciano que tuviera como base la producción preponderante de cada zona, en la que Requena sería cabeza de una difusa comarca vitivinícola.

                La proclamación de la República, un momento histórico para los pueblos de España.

                Miguel Primo de Rivera, el aspirante a cirujano de hierro de una España en serias dificultades, quedó descabalgado del poder por haberse enajenado muchos partidarios de la primera hora. Los valencianistas conservadores, al igual que los catalanistas de la misma tendencia, lo aplaudieron al principio cuando se encaró con los anarquistas y más tarde lo denostaron cuando persiguió idiomas y símbolos propios. Uno de ellos fue Teodor Llorente Falcó, el hijo del literato Teodoro Llorente. De la mano de personalidades como el franciscano Lluís Fullana Mira, estudioso de la Historia y de las lenguas, promovió el valencianismo. Le gustó firmar sus colaboraciones en la prensa con pseudónimos como el de Jordi de Fenollar. Sus artículos comenzaron a publicarse el 19 de abril de 1930. Sostuvo que la incomprensión centralista ante los pueblos de España animaba el resurgimiento valencianista, dados los agravios contra la lengua y los símbolos valencianos por parte de Primo de Rivera.

                Aquel año fraguó la Agrupación Valencianista Republicana, que propugnó un estatuto de autonomía dentro de la república federal española. Impulsó, además, la conjunción republicano-socialista. A diferencia de lo que acontecería en Cataluña, las aspiraciones valencianistas no tuvieron el mismo protagonismo cuando se proclamó la República. Teodor Llorente se dolió el 17 de mayo de 1931 en Las Provincias de ello, del abandono del alma valenciana cuando en Cataluña ya se había logrado la Generalitat. Seguramente, no conocía lo mucho que de renuncia había tenido este nombre del autogobierno para los partidarios de l´Estat català.

                 En Requena, aunque se siguiera a través de la prensa estas cuestiones, el valencianismo carecía de significación por aquellas fechas. La apertura en 1928 del Instituto de Enseñanza Secundaria, donde comenzó a impartirse el bachillerato elemental según el plan de estudios de 1926, no supuso ningún cambio al respecto, aunque muchos de sus alumnos en régimen de estudios libre procedieran mayoritariamente de la región valenciana. Entre los profesores de su claustro no encontramos personas de simpatías valencianistas. El profesor de francés y secretario incidental por entonces Juan Grandía Castella, de orígenes catalanes, había pasado sus años de formación en Andalucía.

                El republicanismo sí que gozaba de fuertes partidarios en Requena, entre los que se encontraban los simpatizantes de la figura del difunto Blasco Ibáñez. El 23 de junio de 1932 se aprobó por unanimidad en el pleno municipal la asignación de cien pesetas para el monumento que se le dedicó en Burjasot. Las causas defendidas por el diario El Pueblo, como la del indulto de los soldados condenados a quince años de prisión por negarse a comer el rancho, tuvieron un gran predicamento. Dentro del republicanismo, el autonomismo tuvo una gran importancia, alrededor de la concepción del Estado Integral recogido en la Constitución republicana del 31. El Partido Republicano Radical Socialista (PRRS), laicista y partidario de entenderse con los socialistas, defendió la vía autonomista, aunque con matices personales, pues no todos sus integrantes compartieron los puntos de vista del tarraconense Marcelino Domingo, que colaboró con ERC. Tuvo un gran peso esta formación política en la Requena de los primeros años republicanos, con alcaldes como Faustino Gómez López.

                El maestro Rafael Bernabéu interviene en el debate autonomista.

                Nacido el 11 de abril de 1903 en la localidad de Poliñá del Júcar, quedó huérfano de padre a los diez años y se trasladó con su madre a Requena, de donde era originaria. Más tarde, curso estudios universitarios de medicina en Valencia. Allí tendría conocimiento directo del valencianismo. En la controversia periodística que entabló con los medios valencianistas, hombres como Martín Domínguez lo reconocieron como un amigo.

                Bernabéu obtuvo destino como maestro en la localidad soriana de Villálvaro, a donde le acompañó su esposa Joaquina Jordá. Allí se vinculó al PRRS. El 10 de junio de 1931 apareció un artículo suyo en Las Provincias, en el que rebatía el estado de ánimo y algunos puntos de vista de Teodor Llorente.

                Consideraba que el problema federativo en España estaba a punto de resolverse, lo que no significaba incurrir en un vaporoso idealismo federalista. Proponía partir de la visión serena de la realidad y no rasgarse las vestiduras ante el indiferentismo de muchos valencianos ante el autonomismo, que tenía raíces muy complejas.

                Una vez apuntados sus presupuestos teóricos, ofrece sus soluciones para el caso valenciano en general y requenense en particular, fundamentándose en este punto más en la geografía alemana de los años veinte que en la historia. A este respecto, presenta alguna afinidad con los postulados econométricos del Centro de Estudios Económicos Valencianos, fundado en 1929.

                Coincidió con los valencianistas en constatar la inadecuación de la división provincial decimonónica, pero no postuló la conformación de una nueva región valenciana ni la restauración del viejo reino bajo otras formas, sino la formación de una región federal de Levante, en la que se incluiría el territorio de la entonces región de Murcia, dadas sus afinidades con tierras valencianas. También era partidario de incluir dentro de la misma varios pueblos de Cuenca y Teruel, que no cita, que convergían más hacia Valencia que hacia sus capitales provinciales.

                Este levantinismo de Bernabéu no se muestra conforme con la reintegración de Requena y su comarca a Castilla, ni con los principios idiomático-culturales del valencianismo. Coincidiría con ciertas posturas autonomistas defendidas por miembros de la CNT durante la Guerra Civil, también partidarios de esta unión autonómica de territorios por razones de poder.

                La reivindicación de la Historia, pese a todo.

                En otro artículo, publicado el 18 de agosto del 31, abundó Bernabéu en la singularidad histórica de Requena, en el que se mostró más crítico con el valencianismo.

                El legado de Alfonso X el Sabio había conformado Requena, de claro ambiente castellano. A través de estas colaboraciones periodísticas, se puede entrever el deseo de don Rafael de escribir una Historia de Requena, así como su capacidad para el escrito conciso y documentado, que más tarde florecería de forma más amable en sus Estampas.

                Rechaza con vigor la acusación de tiranía castellana sobre los valencianos al no haber tenido los requenenses ninguna responsabilidad en la derrota de Almansa, antesala de la abolición foral. Los recientes estudios confirman con creces su punto de vista. Era partidario de la reforma en los términos enunciados y no de lo que conceptuaba de una imposición en nombre de la tradición, pues en línea con lo enunciado consideraba la restauración de la antigua Valencia la de un régimen medieval.  

                Entre el enfado y el reproche amable.

                Las respuestas no se hicieron esperar. El 23 de agosto de 1931 Antoni Senent i Micó, del Centre d´Actuació Valencianista, le señaló que Requena podía disponer de sí misma y retornar a Castilla. De tendencia demo-cristiana, las gentes de este grupo conmemoraban Almansa como Dia de dol nacional de los valencianos.

                Más amable fue la réplica del 11 de septiembre de 1931 a cargo de su amigo Martín Domínguez, en la que reconoció la persona de Bernabéu, pero no sus razones. Le indicó que tan medieval era Alfonso X como el reino de Valencia. Apuntaba en tono conciliador la ventajosa unión económica con Valencia, y lo mucho que el centralismo había hecho sufrir al valenciano.

                Una carta de amor a Requena.

                El 13 de septiembre de 1931 contestó Bernabéu en la prensa a todo ello. Ahora emplearía argumentos más sentimentales. Invitó a sus interlocutores a pasear en su compañía por la castellana Requena. Su ambiente se dejaba sentir en su villa monumental, de cuya Historia daban cumplido testimonio los documentos de su Archivo. La enaltecía la obra de Serrano Clavero y de Pérez Carrasco. Aquí vemos un reconocimiento expreso de Bernabéu por la labor de ambos, un Bernabéu que ya estaría comenzando la elaboración de su Historia pese a las distancias.

                Remachó don Rafael su exposición con un artículo del 27 de septiembre de 1931, en el que trató cómo Requena estuvo fuera de los límites de Valencia desde la Antigüedad. Ahora hablaba el historiador.   

                Un poco de la cuestión estatutaria más allá del 31.

                Más allá de la apuntada controversia periodística, la cuestión autonomista fue seguida con interés desde Requena, especialmente cuando se debatió en Cortes entre enero y abril de 1932 el Estatuto catalán.

                El 12 de mayo de 1932 Rafael López manifestó en el pleno municipal su malestar con el Estatuto. Según su entender, los diputados no habían actuado como representantes del mandato del pueblo. Encomió el municipalismo de las regiones castellanas en la Asamblea Palentina de aquel mismo mes, de regionalismo defensivo, alrededor de la integridad de la patria, el respeto al idioma castellano y a la economía nacional. Se consideraba, como vemos, a Castilla como la auténtica defensora de España. Con su defensa de la espiritualidad castellana constatamos la plena eclosión en Requena de propuestas castellanistas, que ya venían formulándose en Castilla la Vieja desde los años veinte como réplica al catalanismo. De momento, no se abogaba por la necesidad de separarse de Valencia y reintegrarse en Castilla, posibilidad sugerida con menosprecio por el valencianista Senent i Micó.

                La moción fue entonces impugnada por el ayuntamiento, pero se acordó que los diputados moderaran las concesiones dadas al autogobierno catalán. El PRRS era partidario de un Estatuto que dejara clara la soberanía española, la imposibilidad de autodeterminación y la cooficialidad de la lengua castellana junto la catalana.

                La cuestión estatutaria volvió a abordarse para el territorio valenciano. El 27 de octubre de 1932 la Diputación invitó a que asistiera el alcalde o dos representantes municipales requenenses a la reunión del 1 de noviembre sobre el Estatuto. La cosa no fructificó.

                En Requena la Dreta Regional Valenciana, que formó parte de la coalición de la CEDA, tuvo la representación de la Derecha Agraria Republicana con personas como José Berzal, Leopoldo Pérez, José Cobo y Eugenio Cabanes, que no abogaron por el autonomismo.

                Las iniciativas valencianistas prosiguieron y el 8 de mayo de 1933 se pidió subvención municipal para una obra de Geografía e Historia valencianas con propósitos de regeneración colectiva. Se anunciaba que tendría su versión castellana, pero al final el Ayuntamiento no le prestó atención a la petición.

                Precisamente, el 26 de junio de aquel año la comisión gestora del Estatuto Regional Valenciano solicitó del Ayuntamiento la organización de un acto a favor el 2 de julio, pero el 29 del mismo mes los radical-socialistas, con problemas locales desde abril, se mostraron contrarios.

                Todos estos hechos nos indican que la cuestión requenense dentro de Valencia ya se planteó en términos muy actuales. La condición histórico-cultural de nuestra comarca, el carácter de su relación con Valencia, la importancia de la disciplina histórica, el peso de la opinión pública o el impacto de lo acontecido en otros territorios de España son puntos que marcan un debate todavía abierto.

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

Actas municipales de 1932-33 (2871).

Correspondencia de la Alcaldía (3748).

Agradecemos a Marcial García Ballesteros la información de los artículos de Las Provincias referidos en el presente trabajo.