CAFÉS BURGUESES DE UTIEL. POR CARLOS JAVIER GÓMEZ SÁNCHEZ.

    El desarrollo de la Edad de Oro utielana supuso entre otros aspectos la llegada de los gustos y las modas imperantes en Europa, y la consolidación de la ciudad como un centro de ocio de primer nivel que abasteció a un vasto territorio. Una de esos servicios que combinaban ambos puntos eran los cafés. Una iniciativa originariamente proyectada a las sociedades burguesas, pero que en nuestra zona supo adaptarse al mundo rural donde se encontraba, contando con una clientela con procedencias sociales muy variadas.

    Durante todo el siglo XIX, las grandes ciudades del continente contaban con establecimientos donde se podía conversar de política, leer el periódico, reunirse para hacer negocios o simplemente tomar una copa y divertirse. Se trataba de lugares pensados para la burguesía que había alcanzado su cénit en este siglo con el nacimiento del capitalismo.

    

 

    El primer café utielano nació en la primera mitad del siglo XIX. Se trató del Salón Pérez. Inicialmente estaba pensado por su primer dueño, Matías Pérez, para los grupos aristocráticos y más adinerados que la localidad tenía. Un local de alto postín que tuvo un tremendo éxito, en parte, porque el Café Pérez surgió en el momento idóneo, cuando la ciudad comenzó un gran desarrollo económico debido a la exportación de vino por la crisis francesa del oídium. Llegaría a tener hasta un pequeño teatro burgués anexo más conocido como Cine Pérez. El Café-Salón Pérez se convirtió en uno de los puntos más importantes de la sociedad local y comarca, centro neurálgico para tertulias políticas, y reuniones de amigos y asociaciones. 

    La mayor prueba del éxito financiero del Pérez fue el hecho de que su modelo sería copiado durante la segunda mitad del siglo XIX por varios empresarios. En su misma calle surgieron los cafés de la Chelvana, junto al ayuntamiento, el del Tío Seba o El 53. Con una importante afluencia estaba el Café-Bar La Unión, el Delirio, el Café de Donato abierto en 1907, el Café de las Camareras en la Puerta de las Eras, regentado por Miguel Marzo, natural de Siete Aguas, o el Café del Humo en la esquina de la Plaza del Ayuntamiento con la Calle Real.

    Mención especial merecen otros cafés más que llegaron a tener un papel social muy importante. En la Puerta del Sol estaba el Café del Sol o de Rufá, debido a que estaba administrado por el padre de un famoso banderillero utielano apodado “Rufaíto”. Durante la Dictadura de Primo de Rivera sería sede del partido del régimen, la Unión Patriótica Española, por lo cual se le tendió a llamar Café de la UPE. En los años 40, el café sería demolido, construyéndose el imponente edificio del Banco Valencia.

    En 1884 con la fundación del Teatro Nuevo de Utiel (el actual Teatro Rambal) se constituiría el Café del Teatro, regentado por Teodoro Llopis. Llegó a tener una gran afluencia por su cercanía a las posadas de San José y Dos Puertas, y al tener una de las primeras heladeras de la comarca. El gran incendio del 1935 provocó la destrucción completa del teatro, teniendo que intervenir bomberos desde Valencia. El café pudo salvarse parcialmente gracias a la ayuda de los vecinos que evitaron una catástrofe mayor.

    El Café Comercial o de los Aspas, por el apellido de la familia propietaria, tuvo un gran billar, juego con mucha fama en Utiel al ser considerado un pasatiempo elegante, además de dos pisos superiores al salón donde se reunían varias asociaciones utielanas: el grupo artístico “Los Cansinos”, el Club Deportivo Utiel, la Peña Taurina y el Rincón Fallero, el primer grupo fallero de Utiel que haría las primeras fallas en la Puerta de las Eras (entonces Calvo Sotelo).

    El local fundado en la Calle Cesáreo Yagüe por el Ateneo Mercantil de Utiel, asociación de una gran importancia económica durante las primeras décadas del siglo XX donde iban sus socios, fue el Café del Ateneo Mercantil, que disponía además de una buena biblioteca y sala de lecturas. Posteriormente cambiaría su nombre por el de Sociedad Cultural o Bar Horizontes hasta su desgraciada demolición hace unos años.  

    Por último, el Café del Belga en la calle Real en la esquina con la calle Arco, era lugar de reunión de los miembros de la Cámara Agrícola. Con la fundación de la Cooperativa de Utiel en 1927 se convirtió en su sede acudiendo a él una buena parte de los labradores utielanos de dicha sociedad. Disfrutó de un dulce momento bajo el nombre de Café de la Cooperativa durante el esplendor del cooperativismo.

    Los cafés serían los lugares donde se movieron las ideas políticas que afectaban a todo el municipio, donde los amigos se reunían, donde se hacía baile y los convites de boda “el gasto”, se buscaba a gente cuando ofrecían trabajo, etc. No obstante tenemos que resaltar entre todas, su actuación como pequeños casinos clandestinos donde se practicaban apuestas y los juegos prohibidos por el Estado. En los pisos superiores de los cafés ocultos a la Guardia Civil, aquellos que querían jugaban clandestinamente a la ruleta, el bacarrá y otros juegos de cartas…  En ellos, los utielanos compartían con los forasteros sus ratos de ocio y algún vicio.