CLAVIJO TURÉGANO, MARTÍN. POR MARCIAL GARCÍA BALLESTEROS.

CLAVIJO TURÉGANO, Martín

Organista y miliciano

Materia:      MÚSICA

 

Época:

Requena, 30/01/1785  -  24/11/1862

Referencias:                  

MÚSICA, COMPOSICIÓN, MILICIA, AYUNTAMIENTO

Obra:

Música religiosa

Títulos Principales:

O vos omnes (motete), 1834.

La Pasión (misa u oratorio).

Bibliografía:

BERNABEU LÓPEZ, Rafael

-       Anecdotario Filarmónico, separata del Cap. VII del libro inédito “Ensayos Diversos sobre Requena”, Requena, S.M. “Santa Cecilia”, 1989.

CASARES RODICIO, Emilio y otros

-       Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, Madrid, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 1999. (sobre el apellido Clavijo).

HERRERO Y MORAL, Enrique

-      Historia de Requena, Valencia, Imprenta de Manuel Alufre, 1890.

Otros Datos:

-      Archivo Municipal de Requena; Archivo del autor; Hemeroteca de la B.N.E.; Biblioteca Digital de Prensa Histórica; Registro Diocesano (Genealogía).

Notas Biográficas:

Pocas noticias han quedado en la literatura local acerca de este organista, compositor, defensor de Requena en la primera guerra carlista y regidor municipal en su madurez. Sin embargo, Martín Lesmes Nicolás Clavijo Turégano consiguió la inmortalidad en el recuerdo de sus paisanos gracias a una pequeña composición de apenas quince compases, que se viene cantando desde el siglo XIX en la Procesión de “los Pasos”, de la Semana Santa requenense, la noche del jueves al viernes santo: el motete “O vos omnes”. En sus “Acuarelas Requenenses”, Bernabeu data esta obra en 1835, aunque en el “Anecdotario Filarmónico” la retrotrae a 1834, como veremos más abajo.

Ni un retrato, ni un dibujo, ninguna descripción física. Tan solo lo que de él nos dicen los historiadores locales, lo que aparece en los diferentes libros de registro del Archivo Municipal de Requena y algunas noticias de prensa, incluso nacional, que nos dan idea de su participación en importantes acontecimientos militares de la citada guerra.

Nacido en Requena el 30 de enero de 1785, fue bautizado ese mismo día en la iglesia de El Salvador, siendo el tercero de doce hermanos, todos ellos nacidos en Requena.

Desarrolló su labor como organista titular de la iglesia de San Nicolás, aunque por lo que cuentan los cronistas, bien pudiera haber llevado en ocasiones más de una iglesia a la vez. Téngase en cuenta que en nuestra ciudad llegaron a funcionar al menos seis órganos al mismo tiempo durante los siglos XVIII y XIX (iglesias de Santa María, San Nicolás y El Salvador y conventos de San Francisco, San José y El Carmen).

De él nos dice Herrero y Moral:

“... fue de los mejores organistas que tuvo España, como también de los mejores compositores de piezas musicales, de las que dejó escritas muchas de ellas. No temo afirmar que hubiera sido el primero en ejecución si se hubiera visto precisado a vivir del producto de su ciencia, pero como se casó con una señora que le proporcionó lo necesario para vivir decorosamente, no salió de Requena a aguzar su ingenio, y aquí murió sin dejar sucesión ni reemplazo alguno” (Herrero y Moral, 1890, p. 291).

Podemos apreciar que Herrero le tenía en gran estima y no dudaba en exagerar sus virtudes, pero su opinión de prensa amarilla aporta datos de interés que en su momento nos hicieron ahondar con mayor ahínco en los archivos.

En el libro “Campo Arcís: Cooperativismo y viticultura” (Piqueras, 2009), se cita a Martín Clavijo como propietario de la finca “Casa de la Sima”, con 81 peonadas de viña y 348 almudes de cereal. Son datos de 1855. No iba descaminado Herrero y Moral.

El cronista requenense indica que Clavijo fue alumno del organista Santiago Pradas (1777-1821), compositor e intérprete titular de la Catedral de Cuenca (Bernabeu, 1994, p. 124). No hemos podido hallar constancia documental de esta cita, pero no es descabellado pensar que pudo ser así, dado que Clavijo era siete años menor que el conquense y que, además, Requena pertenecía a la diócesis de Cuenca y Pradas era el músico más destacado de la diócesis en aquellos años. En cualquier caso, Clavijo es un músico sobre el que los futuros musicólogos requenenses deberán profundizar en su momento.

De sus padres, Francisco Javier (nacido en Camporrobles) y Manuela (natural de Mira), nada más sabemos, por lo que no podemos elucubrar nada sobre la tradición musical familiar, aunque el hecho de que los abuelos, tanto paternos como maternos, tengan igual procedencia nos hace pensar que tal vez no sea una coincidencia el que por la época en que nace Martín Clavijo, Mira fuera uno de los centros de fabricación de órganos más importante de Castilla y que la familia Fuentes, de Mira, hubiera sido la encargada de renovar el órgano de San Nicolás y de la construcción del órgano nuevo de Santa María, durante el siglo XVIII (1773, según Bernabeu). No solo los Fuentes, sino también los Rochero  tuvieron talleres de fabricación de órganos en Mira, lo que además y por necesidad profesional supondría la enseñanza de su técnica interpretativa.

A ello hay que añadir que los órganos en general, pero los castellanos en particular, eran máquinas complejas de las que a simple vista podía apreciarse su grandiosidad y belleza, pero por detrás había toda una compleja trama de carpintería, tuberías, fuelles, tubos de plomo, etc., que requerían un mantenimiento constante. Es muy posible que la familia Clavijo Turégano llegara a Requena desde Camporrobles y Mira con objeto de ejercer como sacristanes, pero también como encargados del mantenimiento de los instrumentos.

Tampoco nos deja indiferentes el hecho de que el apellido Clavijo sea el de una familia de músicos de ascendencia aragonesa de los siglos XV al XVII (Clavijo del Castillo), todos ellos compositores y organistas, que ocuparon puestos de relevancia en diversas ciudades españolas (Zaragoza, Valladolid, Sigüenza, Madrid, etc.). Barbieri se ocupa mucho de esta familia en sus investigaciones sobre la música antigua española (Casares Rodicio y otros, 1999, p. 756-761).

Por las fechas en que nos movemos y pensando en que tantas veces los oficios pasan de padres a hijos, apreciamos como en la Historia de Requena (Herrero y Moral, 1890, p. 147-148), el autor cita al sacristán (obligado a conocer al menos los rudimentos del órgano) Francisco Clavijo, en relación con la bendición religiosa de la ermita de San Juan.

En el libro de Quintas de Requena correspondiente a 1806 leemos:

“Martín Clavijo de Francisco, pretendió exención como Sacristán que lo es y Maestro titulado de Organista con título que obtuvo de uno, y otro del Diocesano en el año de 1800 con Salario y Emolumentos por la fábrica, y años de Iglesia, y diez y ocho fanegas de trigo y cebada por mitad en cada un año que se sacan del Acerbo común de los diezmos, antes de hacer las partes entre S.M. Obispo, y demás partícipes de manera que por ello pueden quedarle como renta (¿?), pagando el subsidio correspondiente, como los demás (¿?), y siendo único ordinario y necesario su ministerio en la Iglesia Parroquial de San Nicolás en que sirve, tocando el Órgano, oficiando las misas, sirviendo la Sacristía e Iglesia y custodiando con responsabilidad propia todas su alhajas, y sin embargo de haberse contestado por los interesados, con el Síndico ser así cierto habiendo hecho ver no hay Artículo que le exima de esta contribución, aunque haya otros que favorezcan algunos menos menesterosos, se decretó su inclusión, la que protestó el Interesado para su caso”.

Clavijo recurrió, al parecer, y pocas páginas después vemos que resultó exento

“por Sacristán, con título, salario y emolumentos”.

En 1808 volvía a aparecer su nombre en el libro de Quintas. En agosto de dicho año, la Junta de Gobierno de la provincia de Cuenca ordenó un alistamiento forzoso para reforzar las tropas en guerra con los franceses. Así, Martín Clavijo fue anotado en la relación de “Alistamiento de Mozos solteros y viudos sin hijos desde dieciséis hasta cuarenta años, en cumplimiento de orden superior…”. Domiciliado en la “Escuadra del Castillo”, se indica que era “sacristán tonsurado” (Se llama tonsura al primero de los grados clericales el cual se confería por mano del obispo como disposición y preparación para recibir el sacramento del orden y cuya ceremonia se ejecutaba cortando una parte del cabello. También se llama tonsura al corte rapado circular resultante de este rito). Esta apreciación indica que tal vez Clavijo pensara por aquel entonces en tomar los hábitos, cosa que, como sabemos, no hizo. En la relación figura junto a uno de sus hermanos, Gervasio, anotado como “ayudante de sacristán”. Tampoco esta vez entró en filas, ya que “por su hermano Gervasio, voluntario para este servicio, fue exento sin perjuicio”.

El cronista insiste sobre la relación docente entre Santiago Pradas y Martín Clavijo en su “Anecdotario Requenense” (Bernabeu, 1989, p. 7):

“Durante la guerra de la Independencia se refugió en Requena la Junta de Defensa de la Provincia de Cuenca, que presidía el obispo don Ramón María Falcón, en la que figuraba el célebre organista de la catedral conquense don Santiago Pradas, cuyas composiciones, rebosantes de realismo, reflejaban las palizas que propinaba a su infeliz esposa, pues transmitía al pentagrama sus gemidos y lamentaciones.

En Requena coincidió Pradas con su discípulo Martín Clavijo, con el que, a puerta cerrada, se pasaba las horas al órgano de Santa María”.

Contrajo matrimonio en 1813 con Teresa Martínez García, la viuda citada por Herrero y Moral, seis años mayor que él y al menos con un hijo de su anterior matrimonio, según se desprende del citado libro de Quintas en las correspondientes a 1818, en que Martín Clavijo reclamaba la exención de filas de su hijo político (es decir, hijastro), a la sazón seminarista:

”Don Martín Clavijo, por su hijo político Don Pío Sánchez, clérigo tonsurado colegial en el Seminario de San Julián de Cuenca, hace presente: Que hallándose ambos ausentes al tiempo que se oyeron las Exenciones de los que resultaron contribuyentes anteriormente y en el equivocado concepto de (que) dicho Don Pío debía correr en el alistamiento de la Ciudad de Cuenca, se presentó a proponer la que parece le asistía su Abuelo Político Martín Yranzo quien se reservó cualquiera otra que pudiera darse en dicho Don Pío por impedimento físico según resultara de su exposición, en cuyas circunstancias y no habiendo podido pararle perjuicio con esta reserva, hizo el competente recurso a la Junta Superior...”.

Pero no por el hecho de haber resultado exento del servicio de armas debemos pensar que Clavijo huyera del enfrentamiento político-militar. Tan relevante como su aportación musical a Requena es su significación política y patriótica en la causa liberal.

“El Universal”, continuación de “El universal observador español” (1820) es uno de los periódicos más longevos del Trienio Liberal, considerado, además como el mejor y más moderno del periodo, a juicio incluso de sus mismos coetáneos. De tendencia constitucionalista y liberal templada, se le moteja también de ser más bien ilustrado, y de ser además brazo informativo de los gobiernos moderados del periodo, “destinado a encauzar la revolución liberal, alejándola del peligro de los extremismos”, según Agustín Martínez de las Heras, uno de los más significativos estudiosos de este periódico. Fue dirigido por el afrancesado Manuel José Narganes y en el colaboran el eclesiástico Juan González Caborreluz, del que se dice que fue su fundador, así como José Galdeano, entre otros. Se trata de un diario innovador y de gran tamaño para la época, estructurado en secciones, con noticias de España y del extranjero, dedicándole especial interés a las referentes a ultramar o de Hispanoamérica, pero también a las locales, además de incluir crónicas parlamentarias y de tribunales y extractos sobre la producción legislativa del periodo”.

Transcribo la introducción que hace la Biblioteca Nacional de España sobre este periódico para que el lector tenga claro el contexto en el que se escribe el siguiente párrafo (El Universal, Madrid, 8/V/1822):

“Para el verdadero patriotismo no hay obstáculos insuperables cuando se trata de hacer el bien. Las vergonzosas preocupaciones que detienen y paralizan los planes de ciertos hombres inútiles o perjudiciales a su patria, son despreciadas constantemente por todos los que se glorían de merecer el honroso título de ciudadano. A estas reflexiones nos ha inducido la relación que nos remite uno de nuestros suscriptores de las funciones patrióticas, ejecutadas en el teatro público de Requena por varios individuos de la milicia nacional de dicho pueblo, y por sus familias, con el objeto de que sus productos sirvan para uniformar a todos sus compañeros de la misma milicia.

Entre los actores se cuenta el juez de primera Instancia de aquella ciudad, D. Alejandro Barruchi, comandante de la Caballería local, y teniente coronel de ejército, que en la guerra de la independencia se distinguió como buen patriota. Igualmente se han presentado en la escena Doña Francisca Moral, hija del secretario de aquel ayuntamiento, y Doña Modesta Herrero, hija de D. Francisco Antonio, alcalde primero constitucional que fue en el año anterior. Las piezas representadas han sido la tragedia de Roma Libre y la de Pelayo, y las comedias de Moratín, tituladas El Barón y La Mogigata.

Todas las noches se han cantado himnos patrióticos, cuya música original ha compuesto al efecto el apreciable profesor D. Martín Clavijo, también miliciano local.

El concurso ha sido numeroso, y el orden, la decencia y la fraternidad han reinado entre los espectadores. El ciudadano requenense D. Antonio Tenreiro Montenegro, que ha sido uno de los que más han cooperado al buen éxito de las funciones, dispuso dos monólogos en verso para que sirviesen de introducción a las tragedias, y las dos señoritas mencionadas los recitaron con entusiasmo, fuego y energía. En los intermedios se ha dado cada noche una cuenta detallada al público de los ingresos y gastos, debiendo advertirse que los primeros que han satisfecho sus billetes han sido los mismos actores.

Tal es en compendio el orden observado en la ejecución de este proyecto patriótico. Ojalá que todos los pueblos de la península se animen con el ejemplo de los virtuosos ciudadanos de Requena, y ojalá que veamos en breve armada esa milicia nacional, que ya es el terror de los malvados y el más firme apoyo de las  públicas libertades”.

(Sobre la Milicia en Requena recomiendo la lectura del artículo “La Milicia Nacional en el Distrito Requena-Utiel (1820-1844), de José Luis Hortelano Iranzo, en la revista Oleana, del C.E.R., nº 28).

Bernabeu nos cuenta en su “Anecdotario Filarmónico”, como se instituyó la procesión de “Los Pasos” y la contribución de Clavijo:

“Acabada la desastrosa guerra de Sucesión, se pretendió convertir el convento de San Francisco en una importante residencia de la Orden. Con este propósito, en 1714 enviaron a Fr. Joseph de Sariñena, un frailecico de candoroso talante y de voz angelical; un prodigio de simpatía y gracia manejando la vihuela, que no tardó en ser invitado por las familias más acomodadas de la población, a las que entretenía con historias y canciones piadosas. En escaso tiempo se reunieron limosnas para iniciar la construcción de un Calvario o Vía Crucis que dio nombre a la calle de las Cruces, construyéndose doce "casilicios" (llamados aquí "casutas", ante las que los fieles rezaban los días de Cuaresma, cantando motetes mientras caminaban de unas a otras.

Pero en 1834, recién exclaustrados los frailes, el Calvario fue demolido, por considerarlo en plena guerra Carlista peligroso para la defensa del fuerte de San Francisco. Precisamente aquel año, don Estanislao Montés y doña Rosenda Lapuebla instituyeron en honor de Ntra. Sra. de la Soledad la madrugadora procesión de Viernes Santo, desde el Salvador hasta la ermita de San Sebastián.

Con tal motivo, el celebrado organista Martin Clavijo reunió a los cantores parroquiales para amenizar aquella popular manifestación de fe. Y fue entonces cuando dio a conocer su “O vos omnes” (vibrante motete a cuatro voces y con tres únicos sonidos en cada voz)”.

Con casi cincuenta años y una considerable hacienda personal, fruto del citado y conveniente matrimonio, Martín Clavijo, compositor y apreciado ciudadano era ya una institución en Requena. No es de extrañar que fuera reclamado para puestos políticos de relevancia. En 1834, en el reparto de cargos municipales, fue nombrado Depositario del Real Pósito (lo que vendría a ser tesorero de los fondos del mismo) y un año después, en octubre de 1835, regidor municipal (concejal), por primera vez, además de miembro de la Comisión de Fortificación de la ciudad y regidor encargado de la Escuadra del Portalejo (algo así como alcalde pedáneo).

No sería de extrañar que estos cargos fueran el fruto de su colaboración militar ciudadana, pues al respecto de la participación activa de Martín Clavijo en la Milicia Nacional de Requena durante las incursiones carlistas, tomamos esta noticia del periódico madrileño Eco del Comercio, correspondiente al 7 de octubre de 1835 y referida a la defensa de la ciudad contra el ataque de Cabrera, el 20 de septiembre de dicho año. Se trata de la transcripción de una carta particular dirigida al periódico:

“REQUENA 3 de octubre: El honroso empleo que obtengo de capitán de la compañía de cazadores nacionales del batallón de esta villa, y la satisfacción que me cabe en que la compañía de mi mando unida al resto de la milicia haya humillado la feroz altivez de los rebeldes Cabrera y Torcadell, que con sus facciones reunidas asediaron esta población la tarde del 20 del pasado, es lo que me estimula a dirigirme a vds., y me prometo de su ilustración no clasificarán de reconvención las observaciones que voy á proponerles.

En el apreciable periódico de vds. fecha 29 de setiembre leo la correspondencia que han recibido de esta villa con fecha 26 del mismo, y me sorprende el ver el poco fuego que en ella brilla , pues si bien es cierto que las huestes enemigas atacaron por el punto denominado de las Peñas, también lo es, que no se enumera la crecida fuerza con que lo intentaron: trescientos vándalos desmoralizados, sanguinarios y crueles, formaban la obstinación mas decidida para arrollarnos, mientras que otras columnas no menos numerosas y de iguales sentimientos, dirigían sus arterias hacia otros puntos para consumar sus perniciosos deseos. Cuarenta y seis valientes cazadores, y tres patriotas paisanos, con el ayudante primero D. Faustino Penén y Penén, yo y los subalternos don Manuel Moral, don Emeterio Monsalve y don Juan Cros, eran los que por espacio de cuatro horas y media de un vivo fuego resistíamos sus empujes, y sola la emulación de saber que nuestros dignos compañeros los oficiales don Marcelino María Herrera, Don Juan García del Castañar, don José Trinidad y Herrero, don Martin Clavijo, don Diego Montes, don Silverio Díaz Flor, don Manuel Gómez de Quero, don Ángel Cepeda, don Apolonio Ibañez, don Enrique Zanón, don Ramón Simarro, don Agustín López y don Gregorio Cañete, cubrían unos los puntos que respectivamente se les habían confiado, y otros daban las disposiciones más enérgicas en la defensa, era lo que alentaba nuestro espíritu.

Sí por algún conducto recibiesen vds. comunicaciones, en que desfigurando la verdad de los hechos quisieran suponer algunas otras fuerzas haber cooperado en la defensa de esta villa, desde luego pueden asegurar ser falso, pues únicamente el remedio a nuestro apuro lo formaron 150 nacionales de Cofrentes, que a pesar de haberles dado muy malas noticias de nuestra situación en su marcha, arrostraron por todo, y cayeron en nuestro socorro al obscurecer del citado día 20. Las milicias de Jarafuel, Jalance, Zarra, Teresa y Ayora, con sus dignos jefes a la cabeza, y que siempre serán gratas a nuestra memoria, les vimos llegar al siguiente día llenos del mayor ardor y patriotismo, e igual placer experimentamos con la columna del coronel Eguaguirre, que también llegó aquella misma mañana; empero sin poder participar de nuestras glorias, por haber marchado los enemigos aquella madrugada con dirección a la villa de Siete Aguas, donde han cometido los horrores mas inauditos...”.

La transcripción de esta carta (que bien pudiera ser de Marcelino María Herrero o de José Ruiz de Albornoz) continúa en el citado periódico, pero a nosotros nos basta para el propósito que nos ocupa, que no es otro que subrayar la participación de Martín Clavijo en la defensa de la ciudad como miliciano.

Entre 1846 y 1849 ocupó el cargo de concejal del Ayuntamiento de Requena. Vemos en los padrones de 1847 y 1848 que el matrimonio vivía en la importante Plaza de la Constitución (hoy Ayuntamiento) y seguía ostentando la condición de sacristán y que siempre hubo en la casa dos o tres criadas y algún mozo que suponemos se encargaría del carro y cinco caballerías que refleja alguno de estos padrones.

Hacia 1854 se trasladaron al nº 11 de la calle del Carmen, donde el músico y su esposa vivirían los últimos años, cambiando de criadas con cierta frecuencia, según se desprende de los diversos padrones consultados.

En el Padrón Municipal de 1857 figura con 72 años, casado con Teresa Martínez y García, de 78 años, y consta su profesión de organista y su condición de propietario, con dos sirvientas: Ramona, de Frías (Burgos) e Isabel, de Moscardón (Teruel).

Volviendo a lo poco que sabemos de su faceta como compositor, vemos citada otra de sus obras en el “Anecdotario Filarmónico” (Bernabeu, 1989, p. 7):

“Diremos también que los sacristanes tenían en sus parroquias selectos grupos de cantores y que a mediados del pasado siglo constituía un señalado acontecimiento musical la interpretación de "La Pasión", obra de nuestro Martín Clavijo, cantada por el tenor Fray Joaquin Zanón y los sacerdotes don Valentín y don José Antonio Cepeda”.

Por desgracia, esta partitura no se ha conservado.

Que Martín Clavijo estaba al día de lo que sucedía en el mundo musical de su generación nos consta documentalmente por su suscripción a “El Anfión Matritense”, publicación que define la Biblioteca Nacional:

“Con el subtítulo “periódico filarmónico-poético de la Asociación Musical”, al que más tarde se le añade también el calificativo de “pintoresco”, se editó cuatro veces al mes durante el primer semestre de 1843. Su editor propietario, que aparece como director administrativo, es Juan Manini, director de la Asociación Musical "El Panorama Español", en cuya imprenta se imprimió. Indalecio Soriano Fuertes será su director musical y Miguel Agustín Príncipe, su director literario, que serán también los principales redactores.

Periódico con una cuidada impresión dedicado íntegramente al arte musical, incluye artículos sobre teoría,  instrumentos, técnicas, métodos, adelantos e historia musical y de solfeo, siendo la primera publicación que presta atención a la guitarra. También publicará notas biográficas de artistas y dos secciones de crónicas, una nacional y otra extranjera, con noticias y crónicas de funciones, conciertos musicales y compañías líricas. Además de algunos anuncios comerciales y un grabado en su número 12, da cabida a las composiciones poéticas de autoras como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Ángela Grassi, Carolina Coronado, Josefa Moreno y Nartos y Robustiana Armiño de Cuesta. También colaboran Antonio Alcalá Galiano, Pedro Mata y Joaquín Gaztambide, entre otros.

De ocho páginas por número y paginación continuada, ofreció también dos entregas semestrales de tres láminas cada una”.

Es en el citado número 12 de “El Anfión” donde aparece una lista de suscriptores de toda España. En ella está Martín Clavijo, residente en Requena.

No sabemos si Clavijo mantuvo su condición de sacristán y de organista hasta su muerte, pero tal vez si ejerciera la docencia entre los sacristanes de la ciudad. En el citado Padrón de 1857 (cinco años antes de su muerte), aparecen otros dos organistas: Constantino Cañas y Montés (n. 1809) y Fernando Montés y López (n. 1809). Un hijo del primero, Apolonio Cañas y Viana, y otro del segundo, Fernando Montes y Soriano, figuran también como sacristanes, por lo que debían conocer, por fuerza, los rudimentos del órgano. Ya hemos citado que durante el siglo XIX hubo varios órganos funcionando al mismo tiempo en la ciudad de Requena. Es muy posible que Martín Clavijo enseñara también su oficio a los más jóvenes, como los ya citados y a otros cuyos apellidos se asociarían al órgano en posteriores generaciones, como los Damián o Salinas.

El 25 de julio de 1861 murió su esposa, Teresa. Poco más de un año duraría el organista. Martín Clavijo Turégano fallecía en Requena el 24 de noviembre de 1862, legando para la posteridad la eximia cantidad de quince compases de un motete que se sigue cantando hoy en día. Me resisto a creer que eso es todo y quiero pensar que en un futuro no lejano algún arqueólogo de la musicología encontrará tal vez esa “Pasión” u otras partituras del organista requenense. Hasta entonces, esto es todo lo que he podido averiguar de su vida y milagros.

Marcial García Ballesteros

(Mi agradecimiento a Vicente Argilés Gómez y

 José Pérez Moya por los datos genealógicos)

MOTETE “O VOS OMNES”

Transcripción de Rafael Bernabeu (1957)

O vos omnes 
qui transitis per viam, 
attendite et videte: 
si est dolor similis 
sicut dolor meus. 
Attendite 
universi populi, 
et videte dolorem meum: 
si est dolor similis 
sicut dolor meus.

(Lm. 1, 12) (texto latino)

 

Oh, todos vosotros 
que pasáis por el camino, 
prestad atención y mirad 
si hay un dolor semejante 
a mi dolor. 
Prestad atención, 
pueblos del universo, 
y mirad mi dolor, 
si hay un dolor semejante 
a mi dolor.

(Lm. 1, 12) (traducción)

 

Lm = Libro de las Lamentaciones de Jeremías (La Biblia, Antiguo Testamento).

 

Imagen inicial: Dibujo a plumilla del Órgano de Santa María, por Fernando Morencos (h. 1920-25).

 

Firma original de Martín Clavijo.