DE LA ERMITA DE SAN SEBASTIÁN AL BARRIO DE LAS PEÑAS. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

 

                Un punto de referencia para los requenenses.

                Requena es una localidad que atesora una rica variedad urbanística, histórica y patrimonial, además de natural. La expansión vivida en las últimas décadas no la ha borrado, pese a todo, y hoy en día todavía se reconoce el conjunto de Las Peñas como uno de sus barrios más singulares.

                Al comienzo, todo visitante se acerca a Las Peñas atraído por la ermita de San Sebastián, cuyo artesonado de madera ha dado pie a interesantes disquisiciones. En la obra Antigüedad y cosas memorables de la villa de Requena, que hemos venido atribuyendo a Pedro Domínguez de la Coba, se dice que en la misma había un retablo en el que figuraba en mal estado el año en el que se doró, correspondiente al siglo XIII, por lo que el autor deducía que la ermita databa de tiempos de la conquista castellana a los musulmanes.

                Nada se sostiene de su anterior uso como mezquita. Sin embargo, se ha venido defendiendo que en Las Peñas se establecieron los islamitas a raíz de la dominación cristiana en calidad de mudéjares, donde formarían una morería dotada muy probablemente de organización propia (la aljama) para atender al pago de los tributos reales.

                Lo cierto es que no encontramos en la documentación nada similar a una morería en Las Peñas o en otro punto de la Tierra de Requena. En el libro de cuentas y gastos de Juan Mateo de Luna, elaborado para atender las campañas de Sancho IV en el Estrecho a fines del XIII, no se encuentra ninguna mención. Tampoco se halla en la petición del servicio y medio servicio a los mudéjares castellanos en 1463-64, donde sí figuran las aljamas de Cuenca (con mención especial a Aldeuela), Belmonte o el Castillo de Garcimuñoz. Además, en caso de haber habitado allí una comunidad mudéjar, no hubiera tenido mucho sentido disponer un retablo en un lugar que debería haber sido su mezquita. Para ser exactos, también desconocemos cuándo se puso allí tal retablo, que quizá fuera trasladado desde otro punto.

                Su artesonado es posible que fuera hecho por maestros mudéjares de la carpintería, puede, en una fecha incierta, lo que no entraña de ningún modo la presencia de una morería como resulta evidente.

                Lo que sí es cierto es que antes del siglo XVI en Las Peñas hubo un lugar de culto a San Sebastián, cuya figura se había convertido durante la Baja Edad Media a ojos de muchos europeos en un protector contra la temida peste. También desconocemos la primigenia forma de la ermita y su evolución en detalle, que quizá estuviera muy condicionada por la cofradía fundada antes de 1517. En 1535 la misma acogió a 612 hermanos o integrantes, un número nada desdeñable para la época. No pocos de los mismos canalizarían su piedad hacia la ermita en forma de donativos, cuya gestión tentó la codicia de más de uno. En 1568 el obispo franciscano de Cuenca fray Bernardo de Fresneda quiso zanjar el tema adscribiendo la ermita a la parroquia del Salvador, de la que no sabemos si procedería el retablo del siglo XIII.

                Las alturas de Las Peñas eran muy a propósito para atender a enfermos fuera de las murallas de la villa y de su expansivo arrabal, donde se emplazó el hospital de pobres. Sabemos que en la cercana ermita de Nuestra Señora de Gracia también se atendieron en el siglo XVI con motivo de los ataques de peste. Al mismo tiempo que un referente religioso y asistencial para los requenenses, Las Peñas también lo fueron para los caballeros de la nómina, que en la primera mitad del siglo XVI hicieron sus alardes en su cuesta, cercana precisamente a la ermita.

                La configuración urbana de Las Peñas.

                A mediados del siglo XVII, el número de habitantes de Las Peñas distaba del de la villa y del arrabal. En el reparto de la quiebra del impuesto de los millones se le señalaron nueve contribuyentes frente a los 255 de la villa y los 309 del arrabal. Pese a todo, la zona tuvo una importancia cada vez mayor en la atención de ciertos servicios a toda Requena. Cerca se emplazó el pozo de nieve, de titularidad municipal, encargado de dispensar agua fresca a los vecinos con fines terapéuticos durante la estación de los calores, tan propicia a las enfermedades. A comienzos de la primavera de 1706, con los partidarios de Carlos de Austria en posesión de la ciudad de Valencia, se pensó emplazar un hospital militar en la ermita de San Sebastián.

                El siglo XVIII fue expansivo para toda Requena y para Las Peñas en particular. En la década de 1730 se dieron licencias para edificar aquí casas lindantes con el camino real de Valencia, habitualmente tan transitado. En el padrón fiscal de 1732 se registraron 109 contribuyentes en la escuadra de Las Peñas, que entonces se englobaba en el arrabal, con un total de 587 contribuyentes frente a los 369 de la villa, los 110 de la vega  y los 52 de las caserías.

                En 1795 Las Peñas ya presentaban su particular configuración urbana. Frente a la ermita de San Sebastián se abría la plaza del mismo nombre, núcleo de su callejero. Los problemas militares y políticos del primer tercio del siglo XIX no mermaron su dinamismo y en 1832 se registraron en la calle de San Sebastián cincuenta y nueve vecinos, en la del pozo de nieve veinticinco o treinta y cuatro en la del estrecho, por ejemplo. En 1854 los 1.715 vecinos de Las Peñas podían compararse con los 1.847 de la villa y los 2.670 del arrabal. Entonces se creyó oportuno convertir su ermita en ayuda de la parroquia del Salvador para que los más madrugadores no se tuvieran que desplazar con inseguridad al alba. Ya entonces el barrio de Las Peñas ofrecía su característico perfil en uno de los altozanos de Requena.

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

                Libro de actas municipales de 1535 a 1546 (2896), de 1650 a 1659 (2740), de 1731 a 1734 (3263), de 1798 a 1802 (2735) y de 1854 a 1855 (2778).

                Reparto de fondos para la construcción de la cárcel de Cuenca y crianza de expósitos, nº  2229/ 10