DECADENCIA Y REFORMA: EL CARMELO REQUENENSE EN LA ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS. POR EUGENIO DOMINGO IRANZO.

    La fundación del Convento del Carmen de Requena, dentro del reino de Castilla, se inscribe en el marco del proceso iniciado en el siglo XIII de expansión de la orden carmelita dentro de la Península, ya extendida hasta ese momento por los dominios de la Corona de Aragón gracias a la labor protectora de sus monarcas. La rápida expansión de las órdenes mendicantes en general durante el bajo Medievo, con su establecimiento en buen número de villas y ciudades españolas, tuvo mucho que ver con el anquilosamiento del monacato benedictino que poco a poco había ido perdiendo el apoyo social, así como la incapacidad de los clérigos seculares para afrontar los nuevos retos de una sociedad mucho más dinámica y cambiante, de profundos cambios sociales y económicos.    

    Como auténticos agentes urbanizadores de este nuevo tiempo, las órdenes mendicantes construyen sus monasterios en las afueras de las ciudades, en los suburbios, buscando el contacto directo con la gente. De este modo, los carmelitas elegirán para su establecimiento en Requena el nuevo Arrabal, extramuros, habitado por comerciantes, judíos y artesanos, como reflejo del crecimiento  demográfico y del desarrollo económico y comercial de la nueva villa requenense. Asimismo, y ubicado en el camino hacia Valencia, en pleno discurrir viario y comercial, el nuevo monasterio será frecuentado por peregrinos y transeúntes, pero también por aquella población más desfavorecida de menesterosos y mendigos. Un lugar, en definitiva, idóneo para poder llevar a la práctica su finalidad religiosa pero también asistencial a través de la predicación y evangelización.

    Desde su fundación, que podría situarse en el primer tercio del siglo XIV, el monasterio requenense perteneció a la provincia carmelita de “Yspania”, de la que formaban parte los conventos valencianos, catalanes, aragoneses, castellanos y portugueses. En el capítulo general celebrado en Perpiñán en 1354 quedaba constituida la nueva provincia de Cataluña, que se separaba de la de España o Aragón, llamada así indistintamente, y formada desde ese momento por los conventos valencianos y aragoneses de Huesca, Valencia, Zaragoza y Calatayud, los castellanos de Toledo, Gibraleón y Requena, y el portugués de Moura.

    Fue a comienzos de la centuria siguiente, en el capítulo general celebrado en 1416, cuando tenga lugar el nacimiento de la provincia de Castilla, tras una nueva división de la provincia de España. De esta manera, y por un lado, quedaba la provincia de Castilla, también llamada de España, formada por los conventos castellanos de Requena, Ávila, Toledo, Santa María de los Valles-Torresandino y San Pablo de la Moraleja, los andaluces de Gibraleón, Sevilla y Escacena, y los portugueses de Moura y Lisboa; y por otro la de Aragón, formada por los conventos aragoneses, valencianos y navarros de Huesca, Sangüesa, Pamplona, Zaragoza, Valencia y Calatayud. Más tarde, en el capítulo provincial celebrado en 1425, ya constaba la existencia de la provincia de Portugal integrada por los conventos de Moura y Lisboa.

    La provincia de Castilla surgía en un momento difícil, en pleno Cisma de Occidente (1378) que había llevado a la Iglesia a su división en dos obediencias, Roma y Aviñón. Además, el panorama era desolador tras la epidemia de peste que había asolado Europa medio siglo antes, lo que justificaría la exiguas fundaciones producidas a lo largo del siglo XV en su Provincia, únicamente las de Ecija (Sevilla) en 1428, y Salamanca cuya fecha de fundación no se conoce pero del que ya se tienen referencias en 1480.

    Las noticias del Carmelo castellano durante este siglo son escasas pero denotan la crisis y el aislamiento en el que estaban inmersos sus conventos. Desde 1416, año de su creación, y hasta el año 1564, su provincial asistía únicamente en cuatro ocasiones a un capítulo general de la Orden, por el contrario eran frecuentes las asistencias de aragoneses y catalanes a estos capítulos cuya celebración tenían lugar en los estudios de París, Tolosa, Perpiñán y Roma, entre otras ciudades europeas. A esto se le unió, en pleno periodo de crisis, la separación entre los conventos andaluces y castellanos dentro de la provincia de Castilla (1498), a petición de los primeros, alegando la distancia con los conventos castellanos en los que se acostumbraba celebrar estos capítulos provinciales.

    La grave crisis bajomedieval que sacudió la Europa de los siglos XIV y XV, marcada por las epidemias, hambrunas y guerras, tuvo su reflejo en la propia institución eclesiástica afectada de una profunda decadencia religiosa y moral. En este contexto, el convento requenense, y bajo la amenaza de ruina y disolución, solicitaba su incorporación a la provincia de Aragón, motivando la distancia y el aislamiento con el resto de conventos de la Provincia lo que le dificultaba su asistencia a los correspondientes capítulos provinciales. Esta petición fue aceptada en 1472, pero su resolución nunca llegaría a aplicarse ya que el convento requenense siguió unido a la provincia de Castilla.

    El deterioro generalizado, con una excesiva relajación de los hábitos y costumbres de los religiosos, propició el nacimiento de un movimiento de reforma en el mismo seno de la Iglesia. Este movimiento, llamado de la Observancia, suponía para los carmelitas, y también para el resto de órdenes religiosas, la vuelta al primer espíritu de la Orden. El vicario general Nicolás Audet, seguidor de las tesis del reformista Juan Soreth, sería el precursor de esta renovación ejemplarizante en el Carmelo, reclamando la restauración del culto divino, las costumbres monacales y observancia regular y la reducción de las exenciones y privilegios a graduados y estudiantes, criticando asimismo la venta de dispensas y beneficios por los perjuicios que acarreaba.

    Los delegados de Audet actuarían con rigor para sanear la institución, sin embargo, y al contrario que en otras órdenes españolas, como franciscanos y dominicos, la reforma no llegaría a tener casi incidencia en los conventos castellanos durante toda la segunda mitad del siglo XV, una circunstancia que vino favorecida por la excesiva permisividad de Roma a la hora de otorgar estas dispensas y privilegios, retrasando su implantación varias décadas.

    La reforma contó también con el apoyo de la Corona. La reina Isabel se ocuparía personalmente de promoverla entre los carmelitas de Castilla, encargando esta misión a los arzobispos de Toledo y Palencia. Entre 1502 y 1503 el arzobispo de Toledo, Francisco Ximénez de Cisneros, intervenía a través de sus delegados en la reforma de varios conventos castellanos, no dudando en proceder duramente contra algunos de estos frailes relajados. La relajación fue generalizada en los distintos conventos castellanos, y especialmente escandalosa en Requena, sobre todo en lo referente a los principios de castidad y obediencia. En 1514 la justicia y regidores de Requena, así como el juez de residencia, se dirigían a la Cámara de Castilla denunciando a los frailes del convento a los que calificaba de rufianes públicos, pues “tyenen mugeres casadas por mancebas”, pero no quedaban ahí las cosas, ya que además se les acusaba de dar cobijo a malhechores.

    El gran perjuicio que estos frailes causaban a la villa requenense con su conducta llevaba a las autoridades locales a instar su reforma, una tarea nada fácil al no contar con la colaboración y aceptación de los frailes. Así quedaba de manifiesto en 1532 en una Provisión de Carlos V en favor del prior de Requena, fray Francisco Polo. En ésta, y a pesar de haber sido informado por el Papa Clemente VII de que los conventos de la provincia de Castilla habían sido reformados con consentimiento de todos los frailes y priores, se hacía referencia al temor de que algunos frailes del monasterio de Requena no aceptasen estar bajo la obediencia de su prior, para no ser reformados, pues “han intentado e intentan cosas contra dicha reformación, e an procurado e procuran de impetrar, o an impetrado algunas bulas o letras apostólicas para se quitar de la dicha Observancia, e por ser ellos señores del dicho monesterio”.

    A pesar de la fuerte oposición manifestada en buena parte de los conventos de la Provincia, la reforma acabaría por implantarse en su totalidad, lo que provocaría la salida de la Orden de buen número de frailes al no soportar el rigor de la Observancia. Con esta primera reforma se sentaron las bases de una renovación total que sería liderada en los años siguientes por dos de las más célebres figuras del Carmelo español, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, pero que llevaría a la división definitiva de la Orden (1593) entre aquellos carmelitas que asumieron la nueva reforma con el nombre de Descalzos, y los que no, llamados Calzados o de la Antigua Observancia.

    Decreto de 28 de mayo de 1472 del General de la Orden Cristóbal Martignoni, desde Asti (Italia), por el que el Convento del Carmen de Requena quedaba separado de la Provincia de Castilla y agregado a la de Aragón.

    Archivo General de la Orden del Carmen, II Castella 4. Roma (Publica: Pablo María GARRIDO, O. Carm. Documentación relativa a la antigua provincia carmelita de Castilla (1416-1836). Institutum Carmelitanum. Edizioni Carmelitane. Roma. 2008. Doc. 13. Págs. 42-43).

    Fr. Chrisotphorus, humilis Prior Generalis totius Ordinis Fratrum Dei Genitricis et Virginis Mariae de Monte Carmeli, dilectis nobis in Christo venerabilibus priori et fratribus nostri conventus Requenae salutem, et per obedientiam salutarem caelestem coronam adipisci.

        Sane cum intellexerimus praedictum conventum Requenae permaximam minari ruinam et totalem fere disolutionem, et hoc propter longam distantiam ab aliis Provinciae Castellae conventibus, propter quam raro vel nunquam a suis provincialibus visitatur, habeatque Provinciam Aragoniae quoad conventum Valentiae sibi valde vicinam et accomodam; quare ex parte aliquorum filiorum ipsius conventus Requenae fide dignorum nobis fuit humiliter supplicatum quatenus dignaremur dictum conventum applicare Provinciae nostrae Aragoniae. Nos vero eorum dignae supplicationi annuere volentes, sperantes quod praedictus convenus, qui iam, ut praefertur, minatur interitum, ex voto huius supplicationis debeat ratione vicinitatis conventus Valentiae reformari et in omnibus meliorari, auctoritate nostra, tenore praesentium, praedictum Requenae conventum separamus a Provincia Castellae et eum cum filiis suis integrum Provinciae nostrae Aragoniae associamus, volentes quod fratres et conventuales dicti conventus Requenae loco et voce et aliis gratiis et privilegiis gaudeat, quibus alii conventus dictae Provinciae Aragoniae in capitulis provincialibus et extra capitula secundum Deum et nostri Ordinis statuta gaudere consueverunt. Mandantes omnibus et singulis fratribus nobis inferioribus, cuiuscumque gradus aut officii existant, in meritum sanctae obedientiae et sub excommnunicationis sententia ipso facto, quatenus praemissae nostrae applicationi et renovationi nullum praestent impedimentum.

        Datum in nostro conventu Astensi sub sigillo nostri generalatus officii XXVIII mensis Maii, anno Domini millessimo CCCCLXXII.- Fr. Christophorus Martignonus.

    FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

    CUADRADO SÁNCHEZ, Marta. Un nuevo marco socioespacial: emplazamiento de los conventos mendicantes en el plano urbano. VI Semana de Estudios Medievales: Nájera, 31 de julio al 4 de agosto de 1995. 1996. Págs. 101-110.

    GARRIDO, Pablo María. El solar carmelitano de San Juan de la Cruz. La antigua provincia de Castilla (1416-1836). Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1996.

    STEGGINK, Otger. La reforma del Carmelo español. La visita canónica del general Rubeo y su encuentro con Santa Teresa (1566-1567). Roma. Institutum Carmelitanum. 1965.

    VELASCO BAYÓN, Balbino. Los Carmelitas. Historia de la Orden del Carmen. IV. El Carmelo español (1260-1980). Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1993.

    Archivo General de Simancas. Cámara de Castilla. Pueblos. 16.1 - 66. Memorial de la justicia y regidores de Requena quejándose de la mala vida y costumbre de los carmelitas de Requena. 1514.

    Archivo General de Simancas. Sello, IV – 1532. Provisión de Carlos V en favor de fray Francisco Polo, prior del Convento del Carmen de Requena. 1532 (cita y transcribe parcialmente, GARRIDO, Pablo María. El solar carmelitano de San Juan de la Cruz. La antigua provincia de Castilla (1416-1836). Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1996. Pág. 46).

Escudo de los Carmelitas en la fachada del antiguo

Convento del Carmen de Requena.