EL CONCEJO DE REQUENA Y LOS FRANCISCANOS EN LA ÉPOCA DEL QUIJOTE. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

                

                Sin la asistencia municipal la vida monástica en Requena se hubiera visto seriamente dificultada, como se comprueba en el caso de los franciscanos. En la España de la Contrarreforma los poderes civiles colaboraron estrechamente con los religiosos por razones particulares. La fundación franciscana resultó de interés económico, social y religioso para los prohombres locales, pero las dificultades del tránsito del siglo XVI al XVII depararon más de un problema.

                Desde 1574 se les asignó para su establecimiento la sustanciosa dehesa de Realeme, al igual que al Carmen se le concedió la de Albosa, aunque el 14 de mayo de 1587 algunos vecinos, cuyos nombres no ofrece la documentación con cautela, lo contradijeron. Las obras del convento prosiguieron mientras tanto y para poder satisfacer los 700.000 maravedíes (unos 1.035 ducados) al conquense Francisco Márquez de Mansilla se facultó el 12 de julio de 1590 al residente en la corte Juan de la Cárcel Marcilla a que solicitara prorrogar la dehesa.

                Las alegrías no duraron mucho, ya que el 24 de octubre de 1596 se advirtió a los conventos que suponían mucho dinero para las arcas municipales y el 20 de marzo de 1597 los regidores interpusieron contradicción del goce de la dehesa al monasterio y frailes extramuros de San Francisco. El 9 de abril de 1598 Francisco Márquez de Mansilla no vio reconocidos 110.000 maravedíes por los trabajos del oficial de cantería Pedro de la Vaca, que excedieron lo tasado por la justicia.

                 Entre 1600 y 1601 los impagos volvieron a angustiar el desarrollo de las obras de construcción, pero al final el 14 de marzo de 1602 el municipio volvió a prorrogar la concesión de las rentas de Realeme al estar erigiéndose por aquel entonces el claustro y estar pendiente la de la iglesia y otros elementos.

                En estos años de incertidumbre los franciscanos buscaron trasladarse sin éxito a la villa, lo que frenó el concejo, que el 30 de enero de 1603 demostró su patronato disponiendo en San Francisco el escudo de armas de la villa, algo que siempre trató de dejar claro. Corrió entonces con los gastos del cercado de su viña, que no gozaba de frutos, el 6 de julio de 1611 y el 30 de mayo de 1613 comisionó para las obras a Francisco Martínez Godoy y a Juan García Martínez Gil. En 1629, según Domínguez de la Coba, el cuerpo principal del convento se había concluido.

                Obra pictórica de don César Jordá Moltó, con el convento de San Francisco al fondo.

                

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

                Libro de actas municipales de 1587 a 1593 (nº. 2898), de 1593-1600 (nº. 2897), de 1600-07 (nº. 2894) y de 1608-15 (nº. 3267).