EL SEDERO NUEVE DE OCTUBRE DE REQUENA. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

                

                La extensa Ruta de la Seda también abraza Requena, que en el siglo XVIII se convirtió en un estimable núcleo sedero como es bien sabido.

                Tal día como hoy, 9 de octubre, la Hermandad y Arte Mayor de mercaderes y fabricantes de tejidos de seda de Requena procedía a elegir sus oficios, encargados de velar por el cumplimiento de sus ordenanzas.

                Estas ordenanzas tomaron en líneas generales como modelo las del gremio de sederos de la ciudad de Valencia del 13 de octubre de 1479. En 1725 se presentaron a la Real Junta de Comercio y Moneda unas ordenanzas de gobierno para ser aprobadas por el Consejo de Castilla. Muchas de sus disposiciones no consiguieron el beneplácito de las autoridades y las restantes quedaron como huérfanas y carentes de coherencia, lo que originó pleitos entre maestros. Tal inconveniente, como se reconoció oficialmente, resultó muy embarazoso cuando en Requena se llegaron a registrar 244 maestros y sus tejidos se remitían a Madrid, Sevilla, Salamanca, Cádiz y otros puntos. El lujo aristocrático y el mercado indiano fueron poderosas palancas. El 28 de julio de 1737 se aprobaron las ordenanzas en cuestión por real despacho. Debían encaminarse a la reformar de excesos y fraudes.

                Bajo el patronato de San Jerónimo, que según la tradición fue el primer cardenal que vistió seda, se celebraba anualmente en la iglesia de Santa María un aniversario general por las almas de los maestros difuntos y bienhechores de la hermandad.

                Cada 9 de octubre se hacía una junta general allí, a la llamada de la campana tañida, cuya convocatoria supervisaba el juez de la hermandad para evitar las discordias. Ya el día anterior el andador había repartido entre los miembros de la Hermandad una esquela o notificación del primer mayoral con indicación del día, hora, lugar y orden a tratar. Por razón de enfermedad se permitía no asistir.

                Solo con cinco miembros, con voto y facultad de asistencia, ya se formaba junta. Se sentaban por orden de prelación desde el primer mayoral al maestro más joven. Precisamente en la junta del 9 de octubre se debían escoger los oficios de la Hermandad: el de primer y segundo mayoral, primer y segundo veedor, contador, tesorero, depositario, andador y un escribano del número de Requena.

                Estos diputados eran nombrados por los mayorales, veedores y contador del ejercicio que finalizaba, lo que dio pie a la cooptación entre personas del mismo grupo rector, pese a que no se podían nombrar parientes. Junto a los diputados se eligieron seis consiliarios, elegidos de igual modo por los seis anteriores. Su valor equivalía al de todos los maestros y junto a los diputados trataban los temas de gobierno de la Hermandad. Se dijo querer evitar la convocatoria de maestro alguno para no distraerlo de sus quehaceres y no incurrir en pleitos. Para volver a ser diputado o consiliario se debían aguardar tres años, pero no para ejercer una función distinta.

                Todos los maestros debían de ser naturales de Requena o con diez años de ejercicio en la misma. Los diputados tenían facultades de examinadores. El primer mayoral llamaba a las juntas y visitaba los telares, las casas de maestros y otras partes. Disponía del libro de cuenta y razón, tomando la última el contador y el tesorero la cuenta. Los mayorales supervisaban la contratación de aprendices, consignándolo en el libro de asientos de los mismos. Todo oficial debía de tener al menos 18 años y cuatro de aprendiz. Junto a los veedores, los mayorales inspeccionaban o visitaban.

                En aquella jerarquizada Hermandad la viudedad y la pobreza no invalidaban la pertenencia y bajo su égida se elaboraron tejidos, según la Real Pragmática de 1684, tan variados como tafetanes dobles, sencillos, terciopelos, rizos de tres pelos, felpas, damascos, rasos, brocatelos, gorgoranes, chamelotes, ormefies, picotes, sargas, buratos, teletones, rayadillos, segries, mantos de peine, de torcidillo, de humo y pañuelos, lo que constituía una espléndida mocadorà (dicho en términos de la ciudad de Valencia) para una sedería como la de nuestro siglo XVIII.

                Fuentes.

                Ordenanzas de la Hermandad y Arte Mayor de mercaderes y fabricantes de seda de la villa de Requena aprobadas por Su Majestad (Dios le guarde) por su Real Despacho de 28 de julio de 1737. Imprenta de Francisco Burguete (impresor del Santo Oficio), Valencia. Colección documental Herrero y Moral.