EN BUSCA DE LA LABOR FRUCTÍFERA: EL INSTITUTO DE REQUENA DE 1931 A 1932. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

 

                El Estado reformista republicano.

                El Bienio Reformista de la II República, ciertamente intenso, tuvo lugar verdaderamente entre 1932 y 1933, cuando el nuevo Estado se puso en marcha, una vez aprobada la Constitución del 31. Las flamantes autoridades comenzaron a ejercer sus funciones, y el 25 de enero de 1932 el Ministerio de Hacienda solicitó al de Instrucción Pública el inventario general de edificios públicos y solares a fecha del pasado 31 de diciembre, a través del rectorado.

                La política laicista se concretó en nuestro caso a propósito de la enseñanza de la religión, que desapareció de los planes de estudio. El 23 de marzo de 1932 se dio cumplimiento al Decreto del 12 de aquel mes para no causar problemas de calificación a los alumnos de la suprimida asignatura de religión

                El 19 de noviembre de 1933 se celebró la primera vuelta de las segundas elecciones generales de la República, y ese mismo día se recibió circular sobre la documentación de pago de los haberes del personal de sustitución de la enseñanza religiosa. Fueron momentos de cambio, que en el caso del Instituto de Requena se materializó en un deseo de renovación ciertamente apreciable.

                La preocupación por disponer de un Instituto a la altura.

                El Instituto había sido un anhelo de la sociedad de Requena y su municipio se había interesado vivamente por su suerte, con independencia de la dotación presupuestaria que se pudiera asignar de manera más concreta en un momento dado. Tanto los profesores como los alumnos laboraron para que el Centro pudiera ofrecer todos los estudios de secundaria entonces en vigor. Su situación definitiva, por ende, preocupaba antes de recibir la consideración legal de Nacional por el gobierno republicano. Con el nuevo régimen, se suprimió el 7 de agosto de 1931 el Plan Calleja de Bachillerato y se restableció el Plan de Estudios de 1903. La Enseñanza Secundaria se estructuraría finalmente, por el Plan del 29 de agosto de 1934, en dos ciclos, el de la prolongación de la primaria (de 12 a 15 años) y el de la preparación a la Universidad (de 15 a 18).

                La creación en 1932 de una sección preparatoria de ingreso tuvo el objetivo de tender un puente didáctico e institucional con los niveles superiores de la enseñanza primaria, en línea con las modernas experiencias hoy en funcionamiento. Desde este punto de vista, el Instituto pretendía ser el receptor de los jóvenes de la tercera infancia para acompañarlos hasta las puertas de la edad adulta.

                Las cifras de alumnos matriculados acreditan no solo la consolidación del Instituto, sino también la necesidad de ampliar el abanico de la oferta educativa, con un significado incremento del número de matriculados de régimen libre (algunos de ellos procedentes de los anteriores colegios religiosos):

Curso académico

Alumnos oficiales

Alumnos colegiados

Alumnos libres

Total

1931-32

87

-

563

650

1932-33

107

-

839

946

1933-34

121

-

781

902

 

                Disponer del personal más apropiado no resultó fácil, como aconteció con la plaza de ayudante de la sección de Letras, cuyo único aspirante Manuel López Vives se alzó con la misma el día 15 de febrero de 1932.

                La prosecución de unas buenas prácticas.

                El profesorado que impartió clases de secundaria durante este período histórico no partía de cero, precisamente, ya que entre finales de la Dictadura de Primo de Rivera y el amanecer de la república se había trabajado interesantes puntos de organización académica y de dotación de ayudas a estudiantes dentro de un espíritu de autonomía de Centro bajo la supervisión del Rectorado de la Universidad de Valencia (más específicamente desde su Junta de Gobierno), que entonces ejercía funciones hoy encomendadas a la Inspección. Entre muchos catedráticos afines a la República, aquélla se encontraba asociada al afán de control de la Dictadura.

                Examinar a finales de la primavera a muchos alumnos libres, residentes en otras localidades a lo largo del curso, suponía un problema no menor para una Requena que literalmente se quedaba pequeña. Las dificultades para encontrar alojamiento obligaban a escoger con tiento la fecha exacta de los exámenes finales. A la discreción del director al respecto se recurrió cuando el 18 de mayo de 1932 se organizó el cuadro de profesores de los distintos tribunales examinadores.

                Es bien sabido que la II República no advino en un momento económico propicio, precisamente. Aunque durante un tiempo se ha discutido del impacto exacto del Crack del 29 en España, lo cierto es que la Gran Depresión terminó afectando a la economía española, con algunos sectores muy orientados hacia la exportación pese a la importancia de las tarifas arancelarias coetáneas. La viticultura de nuestra comarca, atenta desde hacía décadas al mercado, encajó un severo golpe y se planteó una aguda crisis del trabajo o paro de muchos trabajadores agrícolas, con incidencia en el consumo y en los negocios.

                La suerte de muchas familias no resultó indiferente al profesorado del Centro, que tuvo una actitud muy machadiana al preocuparse no solo de qué estudiaban sino también que comían sus estudiantes. La matrícula gratuita, libre de tasas ciertamente caras, de los alumnos oficiales o de los que seguían estudios completos durante el curso en el Instituto se abordó en claustro de 4 de septiembre de 1932.

                El 28 del mismo mes ya se hizo saber que serían 11 los beneficiarios del primer curso, 3 los del segundo, 1 del tercero, 3 del cuarto  y otros 3 del quinto. A estos veintiún estudiantes se sumaron el 7 de mayo de 1933 otros treinta y dos a beneficio de un curso o del número equivalente de asignaturas (casi un precedente de los modernos créditos). Se les exigió no tener papeletas de examen devueltas en blanco, pues se consideró la beca igualmente una gratificación del esfuerzo académico. De un muchacho como José García Valero, beneficiario de la medida, se destacó con admiración su reconocido amor al estudio, parejo a su carencia de medios.

                El 10 de octubre de 1933, en los umbrales de un nuevo curso, se concedió matrícula gratuita a 8 estudiantes en el primer curso, a 10 en el segundo, a 8 en el tercero, a 2 en el cuarto, a otros 2 en el quinto y a 2 más en el flamante sexto curso, ya impartido en el Centro. Se habían alcanzado los veinticuatro becados, con personas posteriormente tan significadas como la alumna de 1º Pilar Piqueras Martínez y el alumno de 3º José Martínez Guerricabeitia. Pilar militaría más tarde en las Juventudes Socialistas Unificadas, y secundaría a Carmen Monteagudo en 1938 en la secretaría del comité de Requena de la Agrupación de Mujeres Antifascistas. José, originario de Villar del Arzobispo, se convirtió con el tiempo en uno de los creadores de la totémica editorial Ruedo Ibérico. Fue hermano del afamado filántropo y coleccionista de arte Jesús Amor, otra figura destacada de la cultura española del siglo XX que también estudió en el Instituto de Requena.

                Novedades en la pedagogía y en la camaradería.

                La comunidad educativa, plasmación clara de la convivencia del Centro, se hizo especialmente visible cuando el 4 de septiembre de 1932 los estudiantes de cuarto curso tomaron la iniciativa de reclamar de las autoridades educativas los estudios de quinto con la aquiescencia del director Luis María Rubio Esteban.

                La puesta en marcha de una sección preparatoria de ingreso entrañó la necesidad de un espacio didáctico dotado con el material correspondiente, a mitad de camino entre la sala de exámenes y el gabinete de estudios prácticos.

                La clave estaba en practicar, más allá de teorizar, y el 9 de diciembre del 32 se recalcó en el carácter práctico de la enseñanza para que rindiera verdadera utilidad a los alumnos, sin estar reñida con su amenidad: un planteamiento muy ciceroniano que fue puesto en boga por la Institución Libre de Enseñanza. Las excursiones fueron algo más que meros paseos de esparcimiento juvenil, y las propuestas para el primer trimestre del curso 1932-33 se orientaron a un conocimiento más preciso, más sobre el terreno, de las principales fábricas de Requena, en particular a las de harina. Las excursiones se realizaban los sábados por la tarde e incluían ejercicios de geografía, ciencias naturales o matemáticas. Como la localidad se quedaba pequeña, el director del Instituto propuso el 7 de mayo de 1933 una gran excursión a Zaragoza y Barcelona para conocerlas mejor y visitar museos, a cargo de los profesores de Literatura y Dibujo, y colaboración de la Junta Económica del Centro. El gusto por las actividades al aire libre también llevó al desarrollo de los campos de deporte, bajo la supervisión de la ayudantía de Educación Física.

                Los lazos de camaradería profesional y de reconocimiento a la labor ejercida fueron más que evidentes a propósito de la cálida bienvenida tributada el 28 de septiembre de 1933 a los profesores Almeida y Chousa, que a su vez no tuvieron inconveniente en que prosiguieran en ejercicio los responsables de los cargos directivos.

                Más allá de las aulas.

                Durante aquellos años, el Instituto manifestó un claro interés por lo sucedido más allá de su ámbito más estricto. Debido al siniestro acaecido en la Universidad de Valencia se acordó el 18 de mayo de 1932 la contribución de dos días de haber por los claustrales, además de la voluntaria de los alumnos. A 11 de julio el rector agradeció la aportación de 656 pesetas. No era una suma baladí, cuando el Instituto padecía carencia de sillas, mesas y de una instalación adecuada de alumbrado, difíciles de subsanar por los problemas económicos del Ayuntamiento.

                Sin embargo, la mayor aportación que podía efectuar el Instituto era la del conocimiento. El profesor Jesús de la Peña impartió conferencias divulgativas sobre la Constitución republicana, orientadas especialmente a los obreros. La Biblioteca del Centro se convirtió en popular igualmente, y se insistió en la enseñanza de las Ciencias Naturales y la Agricultura como útiles para la vida local.

                La política, por ende, entró en la dinámica del Centro. El 28 de octubre de 1933 se permitió la asistencia de profesores y alumnos al homenaje a la memoria de Blasco Ibáñez que tendría lugar en Valencia los días 30 y 31 del mismo mes, que serían declarados no lectivos. A 15 de noviembre se suspendieron las clases del 16 al 20 en el distrito universitario de Valencia por el periodo electoral, un proceder que al final no siguió la dirección del Centro. Hoy en día pueden parecer medidas extremadas, pero España vivía unos momentos muy especiales, los de un cambio social y político que al final descarriló.

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO IES UNO DE REQUENA.

                Carpeta de documentos de entradas de 1928 a 1934.

                Carpeta de documentos de salidas de 1928 a 1934.

                Libro de actas de las sesiones celebradas por el claustro de profesores desde el 22 de octubre de 1928 al 21 de septiembre de 1950.

                Libro de actas de la Junta Económica del 29 de noviembre de 1928 al 12 de enero de 1937.

                Capítulo anterior.

                http://cronicas-historicas-de-requena.webnode.es/news/el-instituto-de-requena-y-los-comienzos-de-la-ii-republica-por-victor-manuel-galan-tendero/