ENTRADAS Y SALIDAS DE PERSONAS EN LA REQUENA BAJOMEDIEVAL. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

                El resbaladizo estudio de las migraciones.

                La Historia ha estado marcada por los movimientos de las personas desde que eran cazadoras a la busca de sus presas. La sedentarización a partir del surgimiento de la agricultura y de la ganadería ha añadido nuevos matices a la condición errante de los seres humanos.

                El estudio de las migraciones de alcance variable se ha visto enormemente facilitado con la aparición de los registros estadísticos, que nos permiten profundizar en las cuestiones de número, procedencia, destino y motivaciones de los que se pusieron en camino para cambiar su lugar de residencia. Para la Edad Media nuestras fuentes son muy parcas, pero una gran cantidad de referencias en los documentos cancillerescos de las expansivas monarquías, en los eclesiásticos y en los municipales nos permiten al menos conocer algo, hacernos una idea por vaga que sea de sus líneas generales.

                La Baja Edad Media nos brinda elementos más sólidos de información que la Alta. Se pueden anotar algunas cuestiones de no escasas localidades de la Europa de los siglos XIV al XV.  Requena es precisamente una de ellas. Nuestra localidad no ha conservado las actas municipales de aquella época ni otros muchos documentos fundamentales, como los libros de repartimiento de los bienes de su término como sí ha sucedido en Murcia, Lorca o Sevilla. La procedencia real de nuestros repobladores queda un tanto en el aire para el historiador, pese a que supongamos su procedencia de otros puntos del sistema Ibérico. En todo caso queda bien claro que la conquista cristiana entrañó un extraordinario movimiento de población.

                Las menciones en varias transacciones en los bienes de la catedral de Cuenca, ciertas reclamaciones atendidas por los reyes de Aragón, algunas peticiones de la ciudad de Valencia y varias entradas de nombres en el registro de fuegos del reino de Valencia de 1510 nos permiten trazar con todas las prevenciones este primer cuadro.

                

                El marco legal.

                La libertad de movimientos proclamada por los más progresistas a los cuatro vientos ha sido y es más teórica que real. Las autoridades de distintas comunidades humanas acostumbran a restringirla o regularla en nombre de una serie de principios y de intereses.

                El municipio de Requena, como otros concejos castellanos, puso una serie de condiciones para ser vecino, la categoría legal que daba derecho a disfrutar de los bienes del término de una manera más completa. Para la Baja Edad Media no tenemos constancia documental de ninguna restricción del arrendamiento de las dehesas a los forasteros, como sucedería el 23 de febrero de 1547.

                En varias ocasiones se requirió el salvoconducto real para poder circular y comerciar sin mayores problemas por otro reino. El 4 de julio de 1303 el requenense Jaime Pérez lo consiguió de Jaime II para realizar sus actividades mercantiles en el reino de Valencia. El deber de pagar una serie de tributos, más allá de la hostilidad temporal entre castellanos y aragoneses, auspició estos salvoconductos como ejemplo de la gracia regia.  

                El círculo territorial de Requena.

                A través de la fronteriza Requena pasaron personas de variopinta condición y procedencia hacia Castilla o Aragón, pero sus vecinos y moradores sostuvieron una relación más estrecha con otras localidades, que dibujaron un verdadero círculo territorial de afectos, intereses y disputas.

                Hacia Castilla particularmente intensas fueron las relaciones con Moya, Iniesta y Cuenca, sin olvidar a Huete y Toledo. Ayora, Buñol y Chelva la ciñeron por el lado valenciano de forma más estrecha, aunque también resultaron muy fuertes los lazos con Alpuente, Ademuz, Castielfabib, Albarracín y Teruel.

                Evidentemente los andariegos requenenses podían llegar mucho más lejos. En 1281 a Domingo López de Requena le tomaron en Daroca un sirviente sarraceno las autoridades locales a instancias de sus mudéjares.

                En gran parte de estas tierras se desarrolló la ganadería y en determinados casos la  pañería bajo el marco legal de los fueros de Teruel y Cuenca, en los que tan gran protagonismo tuvo la caballería. Mientras las comunidades mudéjares tuvieron un gran peso en Ayora, Buñol y Chelva, en algunas localidades del resto, como Albarracín y Teruel, se redujeron a morerías cada vez más modestas.

                Refugio ante la peste.

                Las epidemias de peste castigaron regularmente a la población desde el fatídico 1348 con mayor pertinacia. Algunos pocos, como los caballeros hospitalarios del reino de Aragón, fueron capaces de aminorar puntualmente su impacto al distanciarse de los grandes núcleos de población y al disfrutar de una mayor atención sanitaria que el resto.

                El medio más seguro de evitar el contagio era abandonar el lugar afectado con la máxima celeridad, lo que dio pie a imágenes sociales muy poco edificantes. El 2 de julio de 1439 el municipio de Valencia pidió al de Requena en nombre de la amistad y la caridad cristiana que acogiera sin reservas al jurado Miquel Granollers, a sus hermanos Lluís y Vicent y a otros caballeros y ciudadanos. No deberían de restringir la libertad de sus movimientos ni proceder contra sus bienes.

                Carecemos todavía de información sobre las pestes bajomedievales en Requena y sería muy arriesgado abogar por su supuesto carácter de punto de refugio por su altitud media, ya que también la epidemia se cebó en la Meseta. Fue nuestra localidad, además, punto de paso de los viajeros y mercancías de su puerto seco, lo que obligaría más de una vez a extremar las precauciones. A principios del verano de 1439, sin embargo, sirvió al menos de lugar de acogida.

                La llegada de viajeros de otras tierras.

                La mala fortuna trajo a Requena al desdichado conde Paulo de Valaquia en agosto de 1420, cuya familia había sido apresada por los turcos. Él se dedicaba a pedir limosna para su liberación con el permiso de las autoridades, que también permitieron pordiosear en ocasiones a otros necesitados cuyos nombres y circunstancias exactas no conocemos. De comienzos del siglo XV tenemos constancia del Hospital de pobres.

                Los mercaderes y sus factores de otras tierras se hicieron bien visibles en Requena. Esteve Ade de Figueras recibió la expresa protección del rey de Aragón el 27 de agosto de 1280 al ser atacado a su paso por nuestra tierra. Otros casos de amparo de comerciantes nos permiten conocer igualmente al valenciano Andreu de Perançós, al que se tomaron en 1318 unas balas de paño por no disponer del albarán de pago del diezmo portuario. En 1325 fue el florentino Bertoldi Roger el que alzó quejas por el trato inferido a sus factores, entre ellos Pascual Brunalesqui. La ruta entre la ciudad de Valencia y el interior castellano, con sus importantes ferias, daba pie a ello.

                

                Camino de libertad.

                La proximidad de la frontera también tentó a otros. En marzo de 1420 el cautivo cristiano del pelaire valenciano emprendió la fuga por la vía de Requena hasta que un guardia del baile de Chiva lo detuvo.

                En tiempos de paz los acuerdos de colaboración y extradición entre los reyes de Castilla y Aragón funcionaron razonablemente, aunque los lindes entre ambas Coronas eran demasiado porosas.

                Las guerras de los siglos XIV y XV fueron de gran ayuda a muchos particulares para conseguir el preciado suplemento del botín, robando bienes y secuestrando personas. No importaba que fueran castellanos, aragoneses, mudéjares o granadinos. El hermano del clérigo de Alcolea, Rodrigo Soriano de Requena, terminó cautivo de los moros en 1418.

                La atracción de Cuenca.

                Cuenca, importante concejo y sede de obispado, desarrolló a lo largo de la Baja Edad Media su manufactura pañera, que requería la aportación de mano de obra de otros lugares. Varios requenenses sentaron plaza de pelaires allí.

                El 20 de abril de 1413 el pelaire Fernando Jiménez de Requena y su esposa Teresa Sánchez vendieron el usufructo de los solares de las casas próximas a la puente seca por 1.010 maravedíes. Su hijo Fernando moraría en Zaragoza en 1415 y a él le cedería un pedazo de tierra acensado por no poder plantar majuelo. El 26 de febrero de 1417 vendería a otro pelaire el dominio útil de una porción de tres almudes en la dehesa de Cuenca.

                Los artesanos nunca se desvincularon del todo de la explotación agraria, nutriendo en muchos casos las añejas categorías vecinales de atemplantes frente a los simples tenentes o quiñoneros. La familia, la parroquia y el ramo profesional dibujaban su círculo de confianza, lo que también se observa en el tintorero Fernando López de Requena, partícipe junto con otros de la compra de bienes en Cuenca del también tintorero Andrés Fernández de Arcas el 18 de octubre de 1415.

                La marcha a tierras valencianas.

                Los requenenses también se dirigieron al reino de Valencia, según nos indican los apellidos de varias personas consignadas en el recuento de fuegos de 1510. Su número no es muy importante, pero significativo en lo concerniente a su distribución territorial.

                En las inmediaciones de la ciudad de Valencia, en Rufaza, residía Joan Requení el menor con su hermana Francina. Pocas evidencias más encontramos en la capital del reino de requenenses o de descendientes suyos, que abundan más hacia el interior. En Montesa vivía Rafael Requena y el presbítero Requena, y en la cercana Vallada Joan Requena.

                En la ahora albacetense Caudete, entonces un saliente del reino de Valencia frente a la ahora alicantina Villena, tenían su vecindad Luis, Alonso, Guillamón, Pascual, Macián, otro Luis, Miguel, Joan, Clemente y Martín de Requena, diez de los ciento veinticinco vecinos de la localidad. Hacia aquí se trasladaría parte de una familia a lo largo del siglo XV. En su política de promoción comercial de los territorios limítrofes, el rey don Pedro de Aragón había concedido el 15 de mayo de 1336 exención de lezda y peaje a los vecinos de Caudete.

                Aunque en la ciudad de Játiva tampoco encontramos referencias tan explícitas, la distribución geográfica de los requenenses muestra la importancia de las tierras interiores aledañas a los caminos del Júcar, vitales para el transporte de madera desde la serranía conquense. Al fin y al cabo las personas de la Baja Edad Media no fueron tan diferentes a las de no hace tantas décadas en sus movimientos territoriales.

                 Fuentes y bibliografía.

                ARCHIVO DE LA CORONA DE ARAGON, Real Cancillería, Registro 48 (136r), 49 (77r), 165 (182r-182v), 186 (93v-94r) y 201 (11v-12r).

                CHACÓN, Francisco Antonio-CARRASCO, María Teresa-SALAMANCA, Manuel, Libros de actas capitulares de la catedral de Cuenca. I. (1410-1418), Cuenca, 2007.

                El cens de 1510. Relació dels focs valencians ordenada per les Corts de Montsó. Edición de Rafeal VALLDECABRES, Valencia, 2002.

                Epistolari de la València medieval (II). Introducción, edición, notas y apéndices de Agustín RUBIO, Valencia-Barcelona, 1998.