GUERRA Y SEDERÍA EN LA REQUENA DEL SIGLO XVII. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

 

 

            La sedería y la política internacional en el siglo XVII.

            La gran crisis del siglo XVII afectó a la sedería tanto como a otras actividades económicas. El empobrecimiento de amplios grupos sociales de la Europa mediterránea perjudicó a la demanda y causó no escasos trastornos en la oferta. El estado de guerra casi general en Europa desde 1621 agravó el problema, pues los poderes en liza también recurrieron al arma económica de los embargos. Ahora bien, ¿las cortapisas mercantiles deterioraron la sedería castellana? El caso de Requena nos permite avanzar una respuesta.

            Represalias contra Francia.

            Las monarquías española y francesa eran viejas enemigas por la hegemonía continental. Los franceses no se resignaron a la derrota, y tras la entronización de Enrique IV de Navarra y la finalización de sus guerras internas de religión se lanzaron con renovados bríos contra España. Luis XIII, el hijo del rey Enrique, se inclinó al principio por la guerra indirecta, y en 1625 apoyó a Venecia y Saboya contra Génova, aliada de España en lo estratégico y financiero.

            En marzo de aquel año los franceses se apoderaron en Marsella de una enorme cantidad de dinero transportada en naves genovesas. Propiedad de genoveses y españoles, los diplomáticos de Felipe IV la cifraron en unos 160.000 ducados, aunque al parecer se reducía a un poco más de 128.000. Conocedores de la importancia de la ruta genovesa para la transferencia de dinero a la Europa hispana, los franceses se negaron a la devolución. En abril las autoridades españoles ordenaron como represalia el embargo de mercancías francesas por el primer valor apuntado.

            Se aplica el embargo en Requena.

            Punto de singular valor en las comunicaciones entre el reino de Valencia y Castilla, el 9 de junio de 1625 se notificó la orden en territorio requenense, encargándose de su aplicación directa al alcalde mayor don Alonso Pérez de Arganda. La justicia debería de proceder contra los bienes de franceses residentes o de tránsito.

            Los franceses eran obligados a manifestar o declarar sus bienes, y sus domicilios particulares sometidos a registro. El pregonero Juan de Pedrosa daría cumplida noticia al vecindario. Los objetos decomisados serían vendidos, y su producto entregado a la custodia del depositario don Alonso de Carcajona.

            Los grandes perjudicados.

            Los franceses afectados en Requena no fueron hombres excelsamente acaudalados, sino modestos negociantes y artesanos ya establecidos en nuestras tierras desde hacia tiempo.

            Desde el siglo XVI habían ido llegando gentes de la Francia meridional, azotada por los enfrentamientos político-religiosos, a los Estados de la Corona de Aragón, pasando progresivamente a Castilla. Buscaron mejores condiciones laborales y de vida, y muchos de ellos tomaron esposas españolas, entroncando con familias locales.

            Entre los franceses de nación u origen afincados en Requena se encontraron Antón Carrera, Juan Sierra y el mesonero y calderero Domingo García. Sus nombres indican muy a las claras su hispanización cultural. Su horizonte era el del modesto comercio al servicio de otros a veces, bien alentado por la venta de lanas a forasteros y extranjeros. Al embargar a estos intermediarios de escaso relieve se atacó la red comercial francesa en las Españas, bien jerarquizada y organizada desde la Baja Edad Media. 

            Los productos decomisados.

            Los objetos tomados no resultaron de gran valor económico, pero nos muestran de forma muy diáfana el tipo de tráfico comercial intervenido.

            Los productos textiles abundaron en forma de cuatro almohadas, cuatro camisas de mujer, una valona de red, una basquiña de raso nuevo, un manto nuevo de seda o un manto elaborado con lanas y seda. Dentro del grupo de las prendas de vestir también encontramos cuatro chapines o zapatos elegantemente terminados en punta.

            Los materiales para la confección de ropas fueron objeto de interés, como tres manos de seda sucia, seis onzas de seda torcida, tres madejas de hilado blanco o cien ovillos de cáñamo.

            En un tercer nivel, el de la elaboración, se encuentran las calderas embargadas, propicias para la elaboración del tinte. Los tintoreros eran esenciales para la culminación de la fabricación de los tejidos de seda, así como para su comercialización y financiación.

            La entrega de objetos embargados.

            Los objetos podían haber sido vendidos sin más, y su producto haber ido a parar a los cofres del rey para resarcir a los perjudicados por el incidente de Marsella. Se hizo, sin embargo, un uso más astuto del embargo.

            El caballero don Gregorio de Nuévalos le proporcionó en tres partidas al tintorero requenense Antonio Cis nueve libras y doce onzas de seda para elaborar tela carmesí.

            Gracias a su control de los resortes del poder municipal, los caballeros y los poderosos pudieron ofrecer ayuda a los artesanos locales contra otros conceptuados de extranjeros. Ciertamente un hidalgo no debía deshonrarse ganando con sus manos el sustento como si de un pechero se tratara, mas sí podía prestar dinero y participar en los negocios de su tiempo en calidad de inversionista. Las relaciones de patronazgo de raigambre señorial sirvieron en ocasiones al nacimiento del capitalismo.

            La intensificación de la guerra económica.

            En 1636 se fue más allá del simple embargo con motivo de un incidente grave, y se aplicaron represalias a mayor escala. El 20 de julio Felipe IV (o más bien el conde-duque de Olivares) prohibió la entrada de mercancías de las Provincias Unidas de los Países Bajos, las islas de Holanda, y de Francia, una vez rotas las hostilidades con la segunda encarnizadamente.

            Las autoridades de la Junta del Almirantazgo procederían según lo dispuesto, comisionándose el 24 de julio al corregidor de Requena a inspeccionar su distrito con escrupulosidad, pues el contrabando era mucho más que una simple posibilidad en nuestro puerto seco, de actividad equiparable a la de un puerto mojado.

            El 12 de octubre se pregonó como actuar, instándose a los guardas del campo y del vedado a vigilar con exactitud. El corregidor visitaría el 15 la casa con las mercaderías de la aduana.

            Las ropas extranjeras volvieron a estar en el punto de mira de las autoridades reales, más para perjudicar a los enemigos que para fomentar la riqueza del reino. De todos modos algunos grupos de poderosos locales de Castilla, como el de Requena, lo aprovecharon para animar su sedería.

            Ubicada en la ruta de la sedería de Valencia a Toledo, el contrabando no mermaba en exceso los ingresos concejiles de Requena, que en el siglo XVII no dejó de promover la artesanía de la seda, cuyos resultados más brillantes se hicieron patentes en la centuria siguiente.

            Fuentes.

            ARCHIVO MUNICIPAL DE REQUENA, documentos 11.175 y 11.185.

            Bibliografía.

            ALLOZA, Ángel, “Guerra económica y comercio europeo en España, 1624-1674. Las grandes represalias y la lucha contra el contrabando”, Hispania, LXV/1, nº. 219, 2005.

            MOLAS, Pere, La burguesía mercantil en la España del Antiguo Régimen, Madrid, 1985.