LA BODEGA DE LA NORIA. POR CARLOS JAVIER GÓMEZ SÁNCHEZ.

    En los últimos años, el rico y variado patrimonio vinícola de la Comarca ha comenzado un camino sin retorno hacía un reconocimiento internacional como Patrimonio de la Humanidad. La vinculación que existe entre nuestras gentes con la vid y el vino es de más de 2500 años y ha dejado numerosos ejemplos a lo largo de los siglos. Uno de ellos, de los más vistosos y famosos, es el que conforman el conjunto de Bodegas Modernistas, un reducido número de bodegas de la segunda mitad del s. XIX y principios del XX que combinaron el espíritu científico del momento con el estilo artístico imperante entre la burguesía: el modernismo. El resultado fue unos edificios destinados a la producción racional y eficiente de vino al que se añadió un amplio valor arquitectónico y artístico. Se tratan de verdaderos templos del modernismo en la Comarca.

    Esta arquitectura del vino modernista se caracterizó por ser planificada por arquitectos valencianos de gran renombre que habían recibido encargos por parte de los grandes cosecheros de la Comarca, en su mayoría foráneos, y que exportaban el vino producido en sus bodegas a los mercados internacionales. No eran bodegas prestigiosas, sino edificios planificados para poder elaborar una gran producción de vino de marera rápida y productiva. Para ello, los edificios incorporaron todos los avances técnicos y el ámbito de la arquitectura que había surgido en el siglo XIX.

    En general, estas bodegas se distribuyen cerca de las fincas agrícolas y alejadas de los núcleos urbanos, aunque si están bien comunicadas con éstos. Se distribuyen en dos secciones bien diferenciadas, una parte noble destinada a ser la residencia de campo de la familia adinerada dueña de la propiedad, la cual dispone de los elementos típicos del modernismo, más la parte económica cuya finalidad era albergar las distintas actividades transformadoras de la materia prima para su debida comercialización, básicamente bodegas.

    Los principales ejemplos son la Casa Nueva de Oria, Torre Oria y la menos conocida, La Noria.

    La Bodega de La Noria se encuentra a dos kilómetros al oeste de Utiel partiendo hacia la carretera de Los Corrales. En un paraje con el mismo nombre debido a la existencia de varias norias para la extracción del agua y regar esa zona muy cercana a las huertas tradicionales utielanas. La finca agrícola pertenecía a D. Ricardo Ylario Ortells, un rico industrial y comerciante valenciano que fue hasta tres ocasiones presidente de la Real Sociedad Valenciana de Agricultura y que moriría en La Noria en 1915. Este comerciante tenía estrechos vínculos familiares con la aristocracia local, estaba casado con Dª Julia Pérez Ballesteros, hermana del alcalde utielano y presidente de la Diputación de Valencia D. Fausto Pérez Ballesteros.

     D. Ricardo Ylario Ortells adquirió las tierras a finales del siglo XIX. Pretendía hacer una gran finca agrícola dedicada a la producción de algunos de los productos en los que él tenía negocios, especialmente vino, aunque la explotación tendría otros cultivos de regadío. Contrató para la realización de las instalaciones de este gran proyecto al ingeniero agrario D. Rafael Janini Janini, cuñado suyo pues estaba casado con su hermana Eugenia Ylario Ortells.

        

 

    La granja agrícola de La Noria estaba en medio de la propiedad y quedaba formada por una casa de verano para los propietarios, una bodega y otras instalaciones para actividades agrícolas. Todas ellas dispuestas en forma de herradura sobre una parcela ortogonal.

    La bodega proyectada por Janini fue construida como el resto del conjunto en 1897, siendo presentada en la prensa nacional en numerosas ocasiones, destacando las ilustraciones de la revista La Ilustración Española y Americana Nº XXIX.  Cuenta con una particularidad respecto a las otras bodegas modernistas de la comarca, que el edificio está exento de la casa de campo, lo que permite adoptar distintas soluciones arquitectónicas y técnicas que facilitan aun más el proceso de racionalizar la vinificación. El edificio muestra una gran funcionalidad y sobriedad (a diferencia de la mansión) al disponer de una nave de planta rectangular con cubierta a doble vertiente con armaduras de monje de madera y tirantes de hierro que sostienen el tejado de teja alicantina.

    Una de las principales novedades del proyecto consiste en situar fuera de la bodega las primeras fases del proceso de vinificación con una duración temporal corta (prensado), dejando el interior exclusivamente para la fermentación y la crianza en los toneles. Se consigue con ello reducir cerca del 50 por ciento la superficie construida de la bodega. La temperatura del  interior también está muy cuidada, proyectando un doble muro con cámara de ventilación activada por medio de unas puertas reguladoras situadas sobre la base y en la parte superior de los muros. Se coloca además una capa de cáscara de arroz entre el tableado de madera y el tejado como aislante térmico.

    La eficiencia técnica del proyecto planificado por Rafael Janini llegaría a tener un importante reconocimiento para su persona y la finca agrícola. La Noria sería premiada por el Ministerio de Fomento español el 15 de febrero de 1907, recibiendo 5000 pesetas. Apareció en números artículos periodísticos como ejemplo de bodega racional en nuestro país.