LA CRISIS DE 1917 EN REQUENA. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

                

                Un año convulso en un convulso mundo.

                En 1917 la Gran Guerra sumaba un año más desde su inicio en 1914. Las fuerzas alemanas no habían conseguido abrirse mayor paso al Norte de Francia, donde los combatientes se desangraban en las batallas de las trincheras, pero frente al imperio ruso lograron claros avances territoriales. La decisión del zar Nicolás II de ponerse al frente de sus ejércitos terminó de desacreditarlo frente a sus gentes, hartas de ser sus súbditos. El descontento estaba muy generalizado en todas las Rusias y la guerra lo agravó notablemente. En el mes de febrero del calendario juliano seguido entonces por los rusos (correspondiente a nuestro marzo) estalló la revolución que derrocó al zarismo y en su mes de octubre la revolución bolchevique, que para historiadores como Hobsbawm marcó el auténtico comienzo del siglo XX, el del comunismo.

                El impacto de los sucesos rusos fue muy considerable, más allá de la marcha de la guerra. Para los críticos y opositores de muchos países se convirtieron en un referente, más allá de las precisiones ideológicas y de las peculiaridades locales. Los republicanos requenenses los llegaron a contemplar a comienzos de la década de 1920 como una nueva revolución francesa. España no entró en guerra al lado de Francia y Gran Bretaña porque Italia no hizo honor a sus compromisos con los imperios centrales, y se mantuvo neutral durante el conflicto, lo que no evitó la división de su opinión pública. Sus exportaciones crecieron notablemente con una Europa apremiada para combatir de toda clase de géneros. Sin embargo, sus beneficios se distribuyeron desigualmente y la inflación hizo mella en muchas familias trabajadoras. El descontento social hizo más acusado el político frente a un régimen, el de la Restauración, que no acertaba a renovarse y enfrentado a las reclamaciones catalanistas, obreristas y de ciertos sectores de las fuerzas armadas. A diferencia de lo acaecido en Rusia, Alfonso XIII se mantuvo en el poder por más años. El estudio de lo sucedido en la Requena de 1917 nos ayuda también a entenderlo, ya que no hay historia pequeña en el fondo.

                La autoridad municipal y los contribuyentes.

                Aunque el sistema de la Restauración hizo hincapié en la preeminencia del poder central a través de los gobernadores civiles de las provincias, dependió mucho de la benevolencia de las fuerzas vivas locales, encastilladas con frecuencia en municipios con amplias competencias, en comparación con los actuales, y deficiente dotación económica. Las elecciones, las obras públicas, el reclutamiento de los mozos y otros asuntos se dilucidaron localmente, bajo el patronazgo y la autoridad del gobierno civil y del ministerio de turno. A este compromiso se le ha venido llamando caciquismo y desde la crisis de finales del siglo XIX fue cada vez más denunciado por favorecer a una casta que impedía la participación y el bienestar de muchos.

                Según la ley del 8 de febrero de 1877, el gobierno municipal correspondía en Requena al alcalde y a veinte concejales. El secretario fue una figura clave en numerosas gestiones. A 21 de mayo se procedió al expurgo del archivo de la secretaría, una operación harto delicada.

                En la vida local tuvieron gran peso los noventa y tres primeros contribuyentes, de los que solo veintiuno tributaban en exclusiva la contribución industrial, como José Alarcón Vives y Juan Ruiz Giménez con sendos pagos de 190 y 187 pesetas, muy lejos de las 1.700 por contribución rústica de Joaquín Ferrer Herrero. Por entonces la viticultura ya había dado espléndidos frutos a Requena, pero también más de un disgusto ocasionado por la filoxera y los problemas de exportación.

                La idea de llamar a cooperar en la gestión local a los principales contribuyentes data del primer liberalismo, de perfiles censitarios. Debían de aportar soluciones en los momentos difíciles y parte de su dinero ante los compromisos más perentorios, acreditando su condición de patricios interesados en el bienestar de su patria chica. Bajo la monarquía de Amadeo I, parlamentarista y con sufragio universal masculino, se quiso impulsar además una junta de asociados que fuera más allá de las primeras fortunas. Aunque la Restauración manifestó su preferencia por los más acaudalados hacendados y hombres de negocios, se permitió finalmente que todos los propietarios eligieran sus vocales a la junta, lo que no impidió ni la preeminencia de las primeras fortunas ni que se les tuvieran en cuenta más allá de la misma junta. A comienzos de 1917 los 3.575 contribuyentes se distribuyeron en las siguientes secciones electorales:

                -La de las Casas Consistoriales, con 579 contribuyentes asignados, escogía tres vocales.

                -La del Portal de Madrid, con 986, escogía cuatro. Dentro de esta sección se incluían San Antonio, San Juan, el Derramador y el Pontón.

                -La del Arrabal, con 656, escogía cuatro. Se incluían también Campo Arcís y Casas de Lázaro.

                -La de la Villa, con 636, escogía cuatro. Se incluían los Pedrones y Casas del Río.

                -La de San Sebastián, con 520, escogía tres. Se incluían el Rebollar y Villar de Olmos.

                -La de Industriales, con 198, escogía dos.

                En 1920 Requena alcanzó los 18.972 habitantes, de los que los contribuyentes y sus familias supusieron el 85%. El resto de la población se encontraba en situación de grave pobreza.    

                Los medios para combatir la crisis.

                La crisis desatada por las dificultades de exportación incidió sobre esta sociedad marcada por las desigualdades. Desde el ayuntamiento se arbitraron distintos medios para paliarla, algunos muy veteranos.

                El 1 de enero se recurrió nuevamente al expediente de las obras públicas. Los llamados puentes económicos sobre el Magro en el Derramador y San Juan ascendieron a 15.868 pesetas o al 74% de los gastos municipales presupuestados. El 15 de enero se concluyeron con éxito las líneas telefónicas de la casa cuartel de la Guardia Civil y de las cárceles del partido judicial.

                La lucha contra la tuberculosis, asociada a la pobreza, y la mejora de las aguas potables también ocasionaba no escasos compromisos. Era necesario encauzar las aguas de la acequia de Rozaleme para no perjudicar la salubridad de las calles. Para frenar el avance de la enfermedad, se aprobó el 14 de mayo la vacunación gratuita contra la viruela cada martes y viernes.

                Por desgracia, las finanzas municipales estaban a la sazón muy quebrantadas, anotándose a 8 de enero el retraso de más de 7.351 pesetas en el ingreso de los aborrecidos consumos por diciembre. El 4 de junio se llegó a suprimir el refresco del Corpus para hacer economías.

                Las reivindicaciones de los trabajadores y el obrerismo.

                Todo lo anterior resultó insuficiente y el 5 de febrero muchos agricultores ya habían recurrido a la caja del pósito, al que se trató de insuflarle una nueva vida tras su abatimiento decimonónico. La resolución del expediente sobre terrenos comunales, pendiente del informe del arquitecto municipal, facilitaría jornales a la clase trabajadora. Se denunció el cultivo del arroz sin coto el 16 de abril y se concedieron por orden ministerial al ayuntamiento más de treinta hectáreas en el Saladar (partida de la Albosa).

                Vemos que los pequeños agricultores y los trabajadores del campo, todavía no tan organizados ni politizados como quince años después, exigieron mejores salarios y tierras de cultivo, unas medidas más pragmáticas que ideológicas. No obstante, el obrerismo o reivindicación de mejores condiciones para la clase trabajadora y de una sociedad más justa comenzó a abrirse paso. Algunos republicanos de clase media lo auspiciaron. En 1917 se propuso un instituto de enseñanza para obreros, pese a disponer Requena desde 1910 de la Escuela de Artes, cuya matrícula pasó de 1910-11 a 1916-17 de 235 a 211 alumnos.

                La actitud de los propietarios.

                No pocos propietarios se mostraron disconformes con tales reivindicaciones. El 9 de junio los propietarios de San Antonio, unos treinta y cuatro, discreparon con las Bases de la Sociedad Obrera local, pues querían continuar pagando el jornal acostumbrado de 2´50 pesetas a los varones y de 1´25 a las mujeres y a los muchachos, pese a realizar las mismas horas de trabajo.

                El círculo de los propietarios se decantó más por medidas de fomento, como el desarrollo de las comunicaciones ferroviarias para impulsar la venta de los vinos locales. Los principales contribuyentes apostaron por el tren directo de Madrid a Valencia y Norberto Piñango el Joven fue comisionado para formar parte de la junta gestora del citado ferrocarril. Los noventa y tres grandes contribuyentes, como los hermanos Oria, acordaron el 12 de febrero una derrama de 1.277 pesetas para promover sus obras. El 2 de abril también se trató de la estratégica estación enológica de Requena.

                El seguimiento de la vida política española.

                Estas medidas puntuales no evitaron que los requenenses se encontraran a salvo de una situación nacional e internacional ciertamente enmarañada. En febrero de 1917 Alemania amenazó abiertamente con torpedear la navegación hacia los países aliados, lo que creó gran inquietud en Valencia y la inevitable elevación de los costes de producción.

                Los grandes propietarios y empresarios de la provincia comisionaron varios representantes para reunirse en el Grao. Esta reunión serviría para tratar los puntos que se expondrían al gobernador civil y a las autoridades de Madrid. Dada la paralización de la exportación, el 12 de febrero los viticultores requenenses acordaron su participación. Solicitaron mayores créditos y abogaron por la libre circulación, algo que el comprometido gobierno español no estaba en condiciones de garantizar.

                Las reivindicaciones de los militares en materia salarial y profesional condujeron a serios problemas políticos. En mayo el gobierno de García Prieto se encaró con las juntas militares, pero al carecer de suficientes apoyos presentó su dimisión. Su sucesor Dato prefirió ceder ante las juntas.

                Este cuestionamiento de la autoridad civil tuvo importantes consecuencias, en especial cuando desde municipios como el nuestro se denunció el angustioso estado de sus finanzas. A 4 de junio el de Requena se encontraba endeudado con el Ministerio de Hacienda, pues era incapaz de reintegrar el dinero prestado pese a recargos y consumos inadecuados. Se llegó a acusar a la alcaldía de pagar sin el acuerdo municipal y su liquidación no resultó aprobada.

                Desde Salamanca se propuso el 25 de junio una reunión de todas las corporaciones municipales de España. El municipalismo aparecía en el horizonte como una alternativa para solucionar la crisis del régimen. El 2 de julio retornaron los concejales al ayuntamiento, coincidiendo con el cambio en la alcaldía. Ese mismo mes se reunió en Barcelona la Asamblea de Parlamentarios, en teoría dispuesta a abordar grandes reformas al margen de lo establecido.

                Las esperanzas pronto quedaron quebrantadas y el 19 de julio el gobernador civil de Barcelona logró disolver la Asamblea. El descontento de muchos trabajadores llevó finalmente a la huelga revolucionaria de agosto, que tampoco consiguió triunfar. Poco a poco los partidarios del sistema consiguieron hacerse con el control. El 11 de septiembre se hizo la renovación bienal del ayuntamiento requenense y cesaron los concejales Miguel Hernández Martínez, el comerciante Vicente Agulló (que se trasladó a Valencia) y el propietario Eusebio Iranzo, por los distritos del Portal de Madrid, de la Villa y de las Peñas respectivamente.

                En estos lances ganaron relevancia pública las fuerzas armadas. Consiguieron imponerse a los frágiles gabinetes de gobierno y resultaron esenciales en la represión de los huelguistas. Se insinuaba la futura dictadura militar. Por de pronto, el municipio de Requena tuvo que proseguir pagando suministros al ejército, pese a sus carencias financieras. El 10 de septiembre llegó a nuestra localidad el regimiento de caballería Victoria Eugenia, que junto al octavo montado de artillería permaneció hasta el 8 de octubre, lo que supuso un gasto extraordinario de 1.010 pesetas, a añadir a las 2.644 por el aprovisionamiento del pósito.

                La experiencia de Requena nos muestra a unos responsables públicos y propietarios poco proclives a las reivindicaciones de los trabajadores y todavía dispuestos a confiar en soluciones ya ensayadas. Los aprietos financieros, resultado de una coyuntura adversa y de una administración económica necesitada de profundas reformas, los llevaron a coquetear a veces con la agitación política de amplio espectro, pero el temor a la revolución y el protagonismo del ejército los recondujeron a posiciones más conservadoras. De estos vaivenes se aprovechó Alfonso XIII para no correr un destino similar al de Nicolás II.                             

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA. Actas municipales de enero a abril de 1917 (2887) y de abril a diciembre (2886).

                Bibliografía básica.

                BARRIO, Ángeles, La modernización de España (1917-1939). Política y sociedad, Madrid, 2004.

                JULIÁ, Santos, Un siglo de España. Política y sociedad, Madrid, 1999.