LA CURVA DE LA PIEDAD EN LA REQUENA DE LOS AUSTRIAS. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

               

                A don Fernando Carrasco Fernández, hombre de Dios y de archivo.

                Los legados piadosos consignados en los testamentos resultan de gran interés para el historiador, pues indican creencias y vivencias. Personas con una cierta fortuna destinaban parte de la misma a ponerse a bien con el Altísimo consignando fondos para misas y aniversarios en las iglesias parroquiales, conventos u otras instituciones como hospitales de caridad. Los protestantes impugnaron estas prácticas por considerarlas inapropiadas para alcanzar la salvación eterna, pero en el mundo católico se han mantenido con mayor o menor incidencia hasta la actualidad. La Contrarreforma, movimiento de afirmación y de reforma eclesiástica al tiempo, los preservó.

                Junto a indiscutibles razones espirituales y personales, hemos de considerar las de tipo económico y social en estas donaciones. A primera vista, se puede pensar que la bonanza las favorecería por la simple lógica de la disponibilidad mayor de fondos, pero los momentos de adversidad también las alentaron a su modo, pues era una forma de proteger bienes familiares del azote de la crisis (al evitar embargos y otros embarazos) y de ponerse a bien con Dios.

                El estudio del Libro antiguo de perpetúales conservado en el Carmen de Requena, que alcanza hasta bien mediado el siglo XX, nos permite llegar a una serie de conclusiones a propósito de la Requena de los Austrias.

                En 1500-50 solo encontramos dos menciones, las de 1539 y 1546. Quizá no se consignaran otras, pero su referencia nos muestra a las claras la voluntad eclesiástica de llevar de la mejor manera un registro documental de las mismas, algo que avanza el espíritu del Concilio de Trento en otras materias de supervisión.

                Las referencias crecieron a seis en 1551-1600, concretamente para los años de 1557, 1559, 1569, 1570, 1575 y 1583, que se inscribieron a nivel general en una etapa de expansión económica general, pero tachonada de dificultades puntuales (como la segunda bancarrota de la Monarquía de Felipe II en 1575) que alertaron a más de un requenense.

                Con el aumento de las dificultades en Castilla y en Europa en el siglo XVII, las consignaciones se hicieron más numerosas. De 1601-50 localizamos nueve menciones (1601, 1618, 1629, 1630 por dos veces, 1633, 1637, 1642 y 1643) y otras nueve para 1651-1700, las de 1653, 1659, 1661, 1665, 1673, 1679 por dos veces, 1685 y 1692. Llama la atención la particular abundancia de las mismas en las décadas centrales de la centuria, marcadas por las exigencias tributarias de la asediada Monarquía (a la sazón muy comprometida en la guerra de los Treinta Años) y por problemas de sequía y enfermedad. Asimismo, por aquellos años la cultura de la Contrarreforma ya había arraigado plenamente. Sin embargo, como nos muestra el estudio de las contabilidades del hospital de pobres de Requena, los herederos ingeniaron medios para burlar en varios casos las disposiciones testamentarias, arrostrando la amenaza de excomunión episcopal.

                Fuentes.

                ARCHIVO PARROQUIAL CUSTODIADO EN EL CARMEN DE REQUENA. Libro antiguo de perpetúales.