LOS APRIETOS DEL HOSPITAL DE POBRES DURANTE LA III GUERRA CARLISTA Y DESPUÉS. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

                

                Los imperativos de la tercera guerra carlista.

                La tercera guerra contra los partidarios de la causa carlista (1872-76) afectó notablemente a los vecinos de Requena. Tuvieron que acoger a muchos refugiados, contribuir con un dinero del que iban muy cortos, alistar soldados para quintas como la de 73.000 soldados de comienzos de 1875, formar milicias, disponer la defensa de la población con baterías como la emplazada en la hoya de Reinas y atender a las fuerzas de paso o de guarnición del ejército regular, como dos compañías del regimiento provincial de Albacete. La situación llegó a ser tan angustiosa que el 19 de junio de aquel año la mayoría de los concejales presentaron al gobernador civil la dimisión, que no les fue aceptada.

                La asistencia sanitaria municipal se vio comprometida, especialmente cuando la alternativa de financiación del hospital de pobres evidenciaba sus limitaciones. El 17 de enero de 1875, bajo la gestión de Piñango y Martínez, el hospital presentó la cuenta de 3.034 reales, de las láminas o vales que vencían el 1 de enero. Por el convenio con el Ejército se percibieron tres octavos de real por cada estancia de su personal en el hospital y se cobraron de la intendencia militar 5.933 por los meses pasados de julio a septiembre. Era uno de los pagos adeudados.

                La guerra de las reclamaciones.

                El 27 de abril de 1875 se fue a Valencia a cobrar los adeudos militares que vencían, nada más y nada menos, que en 1872, valorados en 28.318 reales. El reclamo de los gastos del Ejército se convirtió en una penosa obligación.

                El problema, en el fondo, dimanaba de un Estado fuertemente endeudado, en un país que había librado demasiados conflictos desde 1868. A 15 de agosto de 1875 se obligó a la junta de beneficencia de Requena a aceptar un arreglo de deuda, por supuesto nada favorable, pues tuvieron que tomar un tercio al 3% en papel de la devaluada deuda consolidada. Las láminas ya no eran tan doradas.

                En busca de dinero.

                El 24 de octubre de 1875 se encomendó al gestor Anselmo Jordán que averiguara en qué oficina de Madrid se encontraba un crédito sin convertir de 51.946 reales. El 13 de noviembre de 1876, finalizada la guerra más de ocho meses, respondió que todavía debía justificarse debidamente antes del 2 de enero.

                El ingreso por las láminas de 48.000 reales el 14 de abril de 1876 llegó como agua de mayo avanzada, aunque el 7 de octubre se tuvo que insistir en la reclamación de los intereses.

                Por otra parte, de los censos del hospital solo se habían cobrado 138 pesetas y el descubierto por este concepto alcanzaba las 534 el 27 de marzo de 1877. En consonancia, se tuvo que recurrir a otros medios.

                A la muerte de Josefa Sánchez, la esposa de Juan Antonio Herrero, se adjudicó la suma de 6.646 pesetas por su casa, bodega y trullo en la calle de San Cayetano en noviembre de 1875.

                También prosiguió la actividad de préstamo de dinero, en una Requena todavía falta de sólidas instituciones crediticias. El 22 de abril de 1876 se concedieron a Eusebio Ramos 48.000 reales al 6%. Evidentemente, esta vía presentaba sus riesgos, especialmente en los duros tiempos de la postguerra. El 16 de noviembre de 1876 Nicolás Pardo pidió una nueva prórroga por los 24.000 reales adeudados para vender mejor sus fincas.

                A veces alguien, como Nicolás Cantero el 20 de enero de 1877, depositaba fondos por valor de 298.008 pesetas o 1.192.032 reales, compuestas por la fortuna de 248.409 pesetas (según su apoderado en Valencia Jerónimo Franconi), 45.625 es escrituras de préstamo, 1.661 por su casa en la calle San Cayetano, 1.613 en metálico y 700 por los réditos por cobrar de Gualberto Montés. Un antecedente de la herencia de María Moral y Penén.

                La autoridad municipal y el intento de arreglo.

                Ya era una verdadera tradición, que se remontaba a tiempo muy atrás, que la administración municipal se encargara de gastos militares que correspondían finalmente a la central. Todavía era el municipio un pilar del Estado, con independencia de ciertos discursos, y prestaba muchos servicios a los ciudadanos, que hoy son competencia de otras instancias. Durante la tercera guerra carlista, el municipio avanzó dinero con la promesa de reintegración o de compensación en la contribución provincial, algo que se cumplía de forma tardía e imperfecta.

                Un expediente muy socorrido por parte municipal era endosarle la carga a los fondos del hospital de pobres, también con las oportunas promesas. Claro que las finanzas municipales no pasaban por un momento precisamente boyante. En el otoño de 1875 la alcaldía correspondió a José García Leonardo, bien auxiliado por Zanón y Monsalve, y se enfrentó a un panorama ciertamente agrio.

                Los aborrecidos impuestos sobre los consumos daban más problemas que provechos. Los vecinos más acomodados habían marchado a Madrid y Valencia y de una población de unas 13.112 personas se habían considerado pobres 4.037, el 30´7%. La imposición, o cupo, por consumos de 42.310 pesetas resultó excesiva y no se presentaron licitadores para su cobro por el temor a las pérdidas. Se tuvo que repartir entre los sufridos contribuyentes. En 1876 la también necesitada administración central marcó a Requena un cupo de 74.000 pesetas, que con dificultades se rebajó a unas 64.808 pesetas también muy difíciles de recaudar.

                El 7 de noviembre de 1875 la junta del hospital quiso cobrar el crédito de 12.048 pesetas por la fortificación de la plaza a cuenta de los consumos. El 16 del mismo mes el ayuntamiento se comprometió a pagarlo, pero a 21 de abril de 1877 todavía se adeudaban 11.100. Durante la guerra el hospital contribuyó con 26.818 pesetas a los gastos militares, de las que 15.717 correspondieron a fortificar la localidad, a veces con barricadas hechas con madera tomadas de los domicilios particulares de los vecinos, que tardaron mucho en ser indemnizados.

                Mientras, el hospital también tenía que atender a sus compromisos, como el de la composición de baños de cinc y estufas, registrada el 22 de abril de 1876. En el invierno de 1877 no se cobraron más estancias militares. Comenzaba para el hospital otra penosa travesía por el desierto.          

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN HOSPITAL DE POBRES DE REQUENA.

                Actas de la junta de beneficencia de 1838 a 1880.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

                Actas municipales de 1875-76, nº. 2771.

                http://cronicas-historicas-de-requena.webnode.es/news/el-sexenio-revolucionario-y-el-hospital-de-pobres-por-victor-manuel-galan-tendero/