MOTIVOS PARA CASARSE DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

 

                Las razones para pasar por el altar.

                El Concilio de Trento (1545-63) insistió en la necesidad de llevar un registro parroquial de la administración de los sacramentos del bautizo, del matrimonio y de la extremaunción. Pese a los reparos puntuales que se puedan hacer (no todos los recién nacidos recibieron el bautismo, por ejemplo), las series parroquiales conservadas son de un valor extraordinario para conocer aspectos tan importantes como la natalidad, la nupcialidad, la fertilidad y la nupcialidad de la población del Antiguo Régimen de países como España. También aportan notables datos sobre los movimientos de población al apuntar la localidad de origen de los cónyuges.

                El estudio de los índices de matrimonios de la parroquia requenense de San Nicolás nos brinda una buena oportunidad para conocer los motivos sociales para casarse, más allá de los meramente personales más o menos vinculados a lo afectivo. Iniciada la serie en 1543, bajo el emperador Carlos V, concluiremos nuestro análisis en 1819, un año antes del pronunciamiento liberal de Riego.

                En 1571 se decidieron trazar de forma más precisa los límites de las parroquias de Requena, pero hasta 1795 no se vislumbraron los resultados más concretos. La de San Nicolás abrazó parte de la Villa y del Arrabal, además zonas de la Vega y del término municipal como la aldea de Fuenterrobles. A nivel general encontramos la misma heterogeneidad social que en las parroquias del Salvador y de Santa María a lo largo del período tratado.

                Los primeros datos conservados de esta parroquia se remontan al 1564, dándose noticia de un solo matrimonio. Es muy probable que nos falten años, pues el registro de bautismos de San Nicolás data de 1532 y el de defunciones del Salvador de 1554. Entre 1564 y 1570 se apuntaron 27 nupcias.

                La estabilidad nupcial de la Requena de 1571-1610.

                La nupcialidad se mantuvo estable entre 1571 y 1610, en una época en la que las dificultades todavía no se generalizaron. En la década de 1571-80, con la agricultura de la Vega rindiendo buenos provechos y sin carencias de suministro de trigo, contrajeron matrimonio en San Nicolás unas 47 parejas.

                Una cifra que descendió a 44 en la siguiente década, cuando la bajada de los ingresos municipales alteró la vida pública de Requena, en la que se intentó implantar un sistema de gobierno menos oligárquico.

                Los 47 matrimonios por década se volvieron a alcanzar en la etapa de 1591-1610, el tiempo del Quijote en el que se manifestaron a las claras los graves problemas de Castilla. El precio del grano escaló ante los embates de las malas condiciones climáticas, de la epidemia y de los impuestos, aunque los ingresos de los arrendamientos de las dehesas ayudaron a parchear.

                La crisis impulsa los matrimonios.

                Las exigencias tributarias de la Monarquía obligaron a una explotación más intensa de las tierras del término, lo que a corto plazo profundizó las dificultades de los requenenses. Entre 1611 y 1620 optaron por el matrimonio 58 parejas, que alcanzaron el notable número de 82 en la siguiente década, tan castigada por distintas enfermedades.

                Ante la adversidad muchos requenenses optaron por casarse. Entre los grupos populares, libres del desprendimiento de grandes riquezas familiares en las capitulaciones matrimoniales, pasar por vicaria aseguraba la formación de un hogar propio, en el que el varón gozaría de la ayuda de su esposa y de sus hijos y la mujer de cierta protección y reconocimiento social. En 1631-40 las bodas no bajaron de 76.

                Signos de pérdida de población.

                Entre 1640 y 1660 la villa de Requena tuvo que afrontar, al igual que otros puntos de Castilla, la mayor crisis política y militar del imperio español. La guerra europea se complicó sobremanera con la insurrección de Cataluña y la separación de Portugal.

                La escasez de recursos coincidió con nuevas exigencias económicas y militares a un vecindario hambriento. Si en 1641-50 las bodas descendieron a 64, lo hicieron a 47 en la siguiente década de graves carestías. La crisis dejaba sentir con fuerza sus efectos.

                Entre Caribdis y Escila.

                Poco a poco las gentes de Requena rehicieron sus efectivos, aunque las dificultades no terminaron de disiparse. Los matrimonios mantuvieron su atractivo de garantía social y las nuevas familias, por otro lado, comenzaron a encontrar nuevas oportunidades en la labranza, la artesanía y el comercio.

                En 1661-70 se casaron 70 parejas, 67 en 1671-80, 64 en 1681-90 y 61 en 1691-1700. Fueron unas décadas con años de enormes adversidades climáticas y en las que se abordó la reforma monetaria, tan necesaria como dolorosa.

                El mantenimiento de la recuperación pese a la guerra.

                La Guerra de Sucesión trajo severos problemas a Requena. En 1705 y comienzos de 1706 se tuvo que atender a las contingencias del frente de Valencia. La ocupación austracista comportó importantes trastornos de todo tipo. Recuperada la plaza por los borbónicos tras la batalla de Almansa, los requenenses tuvieron que abastecer durante años a las fuerzas de Felipe V, cuando las interrupciones de los caminos y las malas cosechas encarecieron peligrosamente el precio del pan.

                Prueba de la solidez de la recuperación demográfica del último tercio del siglo XVII fue su mantenimiento durante las dos primeras décadas del XVIII. El número de matrimonios no se desmoronó ni tampoco aumentó prodigiosamente como escapatoria a una situación especialmente crítica. Los 64 de 1701-10 se convirtieron en los 60 de la década siguiente. En 1721-30, con unos precios del grano ya regularizados y unos ayuntamientos atentos a la rehabilitación, se registraron 72 parejas casadas en San Nicolás en 1721-30.

                Tiempo de cambios.

                La explotación de las hierbas de las dehesas había dispensado buenos beneficios contables a las arcas municipales y a algunos bolsillos particulares desde el siglo XV, al menos, pero a medida que avanzó el XVIII la labranza y la sedería le fueron tomando el relevo. Una nueva Requena eclosionó entonces.

                Entre 1731 y 1740, década de claros cambios, los matrimonios aumentaron a 107, que se convirtieron en 143 coincidiendo con la subida del precio del grano durante la década de 1741-50. La situación se estabilizó hasta 1770, alrededor de los 112-115 matrimonios.

                Las euforias de un siglo.

                El cénit del siglo XVIII  se alcanzó a finales del reinado de Carlos III, cuando la mentalidad ilustrada se difundió entre los grupos medios y rectores de Requena. En 1781 se fundó su Real Sociedad Económica de Amigos del País.

                En 1771-80 se alcanzaron los 135 matrimonios y en 1781-90 los 152, que se incrementaron a 171 en la postrera década del siglo, en la que ya se anunciaron las angustias del XIX por venir.

                Los problemas vuelven a impulsar la nupcialidad.

                Durante la crisis del Antiguo Régimen la nupcialidad requenense retomó modos observados en los momentos más delicados del siglo XVII. Bajo la presión de los impuestos de todo tipo y las circunstancias bélicas aumentaron los problemas. No pocas personas cayeron en la marginación. La amenaza del reclutamiento forzado se cernió sobre muchos mozos y el matrimonio volvió a ser una cierta garantía de seguridad personal.

                Entre 1801 y 1810 se registraron los 271 matrimonios y los 267 en 1811-19, lo que explicaría el crecimiento de la población en la primera mitad del siglo XIX pese a los desastres de la guerra y de otro tipo. Una vez más el casarse nos dice mucho sobre las personas y su época.

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA. Libro del índice de matrimonios de la parroquia San Nicolás, sin número.