QUO VADIS OLEANA? EL PORVENIR DE NUESTRA COMARCA.

 

               

                Conciencia crítica.

                En estos últimos años de lo que llevamos del siglo XXI han proliferado las reflexiones críticas en distintos rincones de nuestro cada vez más pequeño mundo. Los aldeanos globales nos dolemos de falta de oportunidades laborales, de falta de respeto por nuestra cultura y de falta de cumplimiento de nuestros derechos ciudadanos. Más o menos indignados, más o menos serenados, la ciudadanía consciente expresa algo tan humano como su pesar por el presente y su inquietud por el futuro.

                Quejarse es algo muy propio de la especie humana. El historiador no deja de registrar quejas y protestas a lo largo y ancho de los tiempos, así como la obstinada voluntad de refrenarlas por aquellos que ocasionalmente mandan. La globalización ha hecho realidad lo de la economía-mundo y las distintas naciones y Estados se enfrentan a la competencia de los demás. Los trabajadores temen por sus empleos laborales y por sus condiciones personales, especialmente cuando la coyuntura crítica desnuda la realidad con crudeza.

                Nuestra comarca no es una isla que se yergue plácidamente en un mar de inquietud. Con un notable peso de la viticultura, acusa los vaivenes de la economía general. Hoy en día varias personas se han dolido públicamente de problemas como el de su creciente despoblación. Los tiempos felices de turistas deseosos de comprar nuestros productos y de los que querían tener aquí su segunda residencia, la de los estupendos fines de semana, parecen evaporarse.

                Una cuestión de fondo.

                Recientemente se habla mucho del despoblamiento, de la Laponia española, expresión que ha hecho fortuna. El problema es ciertamente preocupante y tiene unas raíces más complejas de lo que a veces se piensa, por mucho que en el siglo XVII se llorara ya el despoblado ibérico al llegar a las Castillas. Nuestra piel de toro está llena de rugosidades peculiares.

                El tema no se plantea en los mismos términos en Soria que en nuestra comarca, por mucho que al final el resultado sea igualmente doloroso, en forma de envejecimientos y de abandono.

                Ni Requena ni Utiel, de matriz histórica castellana, fueron villas que rigieran una pléyade de aldeas organizadas en comunidades de la Tierra, con sus representantes ante la cabeza del término. Su poblamiento agrupado, tan característico de Castilla la Nueva, perduró más allá de la Reconquista, con sus imperativos militares.

                La expansión agraria del siglo XVIII puso en marcha la difusión del poblamiento disperso de caserías y aldeas, del que disponemos de buenos datos para el siglo XX.

                Desde 1900 a 1961 la comarca mantuvo con matices su población agrupada y dispersa. Durante la Guerra Civil, muchos se acogieron al medio rural. 

         

                        

                En este periodo las tensiones sociales alrededor de la tierra, forzadas por los problemas de desempleo, se agravaron de forma preocupante y culminaron durante la Guerra. Pasada la misma, eclosionó la requenense Fiesta de la Vendimia como celebración de una agro-ciudad que trataba de pasar página.

              En las últimas décadas la marcha de los más jóvenes a las grandes ciudades vacía nuestro espacio y envejece la población lugareña, con importantes retos asistenciales y de mantenimiento.

                La regeneración y las oportunidades.

                Proponer soluciones a problemas complejos parece privilegio de arbitristas, últimamente no tan mal vistos. Para sanar la sangría de la comarca se ha postulado con tino cuidar de la promoción de sus productos vitivinícolas y cárnicos, atraer el turismo rural, potenciar su actividad cultural o aprovechar la línea de alta velocidad.

                 Para conseguir un territorio competitivo, la Generalidad Valenciana enunció en el 2012 una estrategia que buscara  1) ser eficiente en el consumo de agua, suelo y energía; 2) estar bien conectado a nivel interior y exterior; 3) disponer de residencia próxima al lugar de trabajo; 4) gozar de diversidad tanto económica como socio-cultural; 5) ser innovador; 6) estar orgulloso de lo propio; y 7) disfrutar de cohesión social y de un gobierno eficiente.

                Hay que reconocer que si aplicásemos estos parámetros a nuestra evolución histórica, encontraríamos serias dificultades para prosperar, algo que al final consiguieron (con todos los matices) las gentes de nuestra comarca. Con una tierra accidentada y de temperaturas extremas, un sistema tributario atroz y unas diferencias sociales acusadas se lograron con harta dificultad rentabilizar la condición de paso entre Castilla y Valencia, los pastos para los ganados de paso y las oportunidades como las de la sedería. La necesidad aguzó el ingenio, y a finales del siglo XVII no terminamos cayendo en el destino de muchas comarcas de Castilla la Vieja, con notas comunes con nosotros.

                Nuestra Historia, a mi juicio, nos enseña al menos dos cosas: los tiempos críticos no son una novedad para nosotros, y nuestra capacidad de superarlos no ha sido nada menospreciable. Con datos fehacientes, se puede asegurar que el siglo XVI no fue aquí de oro, el XVII resultó muy comprometido, el XVIII no dispensó tantas alegrías, el XIX comportó dificultades notables y el XX nos trajo gravísimos problemas. Casi nada. Pese a todo, se salió adelante, apostando por la innovación que rentaba beneficios.

                De forma genérica, podemos decir que toda situación crítica se puede solucionar de dos maneras, la pasiva y la activa. La primera equivale a la imposición de facto de una situación perjudicial, cuando el círculo vicioso ha yugulado toda tentativa de mejora efectiva. No se trata de una solución, en verdad. Es el triunfo del cáncer. La alternativa pasiva implicaría para nosotros la acentuación de la tendencia demográfica de 1981-2016, acompañada de unas insuficiencias productivas y de ocupación laboral cada vez mayores.

                En la activa reside la salvación y el porvenir. Coger al toro por los cuernos no es nada fácil. Sabemos que una factoría o una afluencia inmigratoria puntual no gira una dinámica si no va acompañada de una transformación en profundidad, nacida de la misma sociedad, capaz de aprovechar las oportunidades exteriores, que no son un regalo, sino una demostración de habilidad propia.

                La actual fase de la industrialización es muy distinta de la del algodón y del carbón. La formación se valora hoy más y no pocas actividades se deslocalizan de emplazamientos anteriores buscando un medio más amable que el de muchas urbes, saturadas con problemas de polución y circulación. El neo-ruralismo es una tendencia ya plenamente asentada en nuestro país, la de unas personas que prefieren vivir en un ambiente más humano y cercano a la naturaleza. Oportunidades para gozarlo no faltan en esta comarca. El desarrollo de la informática brinda una herramienta de trabajo, negocio y diversión que no podíamos imaginar hace unas cuantas décadas. Algunos especialistas han sostenido que en la misma estribaba la posibilidad de los creativos países de la Europa Mediterránea de acortar distancias con la Nórdica. Hoy en día la comarca dispone del mayor número de titulados superiores de su Historia, un activo nada menospreciable que no debería echarse en saco roto a la hora de planificar y aprovechar mejor el territorio. No veamos el presente como los últimos días de Pompeya, sino como una oportunidad de renovarnos para tener algo mejor que legar a las futuras generaciones, las que un día escribirán nuestra Historia.

                Víctor Manuel Galán Tendero.   

               Fuentes.

                Instituto Nacional de Estadística, Nomenclátores de la población de España.