REQUENA A TRAVÉS DE SEIS INSTANTÁNEAS HISTÓRICAS. POR GIOVANNI OCHANDO ARCÍS.

                La Historia de Requena es muy compleja, más que la de varios Estados actuales, y contarla no es sencilla, pero se puede dar a conocer a través de unos elementos clave, unas instantáneas históricas.

                El extenso término de Requena, cuyos antecedentes a la Reconquista no conocemos, ha sido el fundamento natural de la vida económica y social de sus gentes. Sus naturales, a veces de manera interesada, han ponderado sus dificultades, la de su fragosidad. En los conflictos con la enojosa Mesta no dejaba de tener su utilidad. De todos modos, los requenenses supieron sacar buen provecho de sus posibilidades, cultivándolo y adehesándolo. Así fue Requena mucho más que la referencia geográfica de una aduana del rey, el puerto seco. También fue una villa floreciente con deseos de ciudad más o menos cumplidos.

                

                Si la tierra formó su cuerpo, la Historia custodiada en su archivo formó su espíritu, el del orgullo de la república o sociedad local. En 1706 los ingleses de las tropas del archiduque Carlos de Austria, que habían tomado la localidad, irrumpieron en su archivo y amenazaron con quemar muchos de sus documentos. Querían rescatarlos a cambio de dinero, como si de seres humanos se tratara. En el fondo cada documento contenía una historia de vida en forma de título de propiedad o de permiso de actividad. El archivo ha sido definido como el arsenal legal del poder municipal, pero también ha sido y es el punto de encuentro de la vida de los requenenses a lo largo de su Historia. ¿Qué precio tienen sus documentos?

                Entre los siglos XVIII y XIX los Sardineros acogieron a varios mozos que no quisieron seguir el llamamiento a filas del rey, cargado de injusticias. Allí sobrevivieron como leñadores o pastores. No era una Edén, pero quizá fuera el equivalente requenense a la frontera anglo-americana en la América del Norte o rusa en Asia. Los gobiernos de la época, ilustrados o no, contemplaron con inquietud áreas alejadas de su autoridad como los Sardineros. Mientras aquí se clamó contra los hombres de mala vida de los Sardineros, en Rusia se terminaba de aniquilar la libertad de los indómitos cosacos de las estepas ucranianas.

                En 1808, en plena guerra contra Napoleón, los responsables de su junta patriótica alzaron un Manifiesto justificando su conducta ante el enemigo. No tuvo el éxito esperado, lo que demuestra que no siempre los requenenses han sido escuchados con benignidad por otros. Las noticias literalmente han volado como ciertos productos de primera necesidad.

                

                En 1836 Requena se quedó sin feria a causa de la hostilidad de los carlistas. Para una localidad como la nuestra fue un severo contratiempo, pues la actividad comercial era muy necesaria para el sustento de sus vecinos y el pago de las siempre pesadas contribuciones.

                

                Los impuestos han atormentado a los requenenses a lo largo del tiempo. El rey de turno entraba en una de sus guerras y pedía la ayuda de sus fieles súbditos, que para pagarle se empeñaron más de lo debido y aconsejable entre los siglos XVI y XVIII. Incluso cuando el rey se encontró ausente en Francia, como el siniestro Fernando VII, continuaron pagando y luchando por él. Es sintomático como la monarquía ha amargado la vida a la república local. Junto a los apremios de pago imposibles, la guerra trajo a veces, demasiadas, a unos molestos visitantes, los soldados necesitados de alojamiento, alimento y a veces el servilismo de unos vecinos que no quisieron dejarse avasallar. En muchas ocasiones hubo poca diferencia entre el soldado español del rey y el extranjero del poder enemigo.

                ¿Qué balance se puede hacer de este rapidísimo recorrido? Los requenenses han tratado de superar los peores momentos, marcada por la arrogancia de ciertas personas e instituciones, conservando sus círculos de protección municipales, algo a veces casi imposible. Señalar un siglo de oro es muy difícil, pues en el XVI se pasó hambre y se sufrió la peste. La prosperidad de las viñas decimonónicas no se repartió precisamente por igual. Tras la Guerra Civil se aguantó el rigor de la postguerra franquista y los zarpazos de la emigración. Hoy en día tratamos al menos de comprender mejor nuestro pasado.