REQUENA TOMA LAS ARMAS POR PEDRO DE JÉRICA. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

 

                Años de paz entre Castilla y Aragón.

                A la altura de 1332 Alfonso XI de Castilla y Alfonso IV de Aragón mantienen una relación apacible pese a las discrepancias surgidas durante la guerra contra los musulmanes granadinos. El propio rey aragonés se había esposado con la hermana del castellano, la enérgica doña Leonor, de la que tendría al infante don Fernando, cuya dotación patrimonial desataría la protesta de la ciudad de Valencia en 1333.

                El de Aragón tenía más que temer por aquel entonces de los granadinos, capaces de atravesar el reino de Murcia en rápidas incursiones hasta el Sur valenciano, que de los castellanos de Requena y de otros lugares de la frontera, empeñados en perfilar con mayor precisión sus términos municipales y aprovechar con mayor eficacia sus recursos y ventajas de comunicación. Egidio Martínez de Requena se asoció con Pascual Pérez de Moya para la venta de madera en el reino de Valencia, reclamando en mayo de 1332 del rey Alfonso IV, entonces en Játiva, justicia ante los agravios de los hombres de Chirell y Cortes. En octubre del mismo año el monarca aragonés trataría de reconciliar a la ciudad de Valencia con la villa de Requena y la universidad de Utiel, enemistadas por embargos derivados de litigios comerciales. También se quiso llegar a un acuerdo de límites entre Requena y Chirell.

                A estas alturas ya vemos que junto al castillo y villa de Requena figura en los documentos aragoneses la universidad de Utiel, núcleo de población dotado de instituciones y términos particulares propios dependiente de un municipio mayor, disfrutando de su fuero y privilegios. La explotación forestal, el comercio de maderas y otros productos y sus funciones defensivas contribuirían al engrandecimiento de Utiel, fundamento de su futura separación.

                Entre Castilla y Aragón no existía ningún telón de acero y los hombres de varia condición de la frontera estaban muy acostumbrados a transitarla siguiendo sus intereses más particulares.

                Los Jérica, un linaje de sangre real.

                En 1328 don Jaime y don Pedro de Jérica partieron desde Aragón hacia Castilla para combatir al lado del infante don Juan Manuel contra su señor el rey Alfonso XI. El linaje de los Jérica había hecho fortuna a lomos de la frontera.

                Procedían los Jérica del mismísimo Jaime I y de su tercera esposa Teresa Gil de Vidaure. Jaime I de Jérica recibió entre otros dominios Sinarcas y su hijo Jaime II contrajo matrimonio con Beatriz de Lauria, la hija del almirante del rey de Aragón Roger de Lauria, señor de Alcoy y Cocentaina. En 1298 llegó a ser procurador, gobernador y defensor del reino de Murcia, entonces casi dominado por los aragoneses.

                Jaime II de Jérica y el concejo de Requena se conocían bien por diversos motivos. En noviembre de 1324 bajo los auspicios de los reyes de Aragón y Castilla alcanzaron un acuerdo de arbitraje para la delimitación de los términos de Chelva (de su señorío), Requena y Moya. El litigio venía de antes y en la primavera de 1326 aún coleaba.

                Sus hijos Jaime, que sería lugarteniente del procurador en el reino de Valencia, y Pedro fueron los que partieron contra el joven Alfonso XI. Jaime y su madre Beatriz disputaron acremente por sus estados señoriales. Al morir el tercero de los Jaimes de Jérica, don Pedro se erigiría en el jefe de la casa, gozando del reconocimiento del rey Alfonso IV y de la reina Leonor.

                La ruptura entre los Jérica y el rey de Aragón.

                Ya antes de morir Alfonso IV de Aragón su esposa Leonor sentía viva preocupación ante la ascensión al trono de su hijastro don Pedro y por el futuro de sus hijos. En Ateca, dependiente de Calatayud, se entrevistó en 1334 con su hermano Alfonso XI, acompañada de Jaime y Pedro de Jérica, Velasco Maza, Pedro de Luna, Ramón Cornell y otros ricoshombres aragoneses para evitar toda desposesión de los señoríos y bienes de sus hijos los infantes don Fernando y don Juan. Al monarca castellano le importaba no perder su ascendiente sobre la Corona de Aragón.

                En enero de 1336 subió al trono el temido Pedro IV y Pedro de Jérica condujo a Leonor a Albarracín para su protección. Desde aquel mismo mes Pedro IV temía los movimientos del de Jérica, que andaba por Utiel sin saberse con seguridad si disponía de suficientes tropas. En vista de ello el vizconde Jofré de Rocabertí debería de permanecer alerta en Domeño, pudiendo requerir la ayuda armada de Gerardo de Cervelló.

                En todo caso el maquiavélico Pedro IV supo justificar de otra manera en su elaborada Crónica la ruptura con el de Jérica. En las Cortes iniciadas en septiembre de 1336, que tenían que jurarle como rey de Valencia, no acudió don Pedro, acreditando una vez más una contumaz rebeldía que ya había demostrado llevando a doña Leonor a Albarracín y Castilla. Se ordenó en consonancia el secuestro de sus estados y rentas, además de los de la reina Leonor. Finalmente ordenó atacar Jérica en castigo.

                Las hostilidades se rompieron entre ambas partes. El de Jérica invocó con astucia el fuero de Aragón en su beneficio para no comparecer ante las Cortes y para enturbiar la ofensiva de su oponente, logrando la ayuda de más de un noble, pues en el fondo se trataba de una lucha entre el autoritarismo real y los grandes magnates aragoneses por el control de la situación.

                Requena toma partido.

                En Requena la guerra se recibió como agua de mayo por muchos varones acostumbrados a ganarse la vida con la espada en la mano.

                El 26 de agosto de 1326  Alfonso XI tuvo que ampliar la nómina de guerreros montados de treinta y tres a cuarenta y dos, pasando la dotación de 4.000 a 6.000 maravedíes, confirmándose el 21 de febrero de 1332.

                En el invierno de 1335-36 la carestía azotaba a las tierras de frontera, recorriéndola en busca de hombres el de Jérica desde Utiel a Orihuela, señorío del infante don Fernando.

                Pedro de Jérica, compensado finalmente por Alfonso XI con el adelantamiento de Murcia y una renta de 100.000 maravedíes, tuvo capacidad para asoldarlos a su vez con la licencia del rey castellano.

                Las operaciones militares.

                En el otoño de 1336, con sus señoríos valencianos atacados por el rey de Aragón, el de Jérica recibió la ayuda militar de Alfonso XI de Castilla, que envió a Diego López de Haro, Juan Martínez de Leiva y Lope Díaz de Rojas.

                Formó asimismo una poderosa compañía o fuerza militar integrada por guerreros de todo tipo asoldados y gentes de su comitiva feudal, alineando en vísperas de sus principales incursiones en el reino de Valencia unos ciento treinta caballeros e innumerables infantes. Las compañías a sueldo de un magnate, en las que participaron los celebérrimos almogávares, tuvieron gran protagonismo en los campos de batalla de Italia y del imperio bizantino en el primer tercio del siglo XIV y adquirirían un peso enorme en el transcurso de la guerra de los Cien Años y en los combates entre Pedro I el Cruel y Enrique II en Castilla.

                A principios de noviembre del 36 logró apresar en una celada a los caballeros del rey de Aragón que a su juicio no se mostraban conformes con las donaciones a los infantes, pasando del castillo de Chelva a Requena con la ayuda de fuerzas requenenses y de Moya.

                En Requena y en Utiel (citada expresamente en la Crónica del monarca aragonés) se concentraron sus fuerzas, que emprendieron el camino hasta los dominios de Játiva, línea de irrupción estratégica que ya se hizo visible durante la reconquista de tierras valencianas, cuando caballeros conquenses llegaron hasta la Játiva asediada por Jaime I.

                Pedro IV había conseguido la tenencia efectiva del castillo de Játiva en detrimento de los partidarios de doña Leonor a la muerte de Bernardo de Sarriá, librándose la batalla por la efectividad de las donaciones en el reino de Valencia a favor de los hijos de Leonor.

                Al final todo se redujo a una expedición de saqueo y castigo en la que se incendiaron las entonces alquerías setabenses del castillo de Enguera y de Ana. Los de don Pedro también atacaron el valle de Ayora y el arrabal de Alpuente.

                Los cautivos de las expediciones, fuente de dinero gracias a los rescates, fueron a parar a Requena. Uno de ellos fue el escribano Bertrán de Vallo, cuya redención fue negociada por el requenense Simón Rodríguez en Siete Aguas y Buñol.

                Los requenenses también aprovecharon la situación para tomar ganados en Sot a Juan García de Lihori, justicia de Alpuente, y a sus asociados. Similares motivaciones de lucro tuvieron al otro lado de la frontera los almogávares de Buñol.

                Los auxiliares de don Pedro.

                Pedro de Jérica tuvo la ayuda en Requena de una personalidad de gran relevancia en nuestra Historia, Ferrán Gómez de Albornoz, caballero fiel a Alfonso XI.

                Las fuentes cancillerescas aragonesas se refieren a él como adelantado, lo que ha dado pie a problemas de interpretación.

                Para dilucidarlos es bueno recordar que en manos de Pedro de Jérica se encontraría el adelantamiento mayor de Murcia, siendo auxiliado por viceadelantados, según terminología de Braulio Vázquez Campos, como Pedro Martínez Calvillo, acompañado de su propio lugarteniente.

                Don Pedro haría valer su poder como adelantado mayor por circunstancias puntuales en un territorio como el nuestro que no formaba parte del reino de Murcia, recibiendo tal título Ferrán Gómez de Albornoz, que no dejaría de ser un viceadelantado en el fondo.

                El desenlace.

                Tras unos meses de enfrentamientos se llegó a una tregua entre los reyes de Aragón y Castilla, curiosamente por mediación de la reina Leonor. Ya antes de verse libre de su enfrentamiento con Portugal, Alfonso XI podía movilizar a las huestes de los concejos de Murcia, Requena, Moya,  Huete, Cuenca, Molina, Soria y Almazán en ayuda de Pedro de Jérica. En la paz definitiva de 1337, negociada por parte castellana por el infante don Juan Manuel, don Pedro pudo recuperar sus bienes en Aragón, al igual que doña Leonor y en los infantes en la medida de lo posible. El de Jérica había salido airoso.

                A partir de marzo de 1337 Pedro IV recordó a los requenenses que sus reclamaciones ya no tenían cabida al haberse concordado con la reina Leonor. La paz no trajo precisamente la dicha de no pocos requenenses. Triste paradoja de una época de violencia.

                Fuentes.

                ARCHIVO DE LA CORONA DE ARAGÓN, Real Cancillería, Registros 453 (153v-154r, 183v-184r), 454 (25v-26r), 861 (162v), 1053 (221r), 1054 (8v, 221v-222r) y 1522 (46r-56r), cuyas copias digitales figuran en el Archivo Municipal de Requena gracias a don Juan Pitarque.

                Bibliografía.

                CRÒNICA DE PERE EL CERIMONIÓS. Barcelona, Edicions 62, 1984.

                VÁZQUEZ CAMPOS, Braulio, Adelantados y lucha por el poder en el reino de Murcia, Alcalá la Real, Zumaque, 2009.