SOLDADOS IRLANDESES EN LA VEGA.

                

                Las malas relaciones entre la monarquía inglesa y una parte importante de la población de Irlanda datan del siglo XII, de los tiempos de la conquista promovida por Enrique II, pero la reforma religiosa y las luchas políticas de los siglos XVI y XVII enconaron todavía más los ánimos si cabe. No pocos irlandeses, algunos de familias originarias de la vecina Gran Bretaña, tuvieron que abandonar la isla esmeralda en busca de una vida más libre. Católicos en su gran mayoría, encontraron refugio en los dominios de las monarquías de Francia y España. Conformaron fuerzas propias, los tercios de la gente irlandesa, en los Países Bajos desde 1605, donde sirvieron con distinción a los reyes hispanos. También lo hicieron en otros frentes de guerra y en 1650 los encontramos por la Vega de Requena tras no escasas peripecias.

                En 1641 los católicos del Ulster se alzaron en armas invocando la autoridad de Carlos I de Inglaterra, una argucia política muy propia de aquellos tiempos, y asesinaron a trescientos protestantes, pronto convertidos en mártires de la causa parlamentaria. El año anterior el tercio de irlandeses había tenido que pedir el amparo del obispo de Gerona ante las iras de la población catalana por el incendio de Santa Coloma de Farners.

                La presencia irlandesa se hizo más que evidente en la España de la década de 1640. En 1645 los irlandeses tuvieron una gran importancia en la guarnición militar de la plaza de Tortosa, partidaria de Felipe IV, y sacerdotes y estudiantes de esta procedencia solicitaron disponer de casa propia en la ciudad de Valencia. Mientras tanto, las luchas políticas se intensificaban en las islas Británicas. El 30 de enero de 1649 fue ejecutado Carlos I y en la primavera de aquel año los republicanos ingleses temieron que una fuerza irlandesa se movilizara a favor de su hijo Carlos II. El 15 de agosto el impetuoso Cromwell desembarcó en Irlanda al frente de un ejército muy concienciado ideológicamente, que el 11 de septiembre perpetró la matanza de Drogheda y la de Wexford el 11 de octubre. Sus soldados se convirtieron en despiadados colonizadores que se consideraron a sí mismos como el Pueblo Elegido a punto de tomar posesión de la tierra de Canaán, como también acontecería en la América del Norte. El 12 de agosto de 1652 se proclamó la unión de Irlanda a la república de Inglaterra bajo unas severas condiciones políticas y religiosas.

                Los irlandeses gozaron de buena consideración como colonizadores en la España del siglo XVII. Ya en 1600 el duque de Osuna se inclinó a repoblarla con ellos. El duque de Béjar pidió a Felipe IV acoger en las marinas de sus dominios a las míseras familias de irlandeses que habían combatido bajo las banderas de Jesucristo.

                En el peor momento de la lucha por Irlanda aparecieron por Requena sus soldados. En 1650 la penuria resultó muy acusada en nuestra tierra. El hondo descontento condujo a disparar contra el corregidor don Francisco de Valdespino, que moriría a resultas de las heridas. La contribución al ejército real en Cataluña resultaba insoportable y para colmo se tuvo que dar alojamiento a las fuerzas irlandesas de Felipe IV. Las malas relaciones entre soldados y civiles eran proverbiales y ya habían causado notables problemas a la Monarquía hispánica mucho más allá de la Cataluña de 1640. Los problemas del calderoniano alcalde de Zalamea estaban de viva actualidad.

                El 8 de mayo de 1650 se ordenó alojar en la villa al maestre de campo don Cristóbal O´Briend junto a otras sesenta y siete personas de su unidad. Los moradores de la Vega deberían de contribuir al mantenimiento de la infantería irlandesa que se establecería por las casas de las heredades.

                De embridarlos se encargaría, desde la distancia, el alcalde de la casa y corte del rey don Fernando Guevara Altamirano, también superintendente general de la milicia de los partidos de Toledo y Ocaña. En otros casos se había mostrado como un celoso cumplidor de sus deberes.

                El concejo no tuvo más remedio que colaborar de la mejor manera que pudo y el 18 de agosto el comisario municipal don Juan Manzanares ajustó cuentas con el veedor del tercio de la gente irlandesa don Antonio Alvear. Por el momento no se tuvieron que deplorar incidentes.

                En 1653 Felipe IV se enfureció contra los irlandeses que abandonaron su causa en el campo de batalla, pero en 1657 tuvo que recurrir a la leva de unas gentes con fama de indómitas, que sirvieron con distinción en los ejércitos de España, Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, que tal día como hoy celebran el día de San Patricio.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA. Libro de actas municipales de 1650-59, nº. 2740.