TIPOS DE POBLAMIENTO IBEROS (II). REQUENA Y LA MESETA DEL CABRIEL. POR JAVIER JORDÁ SÁNCHEZ.

    Tipología de poblamientos ibéricos de control de poder

Entre los dos ríos han existido muy abundantes elementos de población de este tipo, una muy larga lista de éstos. Si mezclamos las épocas los podemos describir por tipología.

-          Poblados-fortaleza exteriores de mediano tamaño a gran altura

  Ocupan las zonas de las áreas limítrofes del Estado ibérico, en las estribaciones orográficas que sirven de separación natural y política con otros estados. Los lugares donde se ubican son espectaculares, en cerros imponentes, con vistas a la lejanía. Suelen tener una o más torres fuertes, foso, murallas y casas, cuyas paredes ejercían también de fortificación.

  Su uso podría asemejarse con lo que en época medieval serían los castillos feudales: torres, murallas, fosos, en el cerro de máxima altura de sus alrededores, controladores de zonas limítrofes con otras demarcaciones y a su vez sobre los territorios de sus “vasallos” o trabajadores, mediante un ejército propio que lideraría un “noble” o “alcaide”, dependiente a su vez de un cuerpo político central o “dux” o “señor-es”, que gobernarían desde la ciudad (civitas) principal.

  Ejemplos de éstos son La Atalaya (Villar de Tejas), Cerros de San Cristóbal y Carpio (Sinarcas), Sobrarias (Aliaguilla), Cabeza de Moya (Enguídanos), Contreras (Minglanilla), Cerro Tornera (Casas de Ves), Pico de los Ajos (Venta Gaeta-Yátova), La Cárcama (Rebollar).

La Cárcama, poblado fortaleza con torre, foso y murallas. A 1164 metros de altura vigilante del corredor de Rebollar-Siete Aguas que es vía natural de paso hacia la costa. Situado al Este de nuestro Estado ibérico.

-          Poblados-fortaleza interiores de tamaño medio a mediana o gran altura:

  Están situados entre el límite exterior y los grandes llanos centrales donde se desenvolvía la vida administrativa y productiva del Estado ibérico. Se caracterizan por tener torre, murallas, foso a veces y albergar viviendas. Se dan en lugares estratégicos para el control de zonas llanas productivas situadas bajo ellos. Y a su vez rodean la intimidad del Estado ibérico en su zona interior, donde se ubican los grandes oppidum y se da la mayor densidad de población. Al igual que los poblados-fortaleza exteriores, se asemejan a un castillo medieval, y comparten  de algún modo su funcionalidad.  Parecen conformar un anillo circular intermedio entre el centro y la periferia del estado ibérico, o bien situarse en puntos estratégicos.

  De ellos tenemos en este Estado ibérico varios ejemplos: El Molón (Camporrobles), La Mazorra (Utiel), La Caparrota (Villar de Olmos), El Santo (Hortunas), La Cabeza (Campo Arcís), La Peladilla (Fuenterrobles), Punto de Agua (Benagéber).

Molón (Camporrobles). Poblado-fortaleza en altura con torre,  foso y murallas. Vigilante de la zona interior del llano de Camporrobles desde sus 1124 metros de altura. Magnífica excavación arqueológica y puesta en valor por el equipo de A.J. Lorrio.

Torres de vigilancia-control:

  Puntos obscuros para la visibilidad y control no podían permitirse en un Estado ibérico que se preciase. El territorio debía estar controlado, comunicado. Pero no todos los lugares reunían la conveniencia de ser habitados, ni el privilegio de sustentar el privilegio de control sobre su territorio, ni para la explotación económica. Entre los poblados-fortaleza, poblados y explotaciones económicas de un mismo Estado era obligada la intercomunicación y el control del territorio. En estos lugares donde no había contacto visual se construyeron unas torres de piedra sobre cerros pequeños. En la mayoría de los casos ni siquiera fueron habitados, tan sólo eran dispuestos unos vigías a turno. Se comprueba porque apenas se encuentra en ellos vestigios de cerámica dispersa u otros elementos arqueológicos de hábitat.

  Mediante ellos se solían comunicar las entidades poblacionales superiores, en aquellos casos en los que no tenían interrelación visual.

  Un ejemplo de esto es la torre de La Dalta (Benagéber), que aún conserva su base de piedras ciclópeas semicircular, aunque el resto superior está derruido. En su entorno no se perciben restos de cerámica ni otros elementos que indiquen que haya sido vivienda. Su posición en lo alto del cerro fue reforzada por la altura de la propia torre para mejorar su posición visual, pero su ubicación no permite un control total de su periferia, pero si una comunicación visual cruzada con el poblado ibérico de Punto de Agua (Benagéber), situado frente a él, separados 1kilómetro por el Barranco de Agua. Y a su vez, unos 7 Kilómetros SURESTE el poblado ibérico de La Atalaya (Villar de Tejas) y a unos 6 kilómetros NOROESTE el de Los Castillejos-Charco Negro (Sinarcas), a los que ayudaba en su comunicación con Punto de Agua. Estos tres poblados estaban ubicados en línea, a unos 4 kilómetros paralelos al SUR con el río Turia, y no dispondrían de visibilidad entre ellos a no ser por la torre de La Dalta.

  Las intercomunicaciones internas del territorio del Estado ibérico  eran tan complejas como bien diseñadas, de modo que existían múltiples modos de relación entre los distintos tipos de hábitats.

  Otros ejemplos de estas torres son: Torre de Moluengo (Villargordo del Cabriel) que vigila ambos lados de la vertiente del río Cabriel hacia La Manchuela y hacia la Meseta del Cabriel. Torre de Peñarrubia (Aliaguilla), nexo entre Sobrarias y el llano de Sinarcas.

  También existen torres ibéricas de control de territorio que sí tuvieron hábitat en torno suyo. Ejemplos de ellas son: Torre del Vallejo (Torre de Utiel), punto de nexo de intercomunicación  desde la Sierra de la Bicuerca hasta la Sierra de Aliaguilla. Puntal de Eduardo (La Portera) punto de vigilancia sobre el río Magro, al igual que El Castillejo (Requena), del mismo tipo. O Los Chorrillos y Los Pontegiles (Villar de Olmos) sobre el río Reatillo.

Torre ibérica de Dalta (Benagéber). Por su situación estratégica, en la otra vertiente del Barranco del Agua, fue un lugar de comunicación-vigilancia entre los poblados de Punto de Agua y Charco Negro-Los Castillejos.

Grandes poblados centrales en llano  o quizás oppidum o civitas.

  Estos se dieron en terrenos ligeramente elevados pero de fácil acceso, rodeados de llanos fértiles, de abundante agua, cercanos a comunicaciones principales, localizados en las zonas interiores del Estado ibérico al que pertenecían. Su tamaño estaba entre las 10 y las 7 hectáreas aproximadamente.  Situando el tiempo en que se dieron estos poblados, los dataríamos entre las épocas ibéricas de la Edad del Hierro, y la llegada o asentamiento de cartaginenses y romanos, sin llegar más allá de tiempos romanos, salvo La Villa de Requena que ha sido habitada con continuidad hasta nuestros días. Del único que se ha puesto fechas concretas de ocupación ibérica es el de los Villares (Caudete de las Fuentes), entre el S VII a.C. y la 2ª mitad del S I a.C.

  Aunque parezca lo contrario, éstos reúnen grandes incógnitas. Hay quienes han implantado sus teorías sobre el mundo ibérico en la Meseta del Cabriel, y han sentado precedente sin haber suficientes pruebas. Opino que algunas de éstas pueden divergir de lo que se afirma, tan sólo porque hay mucho sin confirmar.

  Es cierto que el gran poblado u oppidum ibérico de la comarca es Los Villares (Caudete de las Fuentes), uno de los más extensos entre los poblados ibéricos del Este de Hispania, con unas 10 hectáreas habitadas entre sus muros. Y que los datos arqueológicos que aporta son tan abundantes como importantes. Incluso se podría decir que su importancia histórica está infravalorada respecto a otros oppidum semejantes o inferiores de la Comunidad Valenciana, y del resto de España. Pero su afinidad histórica no ha sido bien estudiada y se limitan a llamarla “Kelin” simplemente porque, al parecer, de entre las monedas ibéricas encontradas en torno al yacimiento arqueológico, un cierto porcentaje eran de la ceca numismática de Kelin (o Gelin o Celin  o Xelin según la aleatoriedad de la traducción desde el alfabeto ibérico). Sobre este punto existen dudas de las que no se ha tratado, y de las que ya hablaremos.

  El caso es que, como el mundo arqueológico de la Meseta del Cabriel está en su inmensa mayoría sin estudiar, existen, a mi juicio, unas grandes incógnitas sobre los lugares de la comarca con mayor densidad de población en la Edad del Bronce, Edad del Hierro y época romanizada.

  Estos lugares están en las zonas llanas centrales del territorio y sus extensiones arqueológicas o de dispersión de cerámica son importantes, a simple vista. El problema es  que no sabemos qué hay debajo del suelo o bien que la labor humana ha destrozado muchos de ellos. De todos ellos hablaremos en detalle en otro momento.

  Se sitúan en una zona geográfica que comprende. Al noroeste Los Villares (Caudete de las Fuentes), al norte La Villa (Requena), al este El Moral (Rebollar), al sur la Muela de Arriba (Casas de Cuadra).

  Los contextos y formas de todos ellos parecen ser diferentes, a simple vista y a falta de estudios arqueológicos.

1/ Los Villares (Caudete de las Fuentes):

   Comprende una superficie de 10 hectáreas. Se sitúa en una suave colina que sobresale en el llano circundante, cerca del río Magro. Su muralla no parece haber sido demasiado potente, quizás formaría parte del tapial trasero de sus casas. Desconozco la existencia de torres y grandes pórticos de entrada. Esto implica una seguridad y confianza de no ser probable que llegase a ser atacada por enemigos hostiles.

Los Villares (Caudete de las Fuentes), gran poblado ibérico de 10 hectáreas.

2/ La Villa (Requena):

   Con una superficie de 7,5 hectáreas. Similar a Los Villares, está sobre una colina elevada en una amplia zona llana, aunque en el caudeteño sus laterales son suaves pendientes y en el requenense son paredes verticales, de mayor capacidad defensiva. Ha tenido el inconveniente de haber sido habitada ininterrumpidamente desde entonces, lo cual ha destruido la mayoría de las anteriores estructuras visibles. Los datos que tenemos se corresponden con excavaciones arqueológicas puntuales en distintas áreas, como las del patio de armas del castillo y la plaza de la Fortaleza, donde han aparecido importantes restos ibéricos. O aquellas monedas ibéricas que se encontraban por las calles de La Villa los niños de los años 40 - 50, y que entregaban al maestro, que las guardó hasta que alguien se las enajenó.  Incluso se encontraron enterramientos iberos con ajuar a 400 metros de La Villa, en la Av. de la Estación, donde pudo estar su necrópolis.

Maqueta del recinto medieval de La Villa (Requena).  Fue una colina habitada en época ibérica y romana.

3/ Muela de Arriba (Casas de Cuadra):

  Es la gran incógnita arqueológica de la Meseta del Cabriel. Se hicieron hace años unas ligeras excavaciones en su punto más alto, pero no aclararon mucho. Desde entonces aquello está abandonado.

  Su contexto tiene similitudes con los otros poblados aquí nombrados, pero tiene aspectos distintos.

  En principio existe una colina donde su delimitación poblacional es obvia, pues aún se conservan (de milagro) restos de muros y torres. Es la parte más antigua del poblado (S IV-III a.C.)  y ocupa una superficie de unas 1,5 hectáreas.

  Alrededor de este primer poblado ibérico más antiguo parece que se desarrolló un hábitat muy extenso, pues el área de dispersión cerámica ibérica abarca una superficie de alrededor de 25 hectáreas.  Sin embargo, no está estudiada arqueológicamente y los datos de los que disponemos sólo son superficiales.

  La impresión que nos da, según la cerámica en superficie, es que siguió siendo un entorno ibérico, aunque, como sucede en otros poblados similares, podría tratarse de un enlace con la invasión de Roma, en la que la comunidad indígena tuvo una continuidad posterior a la 2ª Guerra Púnica tras la derrota en Hispania de los cartaginenses en 205 a.C.

  Concretando, el poblado reúne dos condiciones. Por una parte el centro urbano de construcción más antigua, ejerce desde el lado norte un imponente control visual del territorio centro del Estado Ibérico, desde una colina en semi-altura, y continúa el desnivel en sus lados este y oeste, pero su lado sur está casi el mismo nivel que los terrenos lindantes, y los separa una pequeña muralla y torres. Por otra parte, los terrenos que rodean esta colina están situados en llano ocupando una superficie muy extensa.

  El caso es que cumple las condiciones de estos “grandes poblados centrales en llano”, en los que la defensa no es un motivo principal y si la utilidad.

Muela de arriba. La parte más alta del poblado ibérico.

4/ El Moral  (Rebollar):

  Se da en un área de dispersión cerámica de unas 7,5 hectáreas, aunque la concentración de ésta es desigual. Se caracteriza por situarse sobre unas suaves lomas bajo el pico de La Cárcama, paralelo a un pequeño valle que baja desde éste, y en donde se dan abundantes manantiales de agua, lo cual hace de éstos unos terrenos fértiles.

  Está claro que El Moral es una continuación en el tiempo y el espacio del poblado fortificado a gran altura de la Edad del Bronce y del Hierro que hubo en La Cárcama (Sierra del Tejo), ya que sus habitantes fueron ocupando estas tierras más bajas, a un kilómetro, conforme los tiempos se fueron haciendo más favorables.

  No siendo tan extenso como los otros grandes poblados centrales en llano de este Estado Ibérico, sí que es un referente de este tipo. Y, como ellos, se sitúa en una zona llana, en el interior de la demarcación del Estado Ibérico y protegido por poblados fortaleza en altura cercanos por la sierra de Siete Aguas, como Raidón, Pimiento, Nevera…

*(Conclusiones pendientes de modificación a la expensa de conocer nuevos datos)

           *(Continúa en la 3ª parte)

Fuentes:

PGOU Requena.