UNA JOYA HISTORIOGRÁFICA DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ MARTÍNEZ, LA FÁBRICA DE PAPEL DE UTIEL.

                La historiografía de Utiel ha contado desde Miguel Ballesteros Viana con distinguidos autores, que han tenido que enfrentarse con la deplorable destrucción de muchos de sus fondos archivísticos municipales a causa de la Guerra Civil. Con gran tesón y esfuerzo se han ido aventurando no sólo por los caminos del Archivo Histórico Municipal de Requena, sino también por los del Archivo Histórico Nacional o los de la Real Chancillería de Granada, entre otros, para ampliar la buena ejecutoria de Ballesteros Viana siguiendo lo mejor de su legado, el de una historia fundamentada en documentos susceptibles de estudio crítico.

                José Luis Martínez Martínez lo ejemplifica a la perfección, pues es autor de una gran cantidad de reseñas, artículos, opúsculos y libros, escritos con una gran humanidad y gusto por el detalle del sibarita historiográfico, que sumados conformarían una verdadera Historia de Utiel. Ahora este distinguido utielano, alejado de toda afectación, nos ha regalado un nuevo capítulo de esta magna obra por entregas, La fábrica de papel de Utiel 1779-1814.

                El autor tiene el atinado criterio de incluir un notable apéndice documental, en el que también se podría incluir las bellas imágenes de las filigranas del papel producido en la fábrica de Juan Dustou de la Rosa, toda una personalidad como bien nos comenta el bueno de José Luis.

                A través de los farragosos litigios en los que se vio inmersa su fábrica papelera y él mismo con otras instituciones e individualidades de Utiel, se contemplan problemas de primer orden, bien puestos de manifiesto por nuestro historiador.

                El funcionamiento de la fábrica trastocó aspectos importantes del sistema de riego del Utiel de tiempos modernos a nivel ecológico, funcional y social, lo que nos demuestra que los conflictos eco-sociales de nuestra primera industrialización no sólo se dieron en tierras gallegas o asturianas.

                La industrialización era portadora de otro mundo con un nuevo sistema jerárquico y en sus litigios ante los tribunales reales, siempre prolijos, Juan Dustou no dudó en acusar a los poderosos de Utiel como sus contradictores principales. Se diría que una burguesía en ciernes se enfrentaba con los oligarcas tradicionales. En la vecina y hermana localidad de Requena quizá la principal cuestión social del siglo XVIII fue la sustitución de la tradicional oligarquía caballeresca por otra más centrada en la sedería y el comercio. En La fábrica de papel de Utiel tenemos un interesante capítulo de este complejo proceso.

                La fábrica de Dustou no era cualquier cosa y su producción fue comercializada en la lejana Nueva España. También la sedería requenense encontró parte de su mercado en la América hispana. Su pérdida tras décadas de terribles problemas perjudicó a la industria de nuestra comarca, que experimentó una auténtica desindustrialización que podemos poner en paralelo con la de otras tierras del interior de España, a partir de entonces castigadas con aseveraciones tópicas sobre su supuesto carácter inmovilista e hidalgo.

                La fábrica de papel de Utiel demuestra con creces el temperamento variable de nuestro pasado, que se refleja en la evolución del sistema de regadío, cuyas ordenanzas el presente estudio ayuda a reconstruir.

                Son muchos los méritos que atesora esta obra, alejada del ensayismo de pluma fácil que levanta castillos en el aire sobre la supuesta Historia de España en forma de mamotretos de medio millar de páginas, en el fondo empachosos refritos. Aquí, por el contrario, se nos ofrece un jugoso racimo de uvas. Esperemos que algún día, sin forzar a la Virgen del Remedio a obrar un milagro, los lectores de historia valoren más la historiografía local, una historia mayúscula que requiere muchas horas de investigación y de elaboración, horas que con su habitual generosidad han dedicado, han regalado, historiadores como José Luis Martínez Martínez. Por todo ello le damos las gracias.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

                

                Imagen de José Luis Martínez Martínez.