EL FRACASO DE LA RECONVERSIÓN ECONÓMICA DE UTIEL DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL S. XX (II). POR CARLOS JAVIER GÓMEZ SÁNCHEZ.

 

En el primer Libro de Fallas de la Puerta de las Eras en el año 1945, Miguel Martínez escribe una breve descripción de lo que era entonces la ciudad de Utiel, donde define muy bien la prosperidad propia de la “Edad de Oro” que aun disfrutaba:

 

“La Ciudad con sus aldeas cuenta con 13.800 habitantes de hecho y 13.063 de derecho, y está situada a 88 kms. de Valencia al S. de la sierra de Aledua que separa las cuencas del Júcar y Guadalaviar, junto el río Magro, afluente de aquel, en terreno generalmente llano, aunque muy quebrado en la parte  N. Produce principalmente vino y cereales, abunda la caza, industrias de aserrar la maderas, fabricación de alcoholes y sus derivados, harinas, importante industria de material agrícola, etc. y un floreciente comercio que surte a su extensa y rica comarca. Tiene estación de F.C. de Valencia a Camporrobles, servicio telegráfico, telefónico y de agua potable, alumbrado eléctrico, y servicio de automóviles a su provincia y a la de Cuenca. Es centro de una importante red de carreteras que unen directamente con Madrid, Albacete, Teruel, y Cuenca, aparte de un sistema perfecto de caminos provinciales y vecinales. Cuanta con varias Escuelas Nacionales, Teatros, Banda de música y Plaza de toros.”

En la breve descripción del Libro de Fallas, el autor también augura a Utiel un futuro prometedor:

“El porvenir de Utiel se presenta con plenitud de halagadoras esperanzas. La próxima terminación del ramal ferroviario Utiel-Cuenca, pondrá en comunicación a la huerta de valencia con Madrid, a través de nuestra comarca, y cuando sea una realidad el F.C. Baeza-Utiel y un posible Utiel-Teruel, quedará convertida nuestra ciudad en uno de los más importantes nudos ferroviarios de España, cruzándose aquí la línea Mediterráneo-Madrid-Cantábrico con Andalucía-Francia por el interior de la península. Todo esto, hará de Utiel centro de diversas influencias, junto a nuestra proximidad al mayor embalse de España (Pantano del Generalísimo) con su futura gran central eléctrica, dará lugar sin duda, a la creación de grandes industrias de tipo nacional que convertirán a nuestro querido pueblo en una de las más prósperas de la Patria.”

El gran porvenir que supuestamente vendría, sin embargo, no fue así, y Utiel no tuvo la suerte de superar su glorioso pasado.

Unas de las razones por las que se pensaba crecer era porque la localidad se iba a convertir en un nudo ferroviario de primer orden a nivel nacional. Pero la época gloriosa del ferrocarril había llegado a su fin, comenzando el momento del automóvil, y por lo tanto la rentabilidad económica de las líneas de tren se había desplomado. Realizada la construcción y puesta en marcha el tramo ferroviario Cuenca-Utiel, era una realidad la unión directamente entre Madrid y Valencia. Un éxito que convertía la comarca en un punto de enlace entre el interior peninsular y la costa valenciana. La inauguración del mismo el 26 de noviembre de 1947 por Francisco Franco auguraba la llegada de otras líneas de ferrocarril que habían sido planificadas en los años 20: el Baeza-Utiel y el Utiel-Teruel. Sin embargo, el Baeza-Utiel (cuyas infraestructuras se encontraban al 45% acabadas desde los años 30) fue aplazándose año tras año en los planes del Estado hasta que finalmente en 1984 el gobierno socialista dirigido por Felipe González acordó abandonar oficialmente el proyecto. Menos suerte contó el Utiel-Teruel, que tan solo fue proyectado sobre plano. Ambos trayectos formaban parte de un ambicioso plan que pretendía unir el sur de la Península Ibérica directamente con el continente europeo. El último gran capítulo de la historia del tren por la comarca lo ofrece la Alta Velocidad Española (AVE). Como tantas otras veces, el tren trajo esperanza para las gentes de la zona, pero una vez más las absurdas rivalidades entre Requena y Utiel desperdiciaron esta posibilidad. Ambas localidades no quisieron perderse los supuestos beneficios que traería la estación comarcal (más que por otra cosa, para satisfacer los egos chovinistas de cada pueblo). La solución fue dejarla en “tierra de nadie”, a seis kilómetros de cada población perdida entre viñedos y tampoco favoreciendo a San Antonio. Una oportunidad desperdiciada, en especial para Utiel, con mayor tradición ferroviaria y que le era más necesaria como medida convergente. Por si era poco, la falta de previsión se demostró por no tener en cuenta (es más, considerarla un rival) a la antigua línea férrea. No se modernizó el tramo Utiel-Buñol, marginando a la comarca en servicios con Valencia y Madrid.   

 

Cementera y Embalse de Benagéber

El otro aspecto que remarca Felipe Martínez, el Embalse de Benagéber, tampoco superó las expectativas puestas en el mismo. Si es cierto, sin dudarlo, que Utiel fue la población más beneficiada por su construcción, al convertirse en el punto logístico desde donde partían materiales y obreros para su fabricación. El pantano permitió hacer la carretera que nos une con Chelva y Tuejar, pero lo más importante es que en gran parte gracias al mismo, Utiel minimizó la crisis de la Postguerra en los años 40. Aun así, y como pasa siempre en este tipo de grandes infraestructuras, fue “pan para hoy y hambre para mañana”, porque la gran inversión inicial permitió un efímero desarrollo económico en torno a la construcción y sectores  asociados que no tuvieronn más futuro cuando finalizó la obra. En mayo de 1952 se acabó el entonces llamado “Pantano del Generalísimo”, cómo no, y el aludido Franco inauguró su pantano visitando por segunda vez Utiel. Tras su marcha se fue el interés del Estado, y la nueva industria que iba a llegar nunca se presentó.

A todo esto debemos añadir el fracaso en la reconversión de la industria tradicional y la crisis del comercio en su área de influencia por culpa de la despoblación. Sin olvidar la falta de los “privilegios administrativos” que coartarían a Utiel de toda una serie de servicios burocráticos, tanto de la administración nacional como autonómica (juzgados, hospitales, delegaciones, registros de la propiedad, etc.). Algo fundamental como mecanismo de contraprestación parcial ante el retroceso de la economía productiva, que habría introducido una cantidad considerable de empleos públicos con salarios bien remunerados, que consolidaría población activa asentada en la localidad y atraería todo tipo de servicios terciarios. Todo esto fue comentado en la primera parte de este artículo.

En definitiva, las circunstancias históricas y sociales (locales y nacionales) simplemente no alcanzaron las expectativas previstas. Los modelos exitosos que habían convertido a Utiel en capital económica de un territorio superior a los 10.000 kilómetros cuadrados fueron poco a poco olvidados por sus propios ciudadanos. Encontrándose, por si fuera poco, con unas administraciones públicas que en vez de remediar los problemas del medio rural, los acuciaron aplicando un modelo urbanita que desecha la vida en los pueblos y pequeñas ciudades. En este sentido Utiel, ha sido una población extremadamente perjudicada por la “demotanasia”, aplicada sistemáticamente por el Estado central y el gobierno autonómico valenciano. Una palabra poco conocida, “demotanasia” (del griego: demos -pueblo- y tanos -muerte-), pero que define a la perfección el “proceso por el que debido a acciones políticas y omisión de las mismas se provoca la desaparición de la población de un territorio”. ¿Les suena familiar? No obstante, es importante recordar que ello no es solo un problema político, sino también de convenciones sociales. Porque, ante todo, desde mediados del siglo XIX se ha construido una mentalidad que asocia la ciudad al progreso y el pueblo al atraso. Se entraba en una peligrosa espiral social, económica y política que enmarcó de manera exclusiva las actividades más pujantes y mejor vistas en el mundo urbano, mientras el medio rural se convertía en sinónimo de agricultura y ganadería anticuada, y todo lo negativo asociado a ella: “mal vivir” de un trabajo que se paga deficientemente y depender de una climatología no siempre favorable.

Manifestación de la “Semana de los Lazos Morados" (23 de noviembre del 1996)

Esto es, en pocas palabras, el fracaso de la reconversión económica de Utiel, el fin de la Edad Dorada y el actual estancamiento en la que la población se ahoga. Una realidad que todos sus vecinos conocemos desde hace tiempo, de la que muchos se quejan y que pocos se atreven a combatir. Lejos están las activas protestas ocurridas en la “Manifestaciones de los lazos morados” en los años 90. Cuando toda la ciudad se levantó para denunciar como desde las instituciones nacionales y regionales no hacían nada para rehabilitar la antigua bonanza que habían visto y que entonces comenzaba a marchitarse a pasos agigantados. Reclamaciones que por otro lado, no consiguieron invertir la situación ante un sistema político totalmente desinteresado que ha preferido sentenciar a muerte a Utiel y en general a toda la España rural. No obstante, la lección de estas experiencias ha permitido comprender que los problemas de la localidad, su comarca y de todo el medio rural español no se resolverán desde fuera, desde la ciudad, sino tan solo a través de nosotros mismos. De esta manera, en los últimos años la sociedad civil se ha organizado, cuyos ejemplos son la “Asociación Cultural Serratilla”, “Utiel 250 años a la luz de las velas” o la “Asociación histórico-cultural Héroes del Tollo”, que realmente están planteando revertir la situación con proyectos reales movidos desde la zona. Esto es fundamental, porque tan solo la sociedad comarcal (desde Utiel y todos los pueblos que la conforman) pensará en su propio futuro y bonanza. En este sentido, la colaboración del ciudadano es fundamental, y por ello quizás deberíamos recordar esa cita célebre de John F. Kennedy aplicándola a nuestra tierra:

“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntale que puedes hacer tú por tu país”.