EL HINTERLAND UTIELANO DURANTE SU EDAD DORADA. POR CARLOS JAVIER GÓMEZ SÁNCHEZ.

    En diversas ocasiones hemos hablado que la Edad de Oro Utielana (1840-1850) se debe entender en un contexto geográfico mucho más amplio al propio territorio municipal. Esta cuestión se debe a las propias características del proceso social, cultural y económico que hemos analizado en diversos artículos. Sin embargo, el territorio sobre el cual ejercía una capitalidad económica es muy complejo por su extensión, grados de dependencia y el carácter feudatario respecto a áreas de influencia de otras poblaciones menores.    

    Antes de profundizar en el tema de hoy, debemos entender que es un hinterland o territorio de dependencia económica, cultural o política de una localidad. El concepto se introduce al aplicar en la disciplina histórica modelos teóricos de la geografía o la economía para estudiar la interacción de las comunidades humanas entre ellas y el espacio circundante. Se trató de una verdadera revolución de la historiografía europea, informada a mediados del siglo XX por nuevas corrientes como Annales o la escuela marxista, que daría paso a un análisis del pasado humano de una forma más amplia, por encima del estudio monográfico de las grandes personalidades y las historias nacionales.    

   

Esquemas de los “Anillos de Thünen”  y “Jerarquía urbana”

    El hinterland o área de influencia como sujeto histórico es heredero de la combinación de conceptos previos procedentes del estudio económico o geográfico. Nos referimos por una parte al esquema de los “Anillos de Thünen” ideado a principios del siglo XIX por el sueco Johann Heinrich von Thünen y que sugiere que los centros económicos están rodeados por áreas concéntricas especializadas en actividades o producciones concretas más o menos alejadas del punto central en relación al grado demanda o necesidad. Por otro lado, el modelo de “Jerarquía urbana” deja patente que los distintos núcleos de población se encuentran inmersos en un sistema urbano más amplio, disfrutando de poblaciones más pequeñas con distintos niveles de dependencia, así como núcleos urbanos mayores a los cuales están subordinados. La combinación de ambos modelos esquemáticos ofrece una fuerte jerarquización del territorio a centros urbanos que a su vez interactúan entre ellos.    

Los modelos de jerarquización territorial durante la Edad de Oro Utielana

    La expansión vinícola de Utiel y la comarca como consecuencia de la demanda europea de vinos tras las plagas de la “cenicilla” (oidium) y la filoxera, acompañada de las mejoras en las comunicaciones con la Carretera de las Cabrillas (Nacional Madrid-Valencia) en 1852 y el ferrocarril Valencia-Utiel en 1885, supuso la configuración de un centro económico interregional centrado en la exportación de materias primas, la industria transformadora requerida para dicho fin y la satisfacción de las exigencias comerciales de su territorio cercano. Todas estas actividades fraguaron a Utiel como un centro económico de primer orden dando a luz un amplio hinterland que analizaremos en las siguientes líneas.

    Esta dinámica se vería fortalecida a partir de 1887 al convertirse Utiel en cabecera ferroviaria, lo que supuso consolidar un ya desarrollado espacio económico. De esta manera, actividades de todo tipo eran recogidas o distribuidas en la ciudad para buena parte de los pueblos del interior valenciano, y la zona oriental de Cuenca y Albacete. Destacaba sin dudarlo la compra-venta de vino, aguardiente y alcoholes, pues a través de “zambombas” y “cabrias” se traían estos productos desde toda la zona vinícola comarcal para trasladarlos en ferrocarril hasta el Grao de Valencia y desde allí a toda Europa. Similar procedimiento ocurría con la exportación de gavillas de monte bajo (un abundante combustible) y especialmente troncos maderables, construyendo un tejido industrial de serrerías que se abastecía de los pinares conquenses. En dirección contraria, las fábricas de harinas suministraban a las poblaciones del área de influencia utielana. En el ámbito comercial, la ciudad abastecía con toda una amplia gama de servicios y productos buenos, de mucha calidad, y a buen precio a través del comercio urbano, el mercado semanal de los miércoles y la Feria de septiembre. Podía ser llevando estos productos a las distintas poblaciones, como piensos, abonos, fruta, cubas de sardinas, bacalao en salazón, latas de conserva, ropa, dulces de los turroneros, el servicio de correos, la llegada de la prensa y las noticias de fuera, etc. Por el contrario, los habitantes de estas zonas de dependencia llegaban a Utiel para comprar planteles de cebollino, pimientos, tomates y otras hortalizas, animales para el recrío (cerdos de Aliaguilla o Chelva, aves de corral, etc.), ropas de sastre, fotografías familiares que hacían los retratistas, carros, aperos de labranza , maquinaría agraria y de automoción (los primeros tractores, camiones y coches), maquinaria doméstica (máquinas de embutir, también máquinas de coser y tricotar, y en las décadas más recientes los primeros electrodomésticos), servicios médicos (ante todo por dolencias especiales o para examinar a recién nacidos), la educación más selecta en el Colegio de los Escolapios o las no menos importantes actividades de ocio (cafés-casinos, hospedajes en multitud posadas o el Hotel Progreso, los muy populares festejos taurinos, teatro, zarzuela y cine, la siempre infame prostitución, etc.) 

 

“Valencia con ser Valencia
y tener puerto de mar,
no hay pueblo como Utiel
para vender y comprar.”

 

“Los frutos de este pénsil

grande fama han de lograr

en el mundo mercantil,

cuando pronto con el mar

nos una el ferro-carril.”

 

                Coplilla popular de Calderón (Requena) y Quintilla liberal de 1882.

    Estas redes de dependencia económica primaria, secundaria y terciaria obligaban a configurar una red de comunicaciones que facilitase los intercambios. Ya no solo con Valencia, de la cual dependía económicamente Utiel, sino también con las poblaciones de la Meseta de Utiel-Requena, de las cuales ya hablamos brevemente en el artículo “Las construcciones de las carreteras comarcales” y con las comarcas vecinas, es decir, Las Manchuelas, la Baja Serranía de Cuenca, el Valle de Cofrentes y la Serranía del Turia. De hecho el resultado final que podemos apreciar, es una red radial de carreteras con un centro bicéfalo en Utiel y Requena que une con Teruel, Salvacañete, Cañete, Carboneras de Guadazaón, Cuenca, Motilla del Palancar (hasta Madrid), Iniesta, Albacete, Almansa, Siete Aguas (hasta Valencia), Chera y Chelva.     

    El territorio utielano de atracción directa

    El hinterland utielano se caracteriza por un centro bicéfalo, ya que una parte del mismo es compartido con Requena, así como diferentes grados de dependencia en relación a la distancia. A su vez el tamaño del mismo se encuentra condicionado por las particularidades geográficas de ciertos espacios que disfrutan de una mejor comunicación con Utiel que a sus respectivas capitales provinciales, por lo que comenzaría a cumplir ciertos roles propio de éstas.

    Entre los territorios de atracción directa con mayor dependencia destacan todos los municipios comarcales (Camporrobles, Caudete de las Fuentes, Fuenterrobles, Utiel, Venta del Moro y Villargordo del Cabriel). De Requena hablaremos a continuación, aunque algunas aldeas como Los Ruices, Calderón, San Juan, San Antonio, Villar de Olmos y Las Nogueras estaban muy volcadas a Utiel, de igual manera que los caseríos de la Sierra del Negrete dentro de los municipios de Benagéber y Chelva. Fuera de la Meseta de Utiel-Requena y sus periferias, el área de influencia utielana profundizaba a través de tres ejes en la provincia de Cuenca. Por un lado, la Carretera Nacional a Madrid hasta llegar al río Júcar por Motilla del Palancar, canalizando todo el tránsito de La Manchuela conquense desde Minglanilla con la bifurcación a Cuenca por Almodóvar del Pinar y las carreteras que conducen a Iniesta y Villarpardo. Por otro lado, la carretera a Carboneras de Guadazaón por Mira que canaliza los pueblos serranos de la cuenca media del río Cabriel (Narboneta, Víllora, Fuentes, etc.). Por último, el eje que conduce a la antigua Tierra de Moya y finalmente a Teruel, llegando la influencia utielana hasta Santa Cruz de Moya y al Rincón de Ademúz, además de contar de dos bifurcaciones desde La Torre de Utiel hasta Cañete por Aliaguilla y desde Landete dirección a Salvacañete.

    Esta área de influencia directa de Utiel se vería ampliada gracias a las obras de construcción del Pantano del Generalísimo (Embalse de Benagéber), con la inauguración de la carretera directa  con Chelva en el año 1952, que abrió la comarca de Los Serranos al espacio utielano, aunque este seguiría estando especialmente vinculado al ámbito comercial de Liria.       

    El hinterland de Requena, un espacio semiautónomo

    El modelo de jerarquía urbana, aplicado en el hinterland utielano de su Edad Dorada, necesariamente requiere poblaciones menores con sus propias áreas de influencia supeditadas en última instancia a Utiel. Por poner algunos ejemplos, podemos destacar Venta del Moro, del cual dependían casi por completo en lo político, comercial o social sus numerosas aldeas y caseríos dispersos por su extenso municipio. Casos más amplios en extensión pueden ser Iniesta o Landete, los cueles ejercían de facto como capitales comarcales (al menos en lo económico) respectivamente de la mitad oriental de la Manchuela conquense o de la Baja Serranía de Cuenca.

    Sin embargo, el área comercial utielana contaba con un espacio autónomo con un grado de dependencia menor a los territorios ya comentados: Requena. La vecina ciudad era un núcleo urbano muy superior demográficamente hablando al resto de poblaciones del área de influencia utielana, aunque con una profunda crisis interna heredera del fracaso industrial de la sedería en siglo XVIII compensado tan solo por el fuerte crecimiento económico de las pedanías requenenses. Sin embargo, la ciudad de Requena por sí sola había sufrido incluso un retroceso demográfico a mediados del siglo XIX en favor de la población diseminada por gran parte de su término municipal. Se encontraba en una situación económica desesperada a finales del siglo XIX, y así lo demuestra una expresión popular de la localidad que dice “¡Buenos chinos (cerdos) matan en la Vega,... pero ellos se los comen! en referencia a la riqueza aldeana gracias a la expansión vinícola y exportación de vino, pero de la cual la ciudad de Requena apenas recibía beneficios. No obstante, el fuerte poder político de su aristocracia burguesa acompañado de la llegada de ferrocarril, pudo ralentizar las dificultades económicas de la población. De hecho Requena, aunque no al nivel de Utiel, pudo aprovechar la dependencia directa que ejercía sobre sus numerosas aldeas y caseríos, así como de los territorios extracomarcales más alejados y peor comunicados con Utiel: La Manchuela albacetense y el valle de Cofrentes. En el caso de las aldeas, una comunidad de clientes de nada más que 10.263 habitantes en 1910, aprovechaban cuando se debía de ir a “pagar la contribución” y otras tasas para traerse “avío de todo tipo” (comida, ropa, etc.). Por no olvidar el apartado administrativo y especialmente judicial, en el cual Requena ejercía una influencia absoluta en la Comarca, aunque sín presencia alguna más allá y cuyo grado de jerarquización urbana apenas afectaba la capitalidad económica de Utiel hasta los años 50 del siglo pasado.

    Esta premisa última es seguramente remarcable, porque el alto grado de autonomía económica de Requena no significa una independencia total del hinterland requenense sobre la zona de influencia utielana. Esta dependencia de Requena a Utiel se aprecia especialmente en el tema comercial, porque solía ser muy habitual que los habitantes de las aldeas requenenses (ya no solo de las más cercanas como San Juan, Calderón o Las Nogueras, sino también del valle del Cabriel o más al sur de La Vega), así como de la misma Requena fueran a comprar a Utiel todo tipo de enseres, comestibles o animales. En este contexto, debemos destacar en especial el “mercado de los miércoles” de Utiel (que se remonta al reinado de Isabel I la Católica), el mayor centro comercial del espacio utielano y requenense. El enorme surtido y la gran fama que albergaba convirtió el miércoles en un día casi festivo, donde la gente aparcaba sus quehaceres cotidianos para acercarse a la localidad y pasar el día: dar una primera vuelta, almorzar con amigos y conocidos de otras poblaciones, comprar sin prisa, en muchas ocasiones llegaban a quedarse a comer y pasar la tarde en los locales comerciales de la ciudad, e incluso dormir en las posadas para marcharse la mañana siguiente.

    Resulta curioso además, como algunos informadores recopilados mediante la memoria oral en esta zona trasmiten una idea de honradez para el comercio utielano, que no siempre se aprecia la población vecina. De hecho, tanto en Los Isidros y Los Sardineros (Requena) como en Cilanco (Villatoya) al preguntar a varios ancianos porque iban a Utiel para ciertos productos (textiles, máquinas de coser, etc.) a pesar de estar más alejado, contestaban sencillamente “porque era más barato, en Requena eran más ladrones”. Una opinión subjetiva que correspondía a una realidad, pues Utiel disfrutaba de un tejido comercial más grande y competitivo, lo cual forzaba a rebajar los precios de algunos bienes para atraer más clientela, a diferencia de comercios en localidades más pequeñas, capaces de elevar los precios aprovechando la exclusividad en la venta.     

    Obviamente la influencia de Utiel en el hinterland requenense era menor al que podría ejercer sobre su espacio de atracción directa, pero la dependencia económica es incuestionable. Daba como resultado una peculiar relación de interdependencia bidireccional entre Requena y Utiel en correspondencia a los servicios administrativos, comerciales o de otro tipo.      

    Utiel, una capital de provincia de facto

    No somos capaces de vislumbrar como la ciudad de Utiel capitanearía el desarrollo económico de todo este territorio, y ante todo como se beneficiaría de dicha situación. Así nos lo describe un contemporáneo de buena parte de esta etapa, el historiador Miguel Ballesteros Viana (1866-1910) para referirse a la situación previa a la llegada del ferrocarril, lo cual agudizaría aún más su crecimiento:

Amagaba el año 1880 y aunque la villa no había llegado a su apogeo material, vislumbrábase en parte, pues la rotación de las cosechas y ante el reinado del trabajo, ofrecía el pueblo el aspecto de una pequeña capital, y artes y oficios, industria y comercio, todo vivía en creciente desarrollo, y aumentaba el vecindario con los obreros, artesanos y negociantes que llegaban de otras comarcas.

    El resultado de todo esto fue que a efectos prácticos el hinterland y la ciudad de Utiel se convirtieran en una provincia y capital económica no reconocida entre Cuenca, Valencia y Albacete. Así lo podemos comprobar realizando un estudio comparativo en relación a los resultados demográficos de Utiel y algunas capitales provinciales cercanas. Pues aunque ni de cerca podía competir con las grandes metrópolis españolas del momento, como era el caso de Valencia, si apreciamos que se encuentra con resultados muy igualados a la media de las capitales provinciales del interior peninsular. De hecho, llegaría a superar poblacionalmente a Cuenca, su antigua capital de provincia, y de igual manera a Teruel, aunque no a Albacete.

Ciudad:

Utiel

Cuenca

Teruel

Albacete

Valencia

1900

11.642 hab.

10.721 hab.

10.797 hab.

21.512 hab.

213.550 hab.

1920

13.137 hab.

12.816 hab.

12.010 hab.

24.981

251.258 hab.

 

    Pero regresemos a este amplio espacio geográfico capitaneado económicamente desde Utiel. Porque como se puede entender de manera visual con el mapa dedicado a las áreas de influencia de Utiel y Requena, apreciamos fácilmente la enorme extensión del mismo. Volcados directamente a Utiel miraba un territorio de unos 7.631 km², a los cuales debemos sumar los 2.832 km² que consideramos parte del área de influencia de Requena. Un total 10.463 km² formaba la extensión máxima del hinterland utielano, una dimensión comparable a una provincia mediada española, muy similar al tamaño de Valencia y considerablemente superior a Castellón o Alicante

 Utiel (hinterland)

Valencia (provincia)

Alicante (provincia)

Castellón (provincia)

Cuenca (provincia)

Albacete (provincia)

Teruel (provincia)

10.463 km²

10.763 km²

5.816 km²

6.632 km²

17.141 km²

14.926 km²

14.804 km²

 

    En conclusión, apreciamos cifras demográficas y de extensión territorial en el ámbito económico propias de una capital de provincia, algo paradójico si tenemos en cuenta que la localidad no contaba con ningún respaldo institucional. Al fin y al cabo, no se trataba de cabecera de ningún distrito judicial ni electoral, y el reconocimiento oficial como ciudad vendría el 12 de abril de 1921 para atestiguar una realidad consolidada (no olvidemos que el título de ciudad es otorgado verbalmente en 1645). El esplendor económico durante la Edad de Oro en Utiel es el causante del hinterland o área de influencia utielana, una verdadera provincia comercial no reconocida, recordada por los más mayores y cuyas reminiscencias aún sobreviven en buena parte de este territorio asolado por la despoblación.