EL INSTITUTO DE REQUENA CONSIGUE LA CATEGORÍA DE NACIONAL. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

                

                Un tiempo convulso.

                En las elecciones del 19 de noviembre de 1933, las primeras en la Historia de España en las que pudieron votar las mujeres, los partidos del centro y de la derecha se impusieron a los de izquierda. La formación que más escaños logró fue la CEDA, confederación considerada contraria al régimen republicano por muchos. En vista de ello, el presidente de la República Alcalá-Zamora encargó la formación de gobierno a Alejandro Lerroux, el veterano político radical que había ido suavizando sus actitudes a lo largo de los años. El 19 de diciembre se formó el nuevo gobierno, con siete miembros del Partido Radical y otros pertenecientes a otras formaciones centristas, como Filiberto Villalobos, del Partido Liberal Demócrata procedente del Partido Reformista, que se hizo cargo del Ministerio de Instrucción Pública, entonces encarado a la compleja sustitución en muchas localidades de los colegios religiosos por otros laicos con la asistencia municipal. Gil Robles, el dirigente de la CEDA, optó por el momento por apoyar parlamentariamente al nuevo gabinete, que se quiso presentar como el de todos los españoles, aunque pronto tuvo que enfrentarse a la oposición anarquista.

                Entre ambas fechas, se fueron aplicando en el Instituto de Requena algunas de las medidas dispuestas por las autoridades republicanas, como la del pago al personal de sustitución de la enseñanza religiosa o de limitación de la condición de periodista a los que tuvieran el carnet profesional del trabajo industrial de artes gráficas, pues algunos profesores ejercían sus dotes más allá de las aulas. El rector de la Universidad de Valencia Juan Bautista Peset, profesional de la medicina que militaba en Izquierda Republicana, envió sus salutaciones al Instituto, entonces dirigido por Luis María Rubio. Juan Grandía se encargaba de su secretaría.

                Las autoridades educativas se mostraron celosas. El 22 de febrero de 1934 el subsecretario pidió la matrícula de alumnos del Centro, el 13 de marzo el Consejo Nacional de Cultura devolvió a un profesor un programa (con las enmiendas en lápiz rojo), y el 10 de abril se instó a celebrar en el Instituto la fiesta nacional del advenimiento de la República. Desde el rectorado se encareció que el director y los profesores participaran en el acto solemne de la Universidad. Las conmemoraciones de la proclamación del régimen republicano venían acompañadas de una fuerte polémica religiosa, al estar próximas las celebraciones de Semana Santa. El Ayuntamiento de Requena prohibió expresamente el 29 de marzo la procesión de los Pasos, y la noche del 23 de abril tuvieron lugar varios incidentes vandálicos, según José García Tomás.

                El Partido Radical tuvo la voluntad de ser el referente de la mayoría de los españoles e intentó practicar una política conciliatoria. El 25 de abril propuso desde el Ministerio de Instrucción Pública una ley de amnistía para los estudiantes y los Centros sometidos a los consejos de disciplina del director o del rector universitario. Lo cierto es que cosechó críticas de unos y otros.

                Requena padecía entonces una serie de notables dificultades socio-económicas, derivadas de la llamada crisis del trabajo, el paro. En muchos casos no se pagaba a los braceros el jornal medio de cuatro pesetas, cuando lograban una colocación eventual. Las bodegas cooperativas de los modestos propietarios y aparceros solo obtenían seis reales por cada arroba de uva, y no se conseguía vender el trigo ni a precio de tasa. La ruina de muchos engrosó la lista de pobres de solemnidad. Fugazmente, se confió en que las obras públicas de la Electra del Cabriel y de la iluminación de las aldeas dieran la ansiada colocación a más de un trabajador. Muchas familias no pudieron enviar a estudiar a sus hijos al Instituto, a pesar de las exenciones de los derechos de matrícula acordadas por su claustro. Para la convocatoria de junio de 1934 se estableció la gratuidad de un máximo de cinco asignaturas por alumno con papeletas no devueltas. En estas difíciles circunstancias llegó el decreto del 6 de agosto, que establecía institutos nacionales y elementales, incorporando en los segundos los locales como el de Requena.

                La situación política española se complicó notablemente a partir del primero de octubre, cuando la CEDA retiró su apoyo parlamentario al gobierno del radical Samper. Aquella formación consiguió tres ministerios el 4 de octubre, lo que fue interpretado por formaciones como el PSOE como un intento en toda regla de conculcar la República por dentro, al modo de la República de Weimar por los nacional-socialistas de Hitler. Del 5 al 19 del mes se desarrollaron distintos acontecimientos revolucionarios, especialmente importantes en Asturias y Cataluña, que terminaron con la derrota de las fuerzas izquierdistas. La suscripción del Ayuntamiento requenense a la campaña de asistencia a las víctimas del movimiento revolucionario no evitó que fuera acusado de falta de colaboración por el gobernador civil.

                Tales hechos perturbaron el comienzo del curso 1934-35. A 18 de octubre la apertura de las clases era deseable, pero el rectorado lo dejó al buen criterio del director. Aunque el 6 de noviembre se anunció la constitución de la Asociación Provincial de Padres de Estudiantes de Institutos, para colaborar con los claustros de profesores en la enseñanza, el 12 del mismo mes el rectorado de Valencia ordenó la clausura de los locales ocupados por asociaciones de estudiantes sin carácter científico, con protección de los docentes.

                En la nueva situación política, se tomaron varias disposiciones relativas a símbolos públicos y personal docente. El 13 de noviembre se aprobó el calendario festivo con vistas a evitar la disparidad local en un tiempo en que se había suspendido el Estatuto de Autonomía catalán, con fechas como el 7 de octubre (día del Ejercito) y el 12, el de la Raza. Se mantuvo el 1 de mayo como Fiesta del Trabajo. El 17 de noviembre se instó a no conceder permisos ni licencias al personal docente sin previa autorización del subsecretario. El 28 de diciembre se animó la contribución a la reconstrucción de las bibliotecas ovetenses dañadas por la Revolución. En aquel momento, el Instituto de Requena atesoraba en su biblioteca unos 780 volúmenes, que contenían 1.432 obras a disposición de profesores y alumnos. Se calculó en 5.680 el promedio anual de lectores, con 480 horas abiertas, algo que no resultó sencillo de conseguir.

                Los medios económicos del Instituto.

                Desde comienzos de 1934, se exigieron desde el Ministerio una serie de datos para conocer mejor la situación del Centro. El 22 de febrero el subsecretario pidió la matrícula de los alumnos, el 17 de mayo información acerca de los incorporados en el curso al centro, con expresión de circunstancias especiales que se estimen oportunas, y el 25 de mayo se requirió por circular los datos más precisos del curso de 1932-33 en punto a matrícula, instalaciones (biblioteca pública, biblioteca para profesores y alumnos, campos de experimentación, museos y talleres) y presupuestos.

                De resultas de ello, el 12 de julio de 1934, en el azaroso verano de aquel año, se elaboró un completo presupuesto, que nos permite seguir con gran nitidez tanto las fuentes de ingresos como los dispendios del Instituto del curso que acababa de finalizar. Se diferenció entre los ingresos y gastos directamente dependientes de la gestión del Centro, en un régimen de relativa autonomía económica, y los correspondientes al Estado.

                Entre los primeros, de los ingresos constaban 1.620 pesetas por servicios de educación (a razón de 15 pesetas cada uno), 1.566 por las matrículas oficiales (a razón de 3), 12.357 por las matrículas libres (a 3), 10.447 por formación de expedientes (a 2´50), 20.895 por las inscripciones de alumnos libres (a 5), 7.380 por el cobro de los repasos voluntarios (a 10 pesetas mensuales), 1.467 por los expedientes de ingreso, y 5.500 por la expedición de los títulos de bachillerato elemental. En total, las distintas cantidades sumaban 61.232 pesetas.

                En los gastos no se hizo constancia de ningún dispendio de oficina o mantenimiento. Los servicios de cultura (como la excursión que recorrió Valencia, Tarragona, Barcelona y Zaragoza) supusieron 4.933 pesetas, las exenciones de matrículas y certificaciones 23.147, y las gratificaciones y pagos de permanencias al profesorado 7.380: en suma unas 35.460 pesetas.

                El balance arrojaba una diferencia a favor del Centro de 25.772 pesetas, que añadido al saldo de 20.664 constatado por la Junta Económica del Instituto marcaba un activo de 46.436.

                Se deben añadir las cantidades resultantes de la gestión directa del Estado, como ya hemos dicho. Los ingresos se engrosaron con las 4.080 pesetas de los derechos de matrícula oficial, las 50.072 de la no oficial y las 6.007 de timbres y pólizas, lo que hacía un total de 60.159. En teoría con tales medios se deberían atender los gastos de la consignación presupuestaria del profesorado (32.856 pesetas) y para el personal administrativo (4.000). En este caso, el balance también era positivo, de 13.216 pesetas.

                En aquella España marcada por el impacto de la pésima coyuntura económica de los años treinta no era poco, aunque después los réditos se distribuyeran de manera desigual entre los distintos trabajadores de la enseñanza. El 19 de octubre del 34 los profesores Grandía, Navas y Chousa consiguieron el ascenso de 500 pesetas por el quinquenio vencido el 17 de octubre del 33. Sin embargo, el bedel Mario Montés García no logró ver aumentado el 7 de noviembre su insuficiente salario anual de 1.350 pesetas al depender del Ayuntamiento. La corporación municipal había presupuestado en noviembre del 32 un gasto anual de 355.332 pesetas, destinándose 135.751 a atender las obligaciones generales, cuando la imposición local solo alcanzaba las 222.405.

                En la contabilidad se aprecia la voluntad de los gestores de cuadrar el balance. No se incluyó ninguna estimación del montante de las obras de acondicionamiento entonces requeridas por el Instituto, aunque el 23 de septiembre de aquel mismo año se hizo expresiva la queja de la dirección por la falta de transferencias municipales para emprender su realización. En distintas partidas se puede apreciar la importancia del régimen de matriculación libre, lo que se revalida cuando seguimos los datos de los inscritos en el Instituto:

Curso

Matrícula oficial

Matrícula libre

Matrícula total

1932-33

107

839

946

1933-34

121

781

902

1934-35

111

277

388

 

                En estas circunstancias, la puesta en marcha del Instituto Nacional Blasco Ibáñez de Valencia supuso un serio contratiempo. A 14 de septiembre habían solicitado traslado de matrícula unos 160 alumnos en virtud del decreto del 26 de julio y de la orden ministerial del 23 de agosto. El 28 de julio se decretó la supresión de la matrícula libre.

                La laboriosa consecución de la categoría de Nacional.

                Tanta solicitud de datos por parte del Ministerio dimanaba del deseo de impulsar en un momento político difícil la reforma educativa del plan de estudios del 29 de agosto de 1934, que vino precedida en el Instituto de Requena (no considerado inicialmente Nacional) de una situación complicada.

                Las labores de los tribunales examinadores de enero de 1934 no presentaron dificultades, pero sí los de junio del mismo año, antecedidos por el anuncio del 30 de mayo de nombramiento de los catedráticos numerarios que presidirían los exámenes de los alumnos libres. El primero de junio el director del Instituto de Teruel anunció su llegada, así como el catedrático de Albacete Berraondo. Aquél sostuvo a 16 del mes que tales exámenes podían verificarse en los Institutos de las localidades de residencia de los alumnos, dadas las dificultades económicas y de alojamiento de muchos de los mismos. Las discrepancias entre los presidentes de tribunal y el director del Instituto de Requena no se solucionaron al criterio de los primeros. En la controversia, el director Rubio tuvo al lado al rector de la Universidad de Valencia y al claustro de profesores, pero el incidente había evidenciado los problemas de hospedaje de la localidad, en vísperas del decreto del 6 de agosto que diferenciaba entre Centros nacionales y elementales. El período vacacional se presentó complicado para un agotado Luis María Rubio.

                La inquietud por el estado en el que iba a quedar el Instituto de Requena a raíz de estos cambios legales se evidenció en el pleno municipal del primero de agosto de 1934, en el que los concejales José Berzal, Eugenio Cabanes, Leopoldo Pérez y José Cobo hicieron la siguiente proposición:

                “Los concejales que suscriben en nombre propio y en el de toda la minoría de la Derecha Agraria Republicana, considerando de suma trascendencia los efectos que en nuestro primer Centro docente, el Instituto, ha de producir el Decreto del Ministerio de Instrucción de fecha veintiocho de julio del año corriente, relativo a la reforma del Bachillerato, dejándolo reducido a cumplir necesidades exclusivamente locales, que aun consideramos incompletas, suprimiendo en absoluto la matrícula colegiada y libre, y privando así la libre iniciativa personal o conveniencia económica de quienes en definitiva tienen el mejor y más legítimo derecho para elegir la dirección y formación pedagógica de nuestra juventud, aparte de que como contribuyentes les podría corresponder para solicitar las mayores ventajas en su servicio público que empiezan por pagar y sostener, y que sin duda razones de orden profesional que encierran en definitiva defensa de intereses del profesorado, cuya legitimidad no ponemos en duda, hace que se tenga muy poco en cuenta la importancia de la Central de Enseñanza en sí, y que no se premien como es debido los esfuerzos realizados por las poblaciones conscientes de los deberes que la expansión de la cultura patria impone, dándose el caso de que por las circunstancias de tener Requena núcleos importantes de población separados de la misma por algunos kilómetros, pero que forman con nuestro casco de la Ciudad su personalidad oficial haciendo de ella una población de primera categoría, ni aun siquiera los hijos de nuestros propios contribuyentes a la Caja Municipal podrían encaminarse en su Instituto de la localidad a cuya celación, sostenimiento y engrandecimiento han contribuido y contribuyen, sino soportando el sacrificio económico, el que no hay justificación que supone el que tenga que trasladar el domicilio para realizar los estudios como alumnos oficiales.

                “Estos inconvenientes y perjuicios evidentes que de ninguna manera licencia la conducta siempre loable del Ayuntamiento de Requena a través de todas las representaciones políticas que ha tenido desde la creación del Instituto, ni por los sacrificios de orden económico que ha venido, viene y está dispuesto a realizar, entendemos pueden ser evitadas consiguiendo la confirmación oficial de lo que hasta hoy resultaba una aspiración de relativa facilidad a pesar de las promesas que a Requena se le dieran por quienes estaban en condiciones de poderlas cumplir; las circunstancias en que nos coloca el mencionado Decreto, obligan necesariamente por decoro propio, por el prestigio de nuestra Ciudad, y por razones de índole cultural, y si se quiere aun comercial, a tomar una decisión urgente y actuar en relación a la misma solicitando a los Poderes Públicos que nuestro Instituto sea declarado Nacional.”

                Aprobada la misma por el pleno, se designó ese mismo día una Comisión, formada por el alcalde y por los concejales García Tomás y Armero Iranzo, para que se trasladara a Madrid a tratar la cuestión. El 23 de septiembre se dio cuenta de las gestiones al claustro del Instituto. A un cansado Luis María Rubio se le aceptó la renuncia a la dirección, no querida por el resto de compañeros, al día siguiente. Hasta el nombramiento oficial, el 1 de diciembre,  como director de Juan Grandía, se hizo cargo de la responsabilidad el profesor de Geografía e Historia José Navas.

                Con el nuevo año de 1935, prosiguieron las gestiones a favor del logro de la categoría de Nacional. El 11 de enero se formó una nueva Comisión integrada por el alcalde, el diputado a Cortes Oria, el profesor Rubio, el secretario y también profesor Chousa y varios representantes de las fuerzas vivas de la Ciudad para ir a Madrid. Aunque a 13 de febrero se notificó la buena acogida del subsecretario Mariano Cuber a sus peticiones, el 7 de marzo se acordó que el mismo Luis María Rubio, con enorme ilusión, se volviera a trasladar a la capital para acelerar los trámites. Tras la designación de una nueva Comisión el 4 de abril, cuatro días después se pudo cantar victoria: 

                “El señor Rubio dio cuenta del feliz resultado de sus gestiones en el Ministerio relativas a la elevación a nacional del Instituto. Dice que tropezó con tenaces resistencias en ciertos organismos mal informados, pero que pudo vencerlas merced a la decisiva intervención del ilustrísimo señor subsecretario del Ministerio don Mariano Cuber y Sagals, quien por conocer personalmente la afortunada actuación de este Centro y por tanto la justicia de la pretensión se puso resueltamente en todo momento al lado del señor Rubio, dando por resultado la orden ministerial  de 29 de marzo último que da merecida satisfacción a esta justísima aspiración de Requena y del claustro. Los asistentes felicitaron efusivamente al señor Rubio por el éxito alcanzado y a propuesta del señor Chousa se acordó otorgarle un expresivo voto de gracias y ofrecerle la medalla de catedrático como expresión de cariño y de reconocimiento por el entusiasmo y acierto con que supo llevar a cabo y coronar felizmente la importante y difícil misión que le fue confiada.

                “Por igual motivo se acordó conceder asimismo un sentido voto de gracias al ilustrísimo señor don Mariano Cuber y que una comisión se traslade a Valencia con objeto de comunicarle este acuerdo y de expresarle la imperecedera gratitud del claustro por el tan merecido como señalado favor que dispensó a este Instituto.”

                En efecto, el 8 de abril de 1935 se sustituyó el nombre de la calle del Carmen por el de Mariano Cuber, cuando el 14 de marzo se había reconocido el derecho de las agustinas recoletas a ser enterradas en el cementerio de su convento. Con independencia de las agrias polémicas de la época, la condición Nacional del Instituto fue sentida como un triunfo para todas las gentes de Requena.

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO IES UNO DE REQUENA.

                Carpeta de documentos de entradas de 1928 a 1934.

                Carpeta de documentos de salidas de 1928 a 1934.

                Carpeta de documentos de entradas de 1935 a 1942.

                Carpeta de documentos de salidas de 1935 a 1942.

                Libro de actas de las sesiones celebradas por el claustro de profesores desde el 22 de octubre de 1928 al 21 de septiembre de 1950.

                Libro de actas de la Junta Económica del 29 de noviembre de 1928 al 12 de enero de 1937.

                ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE REQUENA.

                Libro de actas municipales de 1933 a 1935, nº. 2872.

                Capítulo anterior.

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