LAS BODEGAS SUBTERRÁNEAS DE UTIEL AL DESCUBIERTO.

                Una bodega alberga muchas cosas, además de entrañables recipientes de vino, y en nuestra comarca se convierte en el receptáculo del tiempo, en la cueva de las maravillas que invita a conservar y a mejorar, prueba de un carácter compartido por Utiel y Requena, entre otras localidades de bodegas subterráneas o cuevas.

                Descendemos a las de Utiel con la guía, una vez más, de la cortesía de José Luis Martínez Martínez, que puntual a su cita vuelve a brindarnos otro capítulo de esta historia de Utiel por entregas en forma de libro (Las bodegas subterráneas de la villa de Utiel) que viene elaborando desde hace años con tesón, siempre original y destacando aspectos puntuales que dicen tanto. Dame un punto de apoyo y moveré el mundo se dice que sostuvo Arquímedes, pero yo creo que cuadra más a don José Luis que al de Siracusa.

                La primera parte de la obra, en líneas generales, constituye un verdadero viaje por las bodegas utielanas con la fresca antropología social del saber popular vertido en dichos y refranes ocurrentes, de la más contenida erudición y del estudio tipológico de esos grandes habitantes de las bodegas que han sido (y son) sus tinajas y vasijas, que no hemos de confundir con cacharros. Actividad bien arraigada desde antiguo, la elaboración y conservación del vino en Utiel nos ha dejado un legado extraordinario, que demuestra por activa y por pasiva que en sus bodegas se ha enfrascado una considerable porción de la humanidad de la localidad. Por mucha riqueza arqueológica que atesoren, ni Utiel ni Requena serán al final palimpsestos de reescritura tortuosa por manos distintas, sino cápsulas de vida, las del producto de la reverberante vid.

                De la vid que alegró, y no dejó de contrariar a veces, a sus gentes, bien plasmadas en su no menos soberbia segunda parte, el diligente historiador que es don José Luis nos ofrece joyas como el padrón de vecinos del Utiel de 1586, en el que calle por calle se presentan los sufridos cabezas de familia con indicación de su circunstancia de pobre o de dedicación en muchos casos, como la siempre honrosa de labrador. También son de destacar las rectificaciones de 1761 a las respuestas generales al catastro del marqués de la Ensenada, que permiten hacernos unas cuantas ideas sobre un buen número de cosas, como el de la laboriosidad de los utielanos, de la que es cumplida muestra Las bodegas subterráneas de la villa de Utiel de José Luis Martínez.

                ¿A qué vino Dios al mundo? A tomar vino, vino, recoge este libro tan sabio refrán. En su próxima venida al mundo, recomendamos al Altísimo con humildad que también lea las obras de José Luis Martínez Martínez, que también contienen el licor de la verdad.

                Víctor Manuel Galán Tendero.