PASCUAL CARRIÓN. LOS AÑOS DE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA: 1931-1939. POR Mª CARMEN MARTÍNEZ HERNÁNDEZ.

 

Los artículos publicados por Pascual Carrión en el periódico alicantino Las Noticias nos permiten aproximarnos a una compleja coyuntura histórica desde su perspectiva.

Una semana antes de proclamar la República, el 8 de abril de 1931, Carrión lamentaba que los comentarios y críticas de los políticos, del pueblo y de los patronos todas adolecían del defecto de ver solo las culpas ajenas y no las propias. Todos exigían soluciones, pero nadie adoptaba medidas para resolverlos. Y, sin embargo, era necesario reaccionar ante los estados de opinión que exigen responsabilidades ajenas y no se acuerdan de las culpas propias, ni pensar en la labor positiva que cada uno puede realizar. Él confiaba en la labor de los agrarios, los agricultores de la Unión Agraria Nacional:

 “Sin esperar a que cambie el régimen, sin constituciones democráticas ni efectismos parlamentarios, los agrarios, como los socialistas de la derecha y de la izquierda, vamos día por día educando a las masas y haciéndolas avanzar en el camino de su verdadera liberación. Antes de la dictadura como durante ella y después de ella, las organizaciones agrarias, de modo análogo a las obreras, van realizando la transformación social sin estridencias, sin convulsiones

El 14 de abril de 1931 se proclamaba la República. Carrión, pese a que había manifestado no ser necesario un cambio de régimen para realizar la honda reforma social y económica que necesitaba España, ante el resultado de las elecciones, acataba, con los agrarios, la decisión de la nación:

“Las personas sensatas y de buena voluntad han de preocuparse de salvar a España y para ello no deben crear dificultades al nuevo Gobierno, que tiene una misión muy arriesgada”

Carrión había sido elegido candidato a diputado a Cortes el 12 de febrero de 1931 por la Unión Agraria de Alicante. Dos meses después, Blas Infante lo requirió para formar parte de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federal Andaluza como diputado a Cortes por los regionalistas sevillanos, porque el problema de la tierra era fundamental para Andalucía y Carrión había pasado muchos años de su vida estudiando el problema agrario en Andalucía. Don Pascual no podía desairar a sus amigos andaluces y aceptó. Las razones de su opción las pondría por escrito en Las Noticias, periódico alicantino que difundía las propuestas de la Unión Agraria y que, en ausencia de Carrión, mantuvo el interés por los acontecimientos que sucedían en Andalucía en 1931.

El 22 de junio de 1931 Carrión publicó un artículo, dirigido a sus socios de la Unión Agraria, en el que exponía su criterio y actitud en la cuestión de colaborar con los andaluces, dado que su trayectoria social y económica había sido la de ir contra los vicios y privilegios de la vigente organización social. No había lugar a dudas respecto a sus ideales y aspiraciones:

"La aspiración a constituir una sociedad que tenga como base la cooperación entre todos sus elementos, que facilite la tierra y el capital a los más modestos labradores y, en general, a los trabajadores en su más amplia acepción, evitando que sean explotados, que acabe con la protección arancelaria y que haga descansar la tributación sobre las clases más pudientes, en vez de hacerlo sobre los más modestos, como ocurrió hoy con los impuestos indirectos que encarecen toda la vida nacional".

Las circunstancias de aquellos momentos le permitían acelerar el ritmo hacia sus ideales, el deseo de mejorar la clase trabajadora obligaba a realizar una transformación de la sociedad que evitase una revolución sangrienta. A todo ello se añadía la invitación expresa de sus amigos andaluces.

"Por añadidura, las entidades y amigos míos de Andalucía, con los que he convivido tantos años, me requieren para colaborar con ellos y realizar precisamente esa labor que pudiéramos llamar de encauzamiento y ejecución de la revolución, recordando los estudios que sobre el problema social agrario fundamental para la vida de aquella región he realizado, y dándome muestras de una consideración y respeto, que me obliga a no desairarles".

Carrión era un hombre moderado, mediano propietario levantino, ingeniero agrónomo, intelectual comprometido, pero en aquellos momentos él no podía consentir que lo considerasen ”un elemento de los llamados de derechas” y así se lo hizo ver a Chapaprieta. Se trató de unir su nombre a otros candidatos de la derecha liberal, pero conservando su significación social agraria, lo que le inclinaba francamente hacia la izquierda. Don Pascual prefería abstenerse de la lucha política y dedicarse a la parte técnica y social de la reforma agraria dentro de la comisión oficial de la que formaba parte,  pero consideraba que para ser más eficaz en la transformación de la agricultura española no podía rechazar la colaboración que se le ofrecía con  las izquierdas de Andalucía, y dijo “no debo desairarlas”. No por ello se iba a desentender de los problemas de la provincia de Alicante y procuraría ayudar a todos sus paisanos en la medida de lo posible. El artículo finalizaba con unas palabras que ratificaban la labor desarrollada por Carrión hasta la fecha, y anunciaban lo que seguiría haciendo el resto de su vida. En todo momento, crítico o no, mantuvo una verdadera altura de miras para construir una nueva España, pues su deber de conciencia fue seguir el camino indicado.

“Estamos en momentos verdaderamente críticos de la vida nacional y es preciso elevar la mira y construir una nueva España, en la que la justicia social y política no sean palabras vanas, y el trabajo, en su más amplio sentido, ocupen la economía patria el lugar preeminente que le corresponde. Cada cual que cumpla con su deber según su conciencia le dicte; creo que el mío estaba en seguir el camino que he indicado”.

Carrión, quiso precisar su actitud dentro de la candidatura republicana de izquierdas por escrito:

“El carácter que se le dió a la candidatura, dio motivo a que yo hiciese constar mi ideología opuesta a toda revuelta, y partidario de realizar las más hondas reforma sin convulsiones que las harían peligrar;  pero se me alegó que precisamente por ese concepto constructivo y ordenado que yo tengo de la revolución, se me requería para colaborar en esta obra, equilibrando de manera los impulsos de ciertos elementos.

Solo con estas declaraciones accedí a colocar mi nombre en la candidatura, pero manteniendo mi significación (…)

Conste, pues, que no soy extremista difuso o de galería, que conservo mi significación de antaño definida en números escritos y trabajos, sobre todo, en mi labor de toda mi vida

Con dicha significación y solo con ella ha figurado mi nombre en la candidatura revolucionaria. Queda así sentado para evitar equívocos”.

Varias décadas después, ya jubilado, le entrevistó A. López en 1973, Carrión ratificaba su postura ante la reforma agraria mantenida en los textos precedentes. Como señala J. Piqueras, Carrión fue un hombre comprometido con la República y vinculado a la UGT, pero “el ideario reformista de Carrión estaba muy lejos de las propuestas radicales preconizadas por socialistas y comunistas, partidarios desde la expropiación forzosa y la colectivización de la tierra”.

No obstante Carrión no consiguió escaño en las elecciones a Cortes constituyentes y tuvo que dar explicaciones a los agrarios alicantinos. Pese a todo, siguió publicando, sobre el problema agrario andaluz y la necesidad de tomar soluciones eficaces.

El 21 mayo de 1931, por decreto del Gobierno Provisional, Pascual Carrión entró a formar parte, como ingeniero agrónomo, de la Comisión Técnica Agraria y de la Subcomisión encargada de redactar el anteproyecto de la Ley de Reforma Agraria, para la solución del problema de los latifundios, aprobado en el Consejo de Ministros el 21 de julio de 1931. Posteriormente, el 25 de agosto de 1931 sería designado secretario de la Junta Central  de Reforma Agraria. Con tal motivo volvió a trabajar con Blas Infante, Díaz del Moral y Bernaldo de Quirós. Pero este singular ingeniero, como indica J. Piqueras, no estaba conforme con el texto definitivo aprobado y expresó sus críticas, lo que le valió ser destituido en junio de 1932, por “sus críticas a la comisión de las Cortes encargadas de dictaminar el proyecto de ley de reforma agraria que él mismo había elaborado”. Así acabó su controvertida y breve participación en la Ley de Reforma Agraria”, de la que tanto se ha publicado después.    

“Por suerte para el sector vitivinícola”, observa J. Piqueras, y tras su destitución en junio de 1932, Carrión fue destinado a puestos directamente ligados al mundo de la viña y el vino. En 1932 fue ponente de la redacción del Estatuto del Vino y de la Viña. En 1932 ostentaba la Jefatura de la Estación Agronómica de Madrid, y en ese año publica Los latifundios en España. En 1933 fue elegido vicepresidente de la Sección de ciencias Económicas del Ateneo de Madrid, a la vez que fue nombrado inspector de Mutualidades Agrícolas de Accidentes de Trabajo, en el Instituto nacional de Previsión. En enero de 1935 ganó por oposición la cátedra de Economía Política y Agraria de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid.

 En 1936 “la muerte violenta de Blas Infante” y la situación general le lleva a implicarse políticamente y aceptar la plaza de director comisario del Instituto Nacional Agronómico, debiendo trasladarse a Valencia en 1937, con el Gobierno de la República. Ese mismo año, siendo Jefe del Servicio de Enseñanza y Divulgación Agrícola, en el Instituto de Reforma Agraria, elaboró y publicó el Reglamento de las Granjas-escuelas y la Cátedra ambulante de agricultura. Era un tema sobre el que escribiría otro artículo, en el que proponía al Gobierno del Frente Popular, lo que había sido una de sus grandes preocupaciones, formar hombres capacitados para transformar el campo:

Una de las preocupaciones mayores del Gobierno del Frente Popular ha sido formar hombres capacitados para llevar a cabo la honda transformación del campo español, elevando el nivel económico, social y cultural de los campesinos. Ha considerado que no basta entregar la tierra a los que la trabajan, sino que es preciso ponerles en condiciones de obtener de ella el máximo producto con el mínimo esfuerzo.

Por ello el Ministerio de Agricultura ha instalado las granjas-escuelas y ha dado nuevo impulso a la Cátedra ambulante”.

El propio don Pascual resume su labor de aquellos años:

“Luego, durante la guerra, trasladado a valencia, ya que era director de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, volvía colaborar con el Instituto de Reforma Agraria, al frente del Servicio de Enseñanza y Divulgación creado dentro del mismo; ahí llevamos a cabo un amplia labor, dando cursillos de adiestramiento para campesinos y capataces de las colectividades, creando varias granjas-escuelas, en las que preparamos a varias promociones de agricultores para poder dirigir adecuadamente las explotaciones colectivas”.

No obstante, la actividad de Carrión fue muy moderada, sin poder evitar ser vocal de la Asociación de Relaciones Culturales con la URRS y miembro de la Casa de la Cultura Valenciana, lo que le valdría ser acusado de “comunista y masón” por miembros de la Falange Valencia  en 1939.

Fuentes.

Carrión, Pascual. “Del Panorama político. Crítica negativa y labor eficaz”, Las Noticias, 8 de abril de 1931. En portada,

Carrión, Pascual. “Ante la República. Deber de los buenos españoles”, Las Noticias, 15 de abril de 1931, en portada.

Carrión, Pascual. “Para los elementos de la Unión Agraria. Mi criterio y Actitud”, Las Noticias, 2 de junio, de 1931; en portada

Carrión, Pascual. “Unas cuartillas del señor Carrión. Defendiendo mi actitud”, Las Noticias, 3 de julio de 1931, Portada.

Bibliografía.

Basanta Fernández, Concepción. “Estudios introductorios, recopilación y edición de textos”, en Pascual Carrión Propuestas para regenerar la economía española (1913-1937) Antología de artículos, ponencias y entrevistas. Universidad de Alicante, 2017.

López Muñoz, A. “Pascual Carrión: aquella reforma agraria, una oportunidad perdida”, Triunfo, nº 466 (8 de mayo de 1971), p. 7 (Sobre la conferencia en la Casa de Velázquez).

López Muñoz, A. “Pascual Carrión: Aquella Reforma Agraria, una oportunidad perdida”, en Triunfo, nº 466, 8 mayo 1971, pp. 11-13.

Piqueras Haba, Juan. La Estación de viticultura y Enología de Requena. 1911-2011. Un siglo al servicio del sector vitivinícola, la formación de enólogos y el fomento del cooperativismo, Valencia, 2011, p. 129.