UN INSTITUTO CONSOLIDADO EN VÍSPERAS DE LA GUERRA CIVIL. POR VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO.

                El Instituto Nacional de Requena.

                El 8 de abril de 1935 se agradeció vivamente a Mariano Cuber sus gestiones a favor de la declaración de Nacional del Instituto de Requena, un Centro plenamente asentado antes del comienzo de la Guerra Civil.

                Por aquella época era uno de los contados Institutos de Bachillerato de los que disponía la provincia de Valencia. Entre sus matriculados en sus dos primeros cursos, para los que disponemos de la oportuna información, el 85% procedía de fuera de la comarca, particularmente de la extensa área de Valencia a Denia. En el curso 1934-35 se matricularon en Sexto 325 estudiantes en toda la demarcación provincial, dependiente del Rectorado de la Universidad, distribuyéndose entre los 197 del Instituto Luis Vives de Valencia, los 63 del Blasco Ibáñez también de Valencia, los 26 del de Gandía, los 16 del de Requena, los 15 del de Játiva y los 8 del de Alcira.

                La apertura del Blasco Ibáñez mermó la matrícula del Instituto de Requena, que pasó de 902 a 388 del curso 1933-34 al 1934-35. La reducción fue especialmente sensible en la matrícula libre, con un descenso de 781 a 277 estudiantes. Sin embargo, en el curso 1935-36 la matrícula global creció a 408 alumnos, de los que 151 eran de régimen oficial, cuarenta más que los del curso anterior. La declaración de Nacional le había granjeado mayores preferencias de la sociedad comarcal. El Instituto acogió a personas de variada procedencia e intereses, como Océano Altolaguirre Aja, alumno del curso 1932-33, que pidió en 1935 la exención de los derechos diferenciales de las asignaturas conmutadas de la Academia Militar de Infantería de Toledo.

                La cuestión no era nada baladí, pues desde el Rectorado se había denunciado a 21 de mayo de aquel año el incumplimiento en algunos Centros de las órdenes sobre matriculación de asignaturas incompatibles, de la admisión a los exámenes de alumnos en tales circunstancias, del ordenado traslado de matrícula, y del depósito correspondiente de título. La burocracia educativa, en sus distintos procedimientos, se iba consolidando en la España de la época, lo que permite a la historiografía disponer de importantes fuentes documentales.

                Sus directrices sociales.

                Desde su fundación, el Instituto de Requena se había preocupado de dotar de ayudas económicas en diverso grado a estudiantes con aptitudes carentes de los medios familiares oportunos, por lo que actuó como un verdadero agente de promoción social, y como alentador de procesos de mesocratización. 

                Aunque el tema de las matrículas libres se gestionaba desde la Secretaría del Instituto, a instancias del Claustro (y no procedentes de familiares desde el 12 de junio de 1935), en ocasiones se recibieron ofrecimientos externos nada menospreciables. El 29 de septiembre de aquel mismo año, el abogado y alcalde liberal de Valencia en 1910-11 Ernesto Ibáñez Rizo, en nombre del Partido Republicano Liberal Demócrata de Valencia (de tendencia centrista, y continuador del Partido Reformista de Melquiades Álvarez fundado en 1912), ofreció costear tres títulos de bachilleratos a alumnos del Instituto. Al final, los agraciados fueron María Company Soler y Antonio Cámara Fernández, pues el tercer puesto quedó desierto.

                Desde las altas instancias, presionadas por la delicada situación financiera coetánea, no siempre se aprobó la generosidad de los Centros. Desde el Rectorado se había sostenido el 4 de junio del 35 que algunos de sus Claustros (sin citar los casos concretos) habían prodigado dinero a gentes sin preparación y sin la debida acreditación documental, aunque se sostenía a la par que en toda España todavía permanecían vacantes cuarenta y ocho becas.

                La crisis del trabajo (el problema del paro) golpeaba a España, y algunos Institutos incluyeron en sus nóminas personal temporero, algo que fue atacado por el Ministerio de Hacienda desde el 28 de agosto de 1935, que también exigió las justificaciones de antigüedad por los ascensos reglamentarios.

                Un centro técnicamente innovador.

                Entre el 12 de julio de 1934 y el 15 de junio de 1935 los ingresos percibidos directamente por el Centro descendieron de las 61.232 pesetas a las 13.793 en términos redondos como consecuencia del citado descenso de la matrícula. Ello no impidió que se prosiguiera acometiendo la renovación de los medios de trabajo de oficina, cuando la mecanografía se imponía en la administración pública española. Se destinó la nada menospreciable suma de 360 pesetas para adquirir en el 35 una máquina Hispano-Olivetti, cuyo agente en Requena era entonces Gráficas Molina.

                Además de emplear las líneas telegráficas, ya se hizo uso de las telefónicas para agilizar las comunicaciones, cuyo coste no era ciertamente pequeño para la época. En mayo de 1935 las dos llamadas por teléfono a Madrid costaron 9´45 pesetas, las dos a Valencia 5, otras dos a Utiel 1´10, una a Teruel 2´95 y otra a Albacete 1´50. En las transacciones con el Ministerio se recurrió a los servicios del Banco de Vizcaya especialmente.

                El Instituto de Material Científico actuó a modo de un verdadero centro de recursos didácticos de Institutos como el de Requena, una vez percibidas las correspondientes ayudas semestrales. A 28 de octubre de 1935 el Departamento de Matemáticas recibió una cuantía de 306 pesetas, el de Física y Química (que impartía la asignatura de Agricultura, con diecinueve alumnos oficiales entonces) otras 300, el de Geografía e Historia 275 para diapositivas, y 200 con destino a la consecución de láminas de historia natural.

                Las excursiones, dentro del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, prosiguieron, y el 12 de diciembre de 1935 se celebró el buen resultado de la de Sagunto, lugar de fuertes resonancias históricas y artísticas.

                Las actividades de los alumnos.

                El bachillerato, en sus distintas etapas, ha sido el puente entre la formación primaria, la de las primeras letras y nociones básicas, y la universitaria en sus diferentes variables. Junto a las actividades propiamente académicas, asociadas a las asignaturas, se desarrollaron otras de tipo social, que en ciertos sistemas educativos avanzados son conceptuadas de gran importancia para valorar la trayectoria estudiantil a la hora de acceder a la Universidad. Hoy en día se he hecho insistencia en la capacidad para emprender iniciativas, desde muchos ángulos, de los estudiantes, lo que los predispone y faculta para asumir responsabilidades sociales.

                En el Instituto de Requena, las tradicionales fiestas de Santo Tomás cada 7 de marzo sirvieron a tales fines notablemente. De hecho, las fiestas de estudiantes, en los que por un día rompen los comportamientos habituales, son muy antiguas, y algunos estudiosos ya nos dan noticia de tales en la Babilonia del segundo milenio antes de nuestra Era, cuando los muchachos que se preparaban para el sacerdocio del dios Marduk se tomaban ciertas licencias, incluso con sus severos preceptores. En el fondo, no se trataba de conculcar el orden educativo, sino de acomodarlo circunstancialmente a los impulsos juveniles, más o menos refrenados. Tal costumbre pasó a otras civilizaciones, como la nuestra, que la acomodaron a sus cánones culturales más específicos.

                En las fiestas de Santo Tomás del Instituto de Requena se procuró responsabilizar y hacer que los alumnos organizaran actividades como el baile y la función teatral, cooperando cada uno según su edad, bajo la supervisión de un docente. Los más pequeños vendían entradas, y los más veteranos representaban la función, cuya recaudación no nos consta que para aquel tiempo se dedicara al viaje de fin de estudios de cursos posteriores.

                En las fiestas de Santo Tomás de 1935, iniciadas desde el primer curso del Instituto, las cosas fueron bastante bien, ya que se recaudaron las nada menospreciables 409´80 pesetas, con la que se pagó el alquiler del Teatro, las flores y otros elementos ornamentales, y la retribución a los bedeles. Como los dispendios ascendieron a 216´80 pesetas, los estudiantes gozaron de un buen beneficio aquel año, merecida recompensa a sus esfuerzos.

                Las buenas relaciones con el Ayuntamiento.

                Acondicionar las instalaciones del Instituto, alojado en aquel tiempo en las dependencias del antiguo convento del Carmen, no fue tarea fácil. Solo una simple reparación de cristales y bancos costó 195´50 pesetas, y 110 la de estufas, a cargo del Taller de José Corell (sito en la calle de San Agustín). Otra entidad local que participó en el mantenimiento del Instituto fue la Fábrica de Muebles de Manuel Gómez. Al fin y al cabo se amplió el armario de la Biblioteca y se construyó otro para la clase de matemáticas. La Comisión de Obras del Centro estuvo compuesta por los profesores Almeida, Pérez y Chousa.

                Durante esta época se expresó el agradecimiento al alcalde-presidente José Berzal y al concejal Juan García por el apoyo municipal a las obras del Instituto. No obstante, al ser declarado Nacional, el Ayuntamiento retiró la retribución de los bedeles a partir del 1 de enero de 1936. Al encargarse de tal función el Ministerio, se publicó en la Gaceta de Madrid, el BOE de entonces, la disposición de tres plazas de bedeles en el Centro. Las buenas relaciones, por ende, no se enturbiaron, y un representante del Claustro actuó como juez de las oposiciones municipales de noviembre del 35.

                Los condicionantes políticos.

                Por desgracia, las buenas relaciones no presidían a nivel general la vida de los españoles, en vísperas de una devastadora guerra civil. El Instituto de Requena no fue un oasis ajeno a los problemas del país, pero sí un espacio de cultura que desempeñó un actividad educativa apreciable.

                La Revolución de 1934, especialmente significativa en Asturias y Cataluña, agrió considerablemente la vida pública española, y desde el Rectorado se pidió al Instituto dinero y libros para la reconstrucción del distrito de Oviedo. Cualquier negativa o incluso falta de atención hubiera sido considerada una grave falta por parte de las autoridades, cuando la CEDA había accedido finalmente al poder. El 9 de febrero de 1935 se contabilizaron 22 pesetas de donativo de los estudiantes de Primero, 21 de los de Segundo, 19 de los de Tercero, 15 de los de Cuarto, 5´75 de los de Quinto y 8 de los de Sexto. Los profesores aportaron 35 (a razón de 5 pesetas cada uno), y los docentes ayudantes numerarios 6, a 3 por persona. No obstante, el 3 de junio se volvió a insistir en la contribución.

                Meses más tarde, cuando las clases del curso 1935-36 ya habían finalizado, se exigirían otros sacrificios de la comunidad educativa del Instituto de Requena, ya en tiempos de guerra.

                Fuentes.

                ARCHIVO HISTÓRICO IES UNO DE REQUENA.    

                Carpeta de entradas de 1935-42.

                Carpeta de salidas de 1935-42.

                Libro de actas de las sesiones celebradas por el claustro de profesores desde el 22 de octubre de 1928 al 21 de septiembre de 1950.

                Libro de actas de la Junta Económica del 29 de noviembre de 1928 al 12 de enero de 1937.

                Capítulo anterior.

https://cronicas-historicas-de-requena.webnode.es/news/el-instituto-de-requena-consigue-la-categoria-de-nacional-por-victor-manuel-galan-tendero/

                Imagen de las fiestas de Santo Tomás de 1961, que nos ofrece una magnífica muestra del ambiente juvenil del Instituto (fotografía procedente del Fondo Marcial García Cañabate, por cortesía de Marcial García Ballesteros).