VOCES JÓVENES CONTRA LA DESPOBLACIÓN (II). UTIEL Y LA ESPAÑA VACÍA: TRES FORMAS DE CONSTRUIR LA REALIDAD. POR CARLOS J. GÓMEZ SÁNCHEZ.

 

La España Vacía y en concreto la Serranía Celtibérica, el mayor desierto demográfico de Europa, es el fruto de una construcción social que denostaba el Medio Rural y sobre el cual se ha educado ya a varias generaciones de ciudadanos, tanto en la ciudad como en el pueblo. Por tal razón, para dar soluciones reales a la despoblación es imprescindible entender los principios ideológicos que de manera inconsciente han concebido la sociedad, el espacio, la política y la economía de todo un país, la cual pocos criticaron hasta la actualidad. Para ello, podemos analizar el caso de Utiel, como una síntesis parcial del complejo proceso de despoblación que sufre España. Ante lo cual es necesario entender las tres maneras con las que se ha enfocado el fenómeno: la de los pueblos de su hinterland, la de los propios utielanos y la del urbanita ajeno a la realidad del medio rural.

Para los pueblos y aldeas, que han pertenecido históricamente al área de dependencia económica de Utiel, la población sigue siendo una gran ciudad. Pues en comparación con el tamaño, los servicios y el dinamismo de su entorno, azotados por una despoblación extrema, una ciudad pequeña como puede ser Utiel se transforma en un gigante. De este modo, la Meseta de Utiel-Requena, Las Manchuelas, la Serranía Baja de Cuenca y Los Serranos sufren una sangría demográfica desde los años 60, incluido los pueblos más grandes como Landete, Chelva, Iniesta, Mira o Camporrobles, los pueblos pequeños como Benagéber, San Cruz de Moya, Graja de Iniesta, Cardenete o Villargordo, y aldeas tales como Jaraguas, La Torre, Villar de Tejas Casillas de Ranera, Estenas o Calderón. Frente a todos ellos, Utiel mantiene una población estable entorno a los 12.000 habitantes. Aunque esta será azotada igualmente por el éxodo a la ciudad, pero compensada parcialmente por el gran aporte demográfico de estos pueblos menores de su área, pues de manera escalonada emigraron muchas familias atraídas por su fama y la mejor situación en comparación a sus lugares de origen. Para la gente de los pueblos que siempre fueron y siguen yendo a comprar a Utiel, quizás ya no es la gran ciudad que recordaban de pequeños, sus padres y antes sus abuelos, pero sigue siendo aún su centro comercial más cercano y con un tamaño considerable.

Sin embargo, los propios utielanos conciben su pueblo como un sujeto decadente, una versión triste, pequeña y aburrida de aquello en lo que les gustaría vivir: la ciudad. Alcanzando un estado melancólico al recordar el gran esplendor de principios del siglo XX, ya perdido ante los malogrados intentos por reconvertir económicamente su sector agrícola, industrial y terciario tradicional, y apuñadado por la espalda gracias a algunas políticas demotanásicas del Estado Central y Autonómico que marginó una ciudad que había competido 50 años antes con capitales de provincia. Obsesionados excesivamente en compararse con las grandes ciudades, básicamente con Valencia, no son capaces de comprender su enorme suerte teniendo en cuenta la extremada crisis de los pueblos en la cual se encuentran inmersos. Ante esta ceguera, tienen una visión aislacionista y pesimista, concibiendo a Utiel como una población en franca decadencia al ver que son incapaces de competir o igualar a la gran ciudad.

Para el urbanita, por último, el pueblo es el retraso, todo aquello que no es la ciudad (rica, ociosa, cosmopolita, divertida, etc.). Una percepción que roza en algunos casos el racismo, y que no es ajena a Utiel ni a su área de influencia. Volcada por una incuestionable tendencia geográfica a Valencia, desde ella se nos ha negado la valencianidad, sin olvidar su origen conquense e incluyéndolos a ellos con los mismos tópicos sesgados y peyorativos. Aún hoy, en pleno siglo XXI, un servidor y muchos amigos de la Comarca y La Manchuela Conquense hemos tenido que soportar comentarios con un arrogante deje de superioridad y con una obsesión inexplicable a vincularnos con las cabras, animal poco habitual con el cual aflora su incompleta ignorancia sobre ese territorio que aborrecen. De este modo, con una visión parcial, subjetiva, irreal y extremadamente egocéntrica, desde la ciudad se gestiona los servicios públicos y administrativos de los pueblos, demostrando una eficaz inoperancia en la Comunidad Valenciana, con una concepción prácticamente costera de lo que es el territorio valenciano. Y esta visión la podemos ver cada día: ¿por qué desde Valencia se ha intentado disolver la D.O.P Utiel-Requena para llevarla a la capital?, ¿por qué desde los centros universitarios de Valencia se pone puntapiés constantes a los posibles servicios científicos que se puedan hacer desde la Estación de Enología de Requena?, ¿por qué desde Valencia se quiere cerrar el Conservatorio de Utiel alegando que da servicio a un gran número de músicos procedentes de Cuenca?, etc. Además, muy influenciado por esta concepción del medio rural, las nuevas generaciones del pueblo optan por aceptar la vida urbana y abandonar su lugar de origen, ya no solo por motivos económicos, sino por presión de una convención social que solo sabe denostar el Mundo Rural.

 

Áreas españolas escasamente pobladas de España (SESPAs): 1. Serranía Celtibérica, 2. Franja con Portugal, 3. Serranía Bética, 4. Serranía Central, 5. Tierras del Ebro, 6. Serranía Cantábrica,        7. Tierras del Ebro, 8. Pirineos, 9. Serranía Levantina, 10. Sierra Morena y Submeseta.

Estas tres visiones son muy interesantes, porque por un lado vemos a Utiel como parte del progreso, a los que ven una decadencia inexorable y a los que entienden la población, junto a todo el Medio Rural, casi como el “Tercer Mundo”. Son estas las formas de analizar a Utiel, pero con algunos matices se puede aplicar prácticamente a todas las pequeñas y medianas ciudades de la España Vacía: Teruel, Cuenca, Soria, Calatayud, Requena, etc. Lugares cuya situación no es peor que a la de los pueblos pequeños de los dos desiertos demográficos y las ocho zonas de baja densidad demográfica, donde la despoblación ya ha sentenciado a muerte muchos lugares. Ahora, estas ciudades, que hasta el momento habían visto la agonía de su alrededor desde la barrera, pero sin afectarles ni actuar, ven como el problema les alcanza. Y aunque quizás aún estén lejos de morir, comprenden que los siguientes serán ellos ante el desinterés de las zonas urbanas, recordando su actitud con los más pequeños desde hace décadas.   

La concepción mental apreciada, donde se encuentra el trasfondo del reto demográfico que supone la despoblación, es una de las raíces que debemos arrancar para dar solución. Quizás la más complicada, pero a la vez la más ambiciosa, pues a diferencia de las fundamentales medidas políticas y económicas, requieren de revertir una tendencia de pensamiento que se encuentra mucho tiempo instalada en la inconsciencia colectiva. Es decir, una de las medidas apremiantes es educar para desmentir algunos tópicos que hacen imposible vivir en las zonas rurales.

                        

Es fundamental hacer ver de manera intergeneracional, y ante todo a las más jóvenes, tanto del pueblo como de la ciudad, que el campo no debe estar sujeto exclusivamente a la agricultura y la ganadería. La industria, los servicios, el I+D+i no son monopolio exclusivo de la ciudad y sus periferias. Que la educación y la preparación de la juventud no debe estar enfocada a crear profesionales de alta cualificación que necesariamente deban emigrar a las ciudades o al extranjero. Es necesario atajar la fuga de cerebros, pues retroalimenta la falta de dinamismo y desacredita la concepción errónea de “fracaso” que asume en la sociedad aquel que no sé va.  Que no deben solo visibilizarse las desventajas de las zonas rurales y los atractivos de lo urbano, o acaso ¿prefieres perder calidad de vida por culpa de la polución? Las ciudades cuentan con grandes desventajas y el campo con grandes fortalezas, si reducimos la desigualdad entre ambas mejorará la calidad de vida de la ciudadanía en ambos lugares. Y así un largo número de mitos, leyendas o falsas percepciones que en solitario pueden considerarse trivialidades, pero que en su conjunto ayuda a entender la situación actual, siendo fundamental combatirlas para el beneficio de todos.

No obstante, me gustaría finalizar con un caso concreto, un problema específico de Utiel, aunque no exclusivo únicamente de esta población, que durante muchos años socavó la identidad local y agudizó el estado depresivo de su sociedad, me refiero al tópico: “En Utiel no hay nada que ver…”. Aunque puede que sea insignificante o no afecte a la evolución demográfica de la ciudad, esta idea que desde los años 60 fue introduciéndose poco a poco en la mentalidad de la sociedad utielana, supuso un claro desinterés desde las instituciones públicas y la misma sociedad civil por las muestras de identidad como ciudad y sus singularidades a tener en cuenta: sus tradiciones, sus fiestas, su historia, su patrimonio, etc. Fue tal la desidia, que durante tres décadas seguidas se sufrió un retroceso brutal en lo que respecta a la conservación de patrimonio material (conjunto histórico-artístico del Casco Antiguo, la muralla, bodegas subterráneas e industriales, etc.) e inmaterial (elaboración de vinos y cavas, fiestas históricas como los “moros y cristianos”, “los mayos” o “los judas”, tradición turronera, gastronomía, danzas y folclore popular, etc.). Lo cual conllevó a generar un verdadero vacío en la construcción de un producto turismo atractivo, no por falta del recurso, sino por pura ignorancia y desconocimiento del valor de los mismos. Esto evolucionó a un desarraigo cultural profundo de varias generaciones y un inmovilismo en el ámbito turístico que iba a contracorriente en todo el país. Debido a ello, entre la sociedad de fuera de Utiel y entre los propios utielanos se comenzó a pensar en el poco atractivo de la ciudad, perdiendo fama mientras otros lugares con recursos similares cobraban protagonismo incluso a nivel internacional.

Una situación tan traumática y vergonzosa que desató tras la crisis económica de 2008 un movimiento cívico contrario a esta visión de Utiel, en buena parte basada en un desconocimiento del propio pueblo. Para 2014, esta revolución desembocó en el evento festivo y turístico “Utiel, 250 años a la luz de las velas”, que destrozó esta mentalidad demostrando el potencial que podía tener el patrimonio, la gastronomía y la naturaleza de Utiel y su Tierra como atractivo turístico. Desde entonces, ha habido un cambio de rumbo sin parangón, se han inaugurado la Casa Alamanzón-Museo Municipal, las Bodegas Subterráneas de Puerta Nueva, el túnel medieval de Ariño y están en proceso la recuperación de la Iglesia de la Asunción y el Casco Antiguo, uno de los refugios de la Guerra Civil Española y varias cuevas-bodegas. Se han creado plataformas cívicas para promocionar hechos históricos como “Utiel a la luz de las velas” o la Asociación histórico-cultural Héroes del Tollo. Agrupaciones como la Asociación Cultural Serratilla, volcadas en la defensa del patrimonio y la necesidad de transformarlo en un recurso económico que genere repercusiones beneficiosas en el desarrollo de la ciudad. Todas estas acciones acaecidas en escasos cuatro años han refundado la forma de entender la identidad utielana, de su apego a lo que ha sido y comprender que no somos menos que nadie. La sociedad utielana ha abierto los ojos a su realidad y se está adaptando para sobrevivir. La involucración de los más jóvenes para que comprendan a donde pertenecen, que se sientan orgulloso de su tierra para evitar su desapego y así combatir el avance de la despoblación. El cambio debe generalizarse más allá de Utiel, porque seguimos siendo un caso aislado que lucha contracorriente. A día de hoy somos una gota de agua, una simple gota que debemos convertir en un caudaloso río, un río del  que nacerá la esperanza para que muchos podamos afirmar sin miedo que nos SENTIMOS ORGULLOSOS DE PERTENECER A UTIEL Y A LA ESPAÑA VACÍA.